“Derechos, no trincheras”: UGT y CCOO convierten el 1º de Mayo en un pulso por salarios, vivienda y paz

Pepe Álvarez y Unai Sordo llaman a una gran movilización en toda España para exigir reparto de la riqueza, frenar la asfixia de la vivienda, reforzar los servicios públicos y plantar cara a la guerra, la precariedad y la ofensiva reaccionaria

20 de Abril de 2026
Actualizado a las 12:47h
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Rueda de prensa 1 de mayo 2026 Pepe Álvarez, UGT y Unai Sordo, CCOO, foto Agustín Millán
Rueda de prensa 1 de mayo 2026 Pepe Álvarez, UGT y Unai Sordo, CCOO, foto Agustín Millán

El próximo 1º de Mayo no será una cita rutinaria ni una jornada sindical más en el calendario. UGT y CCOO han decidido elevar el tono y convertir el Día Internacional de los Trabajadores en una demostración de fuerza social frente a un tiempo marcado por la inflación, la crisis de la vivienda, el deterioro de servicios públicos esenciales y la escalada bélica internacional. Bajo un lema tan sencillo como contundente —“derechos, no trincheras; salarios, vivienda y democracia”—, Pepe Álvarez y Unai Sordo han trazado un llamamiento político y social que va mucho más allá de la reivindicación laboral clásica.

Rueda de prensa 1 de mayo 2026 Pepe Álvarez, UGT y Unai Sordo, CCOO, foto Agustín Millán
Rueda de prensa 1 de mayo 2026 Pepe Álvarez, UGT y Unai Sordo, CCOO, foto Agustín Millán

Ambos dirigentes han querido situar esta convocatoria en un momento de especial tensión. No solo por el deterioro del contexto internacional, con guerras abiertas y amenazas crecientes sobre el derecho internacional, sino también por el contraste cada vez más evidente entre el crecimiento económico de España y la dificultad cotidiana de millones de familias para llegar a fin de mes. Esa contradicción, según sostienen los sindicatos, ya no puede ocultarse: la economía avanza, los márgenes empresariales crecen, la productividad mejora, pero la vida material de amplias capas de la población sigue atrapada entre salarios insuficientes, alquileres desbocados y servicios públicos debilitados.

En ese marco, el 1º de Mayo aparece como una fecha de combate democrático. No solo para reclamar subidas salariales y mejores condiciones de trabajo, sino para advertir de que el malestar social no puede seguir administrándose como si fuera una molestia menor. Los sindicatos creen que ha llegado el momento de exigir una redistribución real de la riqueza y de recordar que el bienestar no depende únicamente de la nómina, sino también de la sanidad, la educación, la vivienda y la protección social.

Rueda de prensa 1 de mayo 2026 Pepe Álvarez, secretario general de UGT foto Agustín Millán
Rueda de prensa 1 de mayo 2026 Pepe Álvarez, secretario general de UGT foto Agustín Millán

Málaga, símbolo de una emergencia que ya no admite excusas

La decisión de celebrar el acto central en Málaga no es casual. UGT y CCOO han querido llevar allí el epicentro de la movilización porque esa ciudad representa con crudeza uno de los grandes conflictos de nuestro tiempo: la expulsión progresiva de la clase trabajadora de los lugares en los que vive y trabaja. Málaga, como otras muchas ciudades españolas, refleja el impacto de un mercado inmobiliario convertido en máquina de exclusión, donde acceder a una vivienda digna se ha transformado en una carrera imposible para miles de personas.

La denuncia sindical es clara: el problema de la vivienda ya no puede presentarse como una simple tensión de mercado ni como una incomodidad urbana. Es una fractura social de primer orden. Cuando una persona tiene que destinar una parte desproporcionada de su sueldo al alquiler o a la hipoteca, todo el edificio del bienestar se tambalea. No importa que el empleo crezca si ese empleo no garantiza una vida estable. No basta con que haya actividad económica si trabajar no permite emanciparse, formar un proyecto de vida o permanecer en el barrio de siempre.

Susana Huertas, secretaria general de UGT Madrid, foto Agustín Millán
Susana Huertas, secretaria general de UGT Madrid, foto Agustín Millán

Por eso, la vivienda se ha colocado en el centro de la protesta. Los sindicatos reclaman medidas de calado: más vivienda asequible, movilización del parque vacío, límites efectivos en las zonas tensionadas y una intervención mucho más firme frente a la especulación. También han querido subrayar algo políticamente incómodo: las comunidades autónomas y los ayuntamientos tienen una responsabilidad directa que no pueden seguir esquivando. Ya no sirve señalar únicamente al Gobierno central mientras buena parte de las administraciones con competencias reales se inhiben o, directamente, boicotean cualquier intento de contención de precios.

Salarios al alza frente a beneficios disparados

El otro gran eje de este Primero de Mayo será el reparto de la riqueza. Tanto Pepe Álvarez como Unai Sordo han insistido en que el crecimiento de la economía española debe trasladarse de una vez por todas a los bolsillos de la mayoría social. No aceptan que se normalice una situación en la que las empresas presentan beneficios robustos mientras millones de trabajadores continúan soportando rentas ajustadas y una pérdida persistente de capacidad de compra.

La presión se dirige de manera muy explícita hacia la patronal. Los sindicatos reclaman abrir de una vez la negociación del AENC y advierten de que el bloqueo de la CEOE solo puede traer más conflictividad. El aumento de huelgas y conflictos laborales no sería, en este contexto, una anomalía, sino la consecuencia lógica de un sistema que no reparte de forma justa los frutos del crecimiento.

