La vivienda se modera hasta subir un 12,2%

El precio reduce siete décimas su crecimiento interanual, pero acumula otro 7% en seis meses y la vivienda usada se encarece un 12,9%. Galicia supera la media nacional y alcanza una subida del 13,7% en segunda mano

08 de Septiembre de 2026
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La vivienda se modera hasta subir solo un 12,2%

La estadística permite a veces construir titulares técnicamente impecables que, leídos sin demasiado detenimiento, cuentan una historia bastante distinta de la que viven quienes intentan comprar una casa. El precio de la vivienda ha moderado su subida en España durante el segundo trimestre de 2026, según el Instituto Nacional de Estadística, aunque esa moderación consiste en pasar de crecer un 12,9% interanual a hacerlo un 12,2%.

Para quien esté ahorrando una entrada, buscando una hipoteca o comprobando cómo el piso que podía permitirse hace unos meses vuelve a alejarse de su presupuesto, la buena noticia consiste, por tanto, en que la vivienda continúa encareciéndose a dos dígitos, pero siete décimas más despacio.

Los datos del Índice de Precios de Vivienda dibujan un mercado que difícilmente puede calificarse de tranquilo. Entre abril y junio los precios aumentaron otro 3,4% respecto al trimestre anterior y acumulan un 7% solamente durante la primera mitad de 2026. La subida se extiende además por prácticamente todo el territorio, con incrementos interanuales de dos dígitos en todas las comunidades y ciudades autónomas salvo Navarra, donde el 9,5% permite disfrutar del dudoso privilegio de quedarse a medio punto de entrar en el club.

La fotografía territorial desmonta también la idea de que el problema pueda explicarse únicamente por Madrid, Barcelona, las islas o los grandes destinos turísticos. Ceuta encabeza el incremento con un 15,2%, seguida de Asturias con un 15%, Castilla y León con un 14,8% y Aragón con un 14,6%. Cataluña, con un 10,1%, se encuentra precisamente entre los territorios donde menos aumentaron los precios.

La vivienda cara ha dejado de ser una anomalía localizada en determinados mercados para convertirse en un problema de extensión nacional.

La segunda mano se lleva la peor parte

La diferencia entre vivienda nueva y usada proporciona probablemente la pista más interesante del dato conocido esta semana. La obra nueva se encareció un 7,4% respecto al mismo trimestre de 2025, después de moderar su crecimiento en 1,7 puntos, mientras la segunda mano aumentó un 12,9%.

La distancia se amplía al observar únicamente lo sucedido entre abril y junio. La vivienda nueva subió un 1%, pero la usada avanzó un 3,7%, su mayor incremento trimestral en un año.

No se trata de una distinción menor. La vivienda de segunda mano constituye la puerta de entrada a la propiedad para una enorme cantidad de hogares que no pueden competir por promociones nuevas, especialmente en las grandes ciudades y áreas metropolitanas donde el precio de la obra nueva se encuentra fuera del alcance de buena parte de las rentas medias.

El mercado está trasladando así una presión cada vez mayor precisamente hacia el segmento al que acuden quienes buscan una alternativa supuestamente más asequible. Cuando la vivienda nueva escasea o resulta demasiado cara, la demanda se desplaza hacia el parque existente y termina empujando también sus precios.

La moderación de la obra nueva tampoco debería confundirse con un abaratamiento. Un crecimiento anual del 7,4% sigue significando que comprar una vivienda recién construida cuesta considerablemente más que un año atrás, aunque la velocidad del encarecimiento haya disminuido.

Ese matiz entre bajar y subir más despacio se ha convertido en uno de los grandes clásicos del mercado inmobiliario español.

Galicia tampoco encuentra refugio

Los datos gallegos eliminan cualquier tentación de contemplar el problema desde la distancia. El precio de la vivienda aumentó un 12,9% interanual en Galicia, siete décimas por encima del conjunto de España, y avanzó un 4,2% únicamente durante el segundo trimestre. En los seis primeros meses del año, el incremento acumulado alcanza el 7,3%.

