El “infierno fiscal” como coartada política

El Partido Popular reactiva su discurso tributario para tapar un contexto económico que no encaja en su crítica, mientras el Gobierno responde con datos y gestión

10 de Abril de 2026
Actualizado a las 10:17h
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El “infierno fiscal” como coartada política
Alberto Núñez Feijóo en una imagen de archivo | Foto: PP

Cuando la economía no ofrece un flanco claro, la política busca otro. El PP ha vuelto al de siempre. Los impuestos. No como debate técnico, sino como relato.

El Partido Popular ha decidido reactivar una de sus fórmulas más reconocibles. El llamado “infierno fiscal”. No es una novedad, pero sí una señal. La de un partido que necesita reorganizar su discurso económico en un contexto que no le resulta del todo favorable.

Porque el problema no es que no haya elementos que criticar. El problema es que algunos de los indicadores más visibles —empleo, crecimiento, afiliación— no acompañan una narrativa de deterioro general. Y ahí es donde aparece el giro. Si los datos no permiten sostener un relato de crisis, se construye uno de agravio.

De la economía a la sensación

El mensaje del PP es directo. Se paga más y se vive peor. Es eficaz porque simplifica. Porque conecta con una percepción extendida en determinados sectores. Pero evita una parte esencial del debate. La política fiscal no se mide solo en cuánto se recauda. Se mide en qué se financia, cómo se redistribuye y qué modelo social se sostiene. Reducirlo todo a presión fiscal es dejar fuera la mitad del cuadro.

El discurso popular insiste en las subidas de impuestos, pero pasa por alto el contexto. Un ciclo económico que ha exigido gasto público elevado, políticas de protección y medidas que, con mayor o menor acierto, han amortiguado el impacto de crisis recientes. El problema del planteamiento del PP no es que sea crítico. Es que es repetitivo. La idea del “infierno fiscal” lleva años en circulación, prácticamente intacta, independientemente del contexto económico.

No se ajusta a los cambios, no incorpora matices, no entra en detalle. Funciona como consigna, pero pierde fuerza cuando se confronta con los datos comparados o con la evolución de la economía. Es un argumento que se mantiene más por inercia que por precisión.

La propuesta alternativa también sigue un patrón conocido. Bajar impuestos y mejorar servicios. La fórmula se repite con facilidad, pero rara vez se acompaña de una explicación concreta. Qué se recorta, qué se reorganiza, qué se prioriza. Ahí el discurso se vuelve más difuso. Porque cualquier política fiscal implica decisiones. Y esas decisiones tienen consecuencias. No basta con prometer alivio fiscal sin detallar el coste de ese alivio.

Un Gobierno que responde con gestión

Frente a esa estrategia, el Gobierno ha optado por otro tono. Más contenido, menos dado a la confrontación directa. Carlos Cuerpo representa esa línea. No entra en el marco del “infierno fiscal”. Lo discute desde los datos.

Desde el área económica se insiste en que la presión fiscal española se sitúa en niveles comparables al entorno europeo. Que el aumento de la recaudación responde en parte al crecimiento económico. Que el debate debe centrarse en la eficiencia del sistema, no en su caricatura. No es un discurso especialmente llamativo. Pero es más consistente.

El regreso del argumento fiscal dice más del momento político que del sistema tributario. Indica que el PP necesita un eje claro de oposición económica y que ese eje, hoy por hoy, pasa por los impuestos. Pero también deja al descubierto una limitación. La dificultad para construir una crítica más ajustada a la realidad económica actual. Cuando el diagnóstico no encaja, se recurre al marco conocido.

El resultado es un debate que se desplaza hacia el terreno de las percepciones. Donde todo se simplifica, pero poco se explica. Y ahí es donde el Gobierno encuentra margen. No tanto por acierto absoluto, sino porque su planteamiento, con sus límites, se sostiene mejor en el detalle que en el eslogan.

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