La subida de las pensiones del 2,7% revela los límites de una economía tensionada por la inflación

En 2026, los pensionistas respirarán un poco más tranquilos, salvo que esa subida pequeña venga acompañada de un incremento del IRPF, porque la Hacienda de María Jesús Montero no perdona ni un céntimo de euro

28 de Noviembre de 2025
Actualizado a las 10:34h
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Pensiones Personas mayores

Las cifras adquieren un significado que va más allá de lo aritmético, sobre todo en tiempos de incertidumbre económica. El 2,7 %, la subida prevista para las pensiones contributivas en 2026, es una de esas cifras. Parece modesta, casi técnica, pero en realidad contiene un retrato del rumbo económico del país: inflación aún terca y un pacto intergeneracional que España continúa ajustando sobre la marcha.

La revalorización es el resultado automático del mecanismo aprobado en 2021: las pensiones suben en función de la inflación media de los doce meses previos a noviembre. Este año, esa media quedó en el 2,66 %, lo que permite adelantar la cifra de una actualización que se confirmará oficialmente el 12 de diciembre. La ministra Elma Saiz presentó el dato como prueba de un compromiso gubernamental: “los pensionistas tienen garantizado el poder adquisitivo”.

Pero las cifras, nuevamente, dicen más. Las pensiones mínimas y no contributivas deberán subir incluso más que ese 2,7 %, como fijó la reforma. 

Aumento pequeño para un colectivo enorme

Para poner el nuevo reajuste en perspectiva: un pensionista que recibe la pensión media de jubilación, 1.511,5 euros al mes, pasará a cobrar unos 1.552,3 euros mensuales en 2026.

Es un aumento de 40,8 euros al mes; suficiente para evitar la erosión del poder de compra, insuficiente para cambiar trayectorias vitales. La revalorización beneficia a 9,4 millones de personas

Inflación indomable

La clave de todo este mecanismo es la inflación. El índice de precios adelantado de noviembre se situó en el 3%, una décima menos que el mes anterior. Tras cinco meses consecutivos de subida la cifra ofrece un respiro tenue. La moderación se debe en parte a la electricidad, que este año cayó frente al repunte de noviembre de 2024.

Sin embargo, otros componentes avanzan en dirección contraria. Los alimentos y bebidas no alcohólicas encadenan subidas, y el ocio y la cultura registran descensos más suaves que los del año pasado. La inflación subyacente sube hasta el 2,6%, su nivel más alto desde finales de 2024.

Europa, por su parte, se mueve en cifras similares: el índice armonizado (IPCA) español se sitúa en el 3,1%, apenas una décima menos que el mes anterior. El continente ha dejado atrás la carrera desbocada de precios de 2022 y 2023, pero la estabilidad aún parece un objetivo más que una condición.

Más preguntas que certezas

El INE publicará el dato definitivo de la inflación el 12 de diciembre. Llegará acompañado de una certeza: la economía española sigue navegando aguas donde la tormenta ya pasó, pero el oleaje persiste. La subida del 2,7% en las pensiones es, en el fondo, un indicador más del desafío estructural de mantener un contrato social generoso en un contexto económico que exige cada vez más prudencia.

En 2026, los pensionistas respirarán un poco más tranquilos, salvo que esa subida pequeña venga acompañada de un incremento del IRPF, porque la Hacienda de María Jesús Montero no perdona ni un céntimo de euro, aunque sea a costa de los más vulnerables mientras los poderosos continúan con la impunidad a la hora de evadir impuestos. 

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