España desperdicia talento mientras casi cuatro de cada diez trabajadores están sobrecualificados

Un estudio de la Fundación Afi revela que el 37,6% de los trabajadores ocupa puestos por debajo de su formación. Los jóvenes figuran entre los más afectados por un mercado laboral incapaz de aprovechar su preparación

30 de Octubre de 2026
Actualizado a las 12:17h
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España desperdicia talento mientras casi cuatro de cada diez trabajadores están sobrecualificados

España tiene una población trabajadora cada vez mejor formada, pero su mercado laboral sigue sin ofrecer suficientes oportunidades para aprovechar esa preparación. El 37,6% de los ocupados desempeña un puesto inferior a su nivel de cualificación, según un estudio presentado por la Fundación Afi Emilio Ontiveros, que vuelve a poner cifras a una de las grandes contradicciones de la economía española.

El informe, titulado Productividad, habilidades y futuro del trabajo en España, constata que el aumento de la formación académica no ha ido acompañado de una transformación equivalente del tejido productivo. Entre 2002 y 2025, el número de personas con estudios superiores pasó de seis a más de catorce millones, un avance considerable que, sin embargo, no se ha traducido en una demanda suficiente de profesionales cualificados.

El desajuste afecta a casi la mitad de los trabajadores. Al 37,6% de sobrecualificados se suma otro 10,9% que ocupa puestos para los que su nivel formativo resulta insuficiente. Dos situaciones diferentes que reflejan las dificultades del sistema productivo para conectar educación, empleo y necesidades empresariales.

La cuestión va más allá de acumular títulos universitarios. Cuando una persona invierte años en formarse y termina desarrollando tareas que no requieren esa preparación, se desaprovechan conocimientos y capacidades. También se reduce el rendimiento económico y profesional de una inversión educativa que, en muchos casos, ha supuesto un importante esfuerzo para las familias.

Una generación preparada que encuentra pocas oportunidades

Los jóvenes figuran entre los colectivos más afectados por este desequilibrio. Otro estudio, publicado por Funcas este jueves, sitúa a España entre los países europeos con mayores niveles de sobrecualificación juvenil. Más del 32% de los ocupados de entre 25 y 34 años se encontraba en esta situación en 2025, frente al 21,3% de media comunitaria.

El problema tiene consecuencias que exceden el ámbito profesional. La dificultad para acceder a empleos acordes con la formación condiciona la independencia económica, la emancipación y los proyectos personales de una parte importante de la juventud.

Los datos de Funcas muestran que la tasa de emancipación entre los jóvenes de 25 a 29 años cayó del 47% en 2014 al 36% en 2024. Una evolución que se produjo pese a la mejora del empleo juvenil y al incremento nominal de los salarios.

La sobrecualificación también afecta especialmente a trabajadores de origen extranjero. El estudio de Afi señala las dificultades para homologar titulaciones, el escaso reconocimiento de la experiencia profesional adquirida fuera de España y la necesidad de aceptar empleos inmediatos como factores que explican parte de esta situación.

Se trata de profesionales que, pese a disponer de conocimientos y experiencia, terminan ocupando puestos alejados de su especialización. España necesita trabajadores cualificados y, al mismo tiempo, mantiene infrautilizada la formación de una parte de quienes ya están trabajando.

El problema no es estudiar demasiado

Los datos cuestionan una explicación recurrente que atribuye la sobrecualificación exclusivamente a un exceso de universitarios. El verdadero debate también afecta a la estructura de la economía, la capacidad de las empresas para generar empleos de mayor valor añadido y el papel de la formación profesional.

La Comisión Europea ya había advertido de esta situación en su informe sobre educación de 2025. España presentaba una de las mayores proporciones de titulados superiores de la Unión Europea, pero también la tasa más elevada de sobrecualificación entre ellos. El país registra, además, un déficit de perfiles técnicos intermedios y especialistas en determinadas actividades industriales y tecnológicas. Esta combinación evidencia que el problema no consiste únicamente en formar más trabajadores, sino en mejorar la correspondencia entre las capacidades disponibles y los puestos que ofrece la economía.

La transformación tecnológica añade una nueva dimensión. La Fundación Afi calcula que unos 11,6 millones de empleos españoles están expuestos a los cambios derivados de la inteligencia artificial, aunque advierte de que esa exposición no implica necesariamente su desaparición. Muchas ocupaciones podrían transformarse mediante la automatización de tareas y la incorporación de nuevas herramientas.

España afronta así un desafío que no se resolverá únicamente con más formación. Necesita también empresas capaces de aprovecharla, empleos que reconozcan las competencias profesionales y condiciones laborales que permitan desarrollar una carrera acorde con la preparación adquirida.

Porque detrás de las estadísticas hay una realidad que conocen miles de trabajadores: tener estudios, experiencia y capacidad no garantiza encontrar un empleo que permita utilizarlos. Y esa distancia entre lo que una sociedad aprende y lo que su economía aprovecha supone una pérdida de oportunidades tanto individuales como colectivas.

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