La tesis de fondo es demoledora: no se puede pedir moderación a quienes ven cómo el coste de la vida se dispara mientras las grandes cifras macroeconómicas se celebran como si bastaran por sí mismas. Los sindicatos plantean que los salarios tienen que subir de forma significativa, pero también sostienen que esa mejora debe complementarse con una fiscalidad justa capaz de reforzar los servicios públicos. En otras palabras, el salario no termina en la nómina. También se juega en la escuela pública, en un centro de salud con recursos, en una universidad accesible y en una red de protección que impida que cualquier contratiempo arrastre a una familia al abismo.

La guerra como amenaza global y como forma de empobrecimiento

El tono internacional de la convocatoria es otro de los elementos más llamativos. UGT y CCOO quieren convertir este 1º de Mayo en una gran protesta contra la guerra, contra la impunidad y contra la degradación del orden internacional. La referencia a Palestina, Gaza, Líbano, Irán, Cuba o las amenazas sobre otros territorios no es marginal: ocupa un lugar central en el relato sindical de este año.

Para Álvarez y Sordo, la guerra no es una cuestión lejana reservada a los análisis geopolíticos. Es una realidad que mata, desplaza, arrasa derechos y, además, impacta de lleno en la vida de las clases trabajadoras. El encarecimiento de la energía, los alimentos y los suministros básicos no cae del cielo. Tiene detrás decisiones políticas, conflictos militares y estrategias imperiales que buscan imponer dependencia y sumisión. De ahí la dureza con la que ambos dirigentes han cargado contra la deriva internacional encabezada por Donald Trump y contra un escenario en el que Europa podría quedar atrapada entre el rearme, la subordinación y la pérdida de autonomía estratégica.

Ese vínculo entre guerra y empobrecimiento es uno de los mensajes más nítidos de la convocatoria. La paz no se presenta como una consigna abstracta, sino como una condición material para defender salarios, empleo, estabilidad y soberanía democrática. Rechazar la guerra significa también rechazar un modelo de mundo en el que las mayorías pagan las consecuencias de decisiones tomadas por élites económicas y políticas cada vez más ajenas a cualquier idea de justicia.

Regularización, derechos y freno a la explotación

La rueda de prensa también dejó una de las imágenes políticas más relevantes del momento: el inicio del proceso que permitirá a más de medio millón de personas empezar a solicitar permisos de trabajo y residencia. Los sindicatos lo celebran como un avance de justicia social, de humanidad y también de racionalidad económica. España no puede sostener su futuro demográfico y productivo sin inmigración, pero esa inmigración no puede organizarse sobre la base de la vulnerabilidad, el miedo y la explotación.

Pepe Álvarez fue especialmente duro al denunciar la actuación de mafias que intentan sacar beneficio del proceso de regularización, y reclamó una respuesta firme de las autoridades y de la Fiscalía frente a quienes comercian con la necesidad. La regularización, en el enfoque sindical, no es un gesto benevolente: es una forma de cerrar la puerta a la economía sumergida, de impedir el dumping salarial y de evitar que unos trabajadores sean utilizados contra otros.

Unai Sordo fue más allá al subrayar que no basta con regularizar. Hace falta formación, homologación de títulos, itinerarios de inserción, vigilancia de la Inspección de Trabajo y una política pública integral que impida que miles de personas sigan atrapadas en los márgenes del mercado laboral. La idea es inequívoca: sin igualdad de derechos, la inmigración se convierte en un terreno abonado para la precariedad y la fractura social.

Menos impunidad empresarial, más protección para quienes trabajan

El discurso sindical no se limitó a los grandes titulares. También hubo espacio para denunciar problemas estructurales del mercado laboral español que siguen enquistados. El control horario, las horas extraordinarias no pagadas, la siniestralidad laboral, la falta de reconocimiento de enfermedades profesionales o la necesidad de reformar el despido reaparecieron como asuntos urgentes.

La denuncia es especialmente severa en materia de salud laboral. La muerte de trabajadores y trabajadoras en sus puestos no puede seguir tratándose como una estadística rutinaria. Los sindicatos reclaman acelerar la nueva legislación pactada con el Gobierno y acabar con una impunidad patronal que, en demasiadas ocasiones, convierte la prevención en un formalismo vacío.

Junto a ello, también reaparece con fuerza la reivindicación feminista: combatir la brecha salarial, reforzar los planes de igualdad, mejorar las condiciones de quienes trabajan a tiempo parcial y blindar los derechos reproductivos de las mujeres. En el diagnóstico sindical, la ofensiva reaccionaria no solo amenaza salarios y libertades públicas, sino también los avances en igualdad conquistados durante décadas.

Un 1º de Mayo para salir a la calle y no resignarse

El mensaje final de UGT y CCOO es una llamada abierta a la movilización. Más de cien manifestaciones recorrerán el país con una idea de fondo: no resignarse. No resignarse a que la vivienda devore los salarios. No resignarse a que el crecimiento se quede arriba. No resignarse a que la guerra marque el horizonte. No resignarse a que se vacíen los servicios públicos mientras se regalan impuestos a quienes menos los necesitan.

Ese es, en el fondo, el sentido político profundo de esta convocatoria. El sindicalismo quiere recordar que los derechos no se heredan, se defienden. Que la democracia no se reduce al voto, sino que exige justicia