La inflación ha vuelto a ganar fuerza en la eurozona. El índice de precios se situó en agosto en el 3,3% interanual, cuatro décimas por encima de julio, según la estimación preliminar de Eurostat. La energía explica buena parte del repunte, con un encarecimiento del 14,3% frente al 10,3% registrado el mes anterior.
La subida refleja el impacto que las tensiones en Oriente Próximo siguen teniendo sobre los mercados energéticos, aunque el resto de los componentes ofrece una evolución bastante más moderada. Los servicios redujeron su subida del 3,3% al 3%, los alimentos, el alcohol y el tabaco mantuvieron una tasa del 1,2% y los bienes industriales no energéticos se situaron también en el 1,2%.
España vuelve a quedar por encima de la media europea. La inflación armonizada alcanzó el 4,5%, frente al 2,7% de Francia, el 2,9% de Alemania y el 3,2% de Italia. El diferencial con el conjunto de la eurozona asciende así a 1,2 puntos.
El BCE se acerca a otra subida de tipos
El dato llega a pocos días de la reunión del Banco Central Europeo del 10 de septiembre y refuerza una posibilidad que los mercados ya contemplaban antes de conocer la inflación de agosto. Los inversores descuentan una subida de 25 puntos básicos y el debate empieza a desplazarse hacia lo que hará después la institución presidida por Christine Lagarde.
El origen energético del repunte introduce, sin embargo, un matiz importante. Los servicios se han moderado y el comportamiento del resto de los componentes está muy lejos del 14,3% registrado por la energía. El BCE tendrá que valorar hasta qué punto ese encarecimiento termina trasladándose a otros precios y alimentando efectos de segunda ronda.
Las propias actas de la reunión de julio muestran que los miembros del Consejo de Gobierno ya consideraban probable una nueva subida de tipos para contener las consecuencias inflacionistas de la guerra en Oriente Próximo. Desde entonces, el dato de agosto ha añadido presión, la inflación vuelve a superar ampliamente el objetivo del 2% y los mercados energéticos continúan condicionados por un conflicto cuya duración resulta difícil de anticipar.
El movimiento de septiembre parece así cada vez más descontado. Más difícil será saber si bastará con una nueva subida o si la energía obligará al BCE a mantener el endurecimiento monetario durante más tiempo.
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