También aquí la segunda mano soporta la mayor presión. Su precio aumentó un 13,7% respecto al segundo trimestre de 2025, frente al 7,7% de la vivienda nueva. Durante la primera mitad del año, la usada acumula un encarecimiento del 7,9%.

La situación resulta especialmente significativa en una comunidad donde el debate sobre la vivienda ha estado durante mucho tiempo asociado principalmente a Vigo, A Coruña, Santiago y determinadas zonas costeras. Los datos muestran un problema bastante más amplio, aunque las estadísticas autonómicas oculten inevitablemente diferencias enormes entre municipios.

La paradoja gallega añade además otro elemento conocido. En numerosos territorios existen viviendas vacías mientras escasea la oferta disponible para residencia habitual, porque una vivienda existente no equivale necesariamente a una vivienda incorporada al mercado residencial, ni se encuentra siempre donde están el empleo y la demanda.

Los precios corren aunque el crédito empiece a frenar

La evolución resulta todavía más llamativa al cruzarla con los últimos datos del Banco de España. Las entidades financieras endurecieron durante el segundo trimestre las condiciones de concesión de crédito y la demanda de préstamos para adquisición de vivienda disminuyó.

En circunstancias normales, un enfriamiento de la financiación debería contribuir a reducir la presión compradora. Sin embargo, los precios aumentaron un 3,4% durante ese mismo trimestre y la segunda mano avanzó un 3,7%.

La aparente contradicción apunta al problema estructural que lleva tiempo condicionando el mercado español. No hace falta que la demanda crezca indefinidamente cuando la oferta disponible resulta insuficiente para absorberla, especialmente en los territorios donde se concentra la creación de empleo, la población, el turismo o la inversión.

La vivienda tiene además una característica que la separa de casi cualquier otro bien. Construir más requiere suelo disponible, planeamiento, licencias, financiación y varios años, mientras las necesidades residenciales pueden cambiar mucho más deprisa. La oferta responde con lentitud y el precio hace el ajuste que las viviendas inexistentes no pueden hacer.

El resultado termina siendo especialmente perverso para quienes llegan por primera vez al mercado. El propietario que vende puede beneficiarse de la revalorización de su vivienda y utilizar ese capital para adquirir otra, mientras quien intenta comprar sin patrimonio inmobiliario previo necesita que sus ahorros y sus ingresos persigan precios que llevan años alejándose.

Siete décimas no solucionan una crisis

La reducción desde el 12,9% hasta el 12,2% puede constituir una señal de cierta desaceleración y sería absurdo negar el dato simplemente porque resulte insuficiente. La vivienda nueva ofrece además una moderación bastante más clara y su crecimiento anual del 7,4% es sensiblemente inferior al registrado en trimestres anteriores.

Pero convertir esa evolución en un indicio de normalización exige bastante imaginación. Los precios han aumentado un 7% en medio año, la segunda mano continúa creciendo cerca del 13%, prácticamente todo el país registra incrementos de dos dígitos y territorios que hasta hace pocos años permanecían relativamente alejados de las mayores tensiones inmobiliarias presentan subidas superiores al 14%.

Mientras tanto, el debate político continúa repartido entre construir más vivienda, movilizar el parque vacío, intervenir los alquileres, liberar suelo, aumentar la vivienda protegida, ofrecer incentivos fiscales o culpar al adversario de haber elegido exactamente la receta equivocada.

Probablemente ninguna medida aislada vaya a resolver un problema que combina falta de oferta en determinados lugares, décadas de escasa vivienda pública, lentitud urbanística, concentración de la demanda, inversión y profundas diferencias territoriales. Lo que los datos empiezan a hacer mucho más difícil es sostener que basta con esperar a que el mercado encuentre tranquilamente su equilibrio.

El mercado está encontrando su propio equilibrio y, por el momento, consiste en que una parte creciente de la población no pueda pagar el precio que exige.

Por eso la palabra moderación necesita cierta prudencia. Estadísticamente es correcta porque el crecimiento ha perdido siete décimas, pero para una familia que buscaba una vivienda de segunda mano hace un año y descubre que cuesta un 12,9% más, la diferencia semántica entre acelerarse y moderarse probablemente tenga una utilidad bastante limitada.

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