Además fueron examinados por un médico, incluyendo la presión arterial, la prueba de la diabetes, así como mediciones de grasa central del cuerpo (cintura, caderas y relación cintura-cadera) y la obesidad general (peso y altura a fin de averiguar el índice de masa corporal o IMC). De esta forma el presente estudio ha llegado a la conclusión de que más de la mitad de ellos (62%) está expuesto diariamente a un ruido de tráfico urbano de al menos 45 decibelios, mientras que uno de cada 20 se expone a niveles parecidos de ruido ferroviario. Otros, en cambio, 1108 personas, se exponen al exceso de ruido de aviones. En total, algo más del 50% se somete regularmente a una fuente de contaminación acústica; un 15% a dos fuentes; y un 2% a las tres fuentes. Y solo un 30% sufre niveles inferiores a 45 decibelios, lo que no se considera perjudicial.Los resultados no han indicado relación alguna entre el ruido de los coches y el IMC. Pero existe una asociación entre la contaminación acústica por carretera y el perímetro de la cintura, con un aumento de 0,21 cm por cada incremento adicional de 5 decibelios en la exposición, aunque esto solo es significativo entre las mujeres. Del igual forma, hay una relación de la dimensión cintura-cadera, con un cambio de 0,16 por cada incremento de 5 decibelios en la exposición al ruido del tráfico rodado; una relación que es más representativa en los hombres.
En definitiva, el perímetro abdominal más amplio se ha asociado significativamente con la exposición a cualquiera de las tres fuentes de ruido, aunque es más fuerte para el ruido de los aviones; mientras que una ratio cintura-cadera mayor se ha vinculado con el tráfico por carretera y el ruido de aeronaves. Además parece existir un efecto acumulativo, es decir, que a mayor número de fuentes expuestas, mayor parece ser el riesgo de gordura abdominal. De tal forma que un mayor riesgo de poseer una cintura más amplia pasa del 25% entre las personas expuestas a una fuente a casi el doble en las expuestas a las tres fuentes. Los resultados no se han visto modificados por circunstancias socioeconómicas, el modo de vida o la cercanía a la contaminación atmosférica de las vías locales. La edad es un factor influyente.Sin embargo, y pese a todos estos datos, se trata de un estudio observacional por lo que no se pueden sacar conclusiones definitivas sobre causa-efecto. Además, los investigadores no han conseguido analizar los niveles de aislamiento acústico residencial o la ubicación de los dormitorios de los voluntarios. Pero, eso sí, la contaminación acústica de cualquiera de las tres fuentes puede afectar a las funciones metabólicas, así como cardiovasculares, mediante la alteración del sueño, la modificación del control del apetito y el gasto energético, han apuntado.Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
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