Madrid, atrapada en el empleo precario

El paro sube con fuerza en enero y deja al descubierto un modelo económico agotado

03 de Febrero de 2026
Actualizado a las 12:15h
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UGT Madrid alerta: baja el paro, pero la Comunidad avanza a la mitad de velocidad que España
Isabel Vilabella Tellado, secretaria de Formación, Empleo y Memoria Democrática de UGT Madrid, foto Agustín Millán

La Comunidad de Madrid arranca 2026 con una señal de alarma clara en el mercado de trabajo. Los datos del paro registrado de enero no solo confirman un aumento significativo del desempleo, sino que vuelven a evidenciar las debilidades estructurales de la economía madrileña: una dependencia excesiva del sector servicios, una elevada precariedad laboral y un impacto especialmente duro sobre las mujeres. Las cifras son el punto de partida; la explicación, la clave para entender por qué Madrid necesita, con urgencia, un cambio de rumbo.

Las cifras del paro: una subida que no es coyuntural

En enero de 2026, la Comunidad de Madrid se sitúa como la segunda autonomía en la que más aumenta el paro registrado, solo por detrás de Andalucía. Este dato, por sí solo, ya resulta preocupante, pero adquiere mayor relevancia cuando se analiza su composición interna.

El sector servicios concentra el 80 % del total del desempleo en Madrid. No se trata de una casualidad ni de un fenómeno puntual asociado únicamente al mes de enero. Es la consecuencia directa de un modelo productivo desequilibrado, sostenido en actividades con un alto componente estacional y con condiciones laborales marcadas por la temporalidad, la parcialidad y los bajos salarios.

El impacto del fin de la campaña navideña se deja sentir con especial crudeza en hostelería y comercio, dos ramas fundamentales del sector servicios madrileño. Como resultado, el paro aumenta de forma desproporcionada entre las mujeres: tres de cada cuatro nuevas personas desempleadas en enero son mujeres. Este desequilibrio eleva el peso del paro femenino hasta el 60 % del total, una cifra que no puede explicarse solo por factores estacionales.

Dicho de forma clara: en enero, el desempleo ha crecido tres veces más entre las mujeres que entre los hombres. Esta brecha no es nueva, pero vuelve a ampliarse cada vez que el empleo ligado a campañas temporales se desinfla, poniendo de manifiesto una desigualdad estructural que el mercado de trabajo madrileño no corrige, sino que reproduce.

El problema de fondo: un modelo económico frágil

Más allá de las cifras mensuales, el paro registrado de enero vuelve a señalar un problema de fondo: la fragilidad del modelo económico de la Comunidad de Madrid. El peso excesivo del sector servicios convierte al empleo madrileño en un empleo vulnerable a los ciclos cortos, dependiente del consumo y de campañas concretas, y con escaso valor añadido.

Esta estructura productiva explica por qué, cada año, enero se traduce en un ajuste severo del empleo. Pero también explica por qué amplias capas de la población activa encadenan contratos temporales, jornadas parciales involuntarias y salarios insuficientes. No es solo un problema de cantidad de empleo, sino de calidad.

La feminización del sector servicios agrava aún más esta situación. Las mujeres se concentran en las actividades más precarias, con menor estabilidad y menores oportunidades de promoción. Cuando llega el ajuste, son ellas las primeras en salir del mercado laboral. El resultado es un paro más persistente, más cronificado y con mayores dificultades de reinserción.

Formación y cualificación: el eslabón débil

Otro de los elementos clave que explican el comportamiento del paro en Madrid es el perfil formativo de las personas desempleadas. Una parte muy importante de quienes buscan empleo tiene niveles de estudios que no superan la educación secundaria y carece de una especialización clara.

Este déficit de cualificación limita seriamente las posibilidades de acceso a empleos estables y de mayor valor añadido. Al mismo tiempo, reduce la capacidad de adaptación a un mercado laboral que, incluso en el sector servicios, exige cada vez más competencias técnicas, digitales y transversales.

Sin una apuesta decidida por la formación, el paro tiende a convertirse en un fenómeno recurrente. Las personas salen y entran del mercado laboral sin consolidar trayectorias profesionales, atrapadas en una rotación constante que alimenta la precariedad y la inseguridad vital.

Un cambio de rumbo imprescindible

Los datos de enero refuerzan una idea que desde el ámbito sindical se viene señalando desde hace tiempo: Madrid necesita un cambio de rumbo en su política económica y de empleo. Ese cambio pasa, necesariamente, por diversificar la estructura productiva y reducir la dependencia casi exclusiva del sector servicios de bajo valor añadido.

La industrialización es una pieza central de este giro. La Comunidad de Madrid necesita un Plan de Industria propio, capaz de atraer inversión productiva, generar empleo estable y crear cadenas de valor que arraiguen en el territorio. Industria no significa volver al pasado, sino apostar por sectores vinculados a la innovación, la transición ecológica y la tecnología.

Al mismo tiempo, es imprescindible avanzar en la especialización del propio sector servicios. No todos los servicios son precarios por definición. Servicios avanzados, ligados al conocimiento, la investigación, la atención a las personas o la economía digital pueden y deben generar empleo de calidad si cuentan con el respaldo de políticas públicas adecuadas.

Servicios públicos y políticas activas de empleo

El fortalecimiento de los servicios públicos es otro de los pilares del cambio necesario. Educación, sanidad, atención social y cuidados no solo son derechos fundamentales, sino también motores de empleo estable y de calidad. Invertir en ellos tiene un doble efecto: mejora el bienestar colectivo y reduce la precariedad laboral.

Las políticas activas de empleo deben jugar un papel central en este proceso. No basta con gestionar el desempleo; es necesario orientar, formar y acompañar a las personas en paro hacia sectores con futuro. La formación profesional, en particular, debe convertirse en una herramienta estratégica, conectada con las necesidades reales del tejido productivo.

Igualmente importante es la formación a lo largo de la vida. En un mercado laboral cambiante, la actualización constante de competencias no puede ser un privilegio, sino un derecho accesible para todas las personas trabajadoras.

Mirar más allá del dato mensual

El paro registrado de enero de 2026 no es solo una estadística más. Es un reflejo fiel de las debilidades de un modelo económico que genera empleo inestable y desigual. Madrid necesita dejar de asumir como inevitables estas cifras y empezar a abordarlas como el resultado de decisiones políticas concretas.

Como señala Isabel Vilabella, el reto es claro: cambiar el rumbo del empleo en la Comunidad de Madrid exige industria, servicios públicos fuertes, formación de calidad y políticas activas que pongan a las personas en el centro. Sin ese giro, enero seguirá siendo, año tras año, el mes en el que la precariedad muestra su verdadero rostro.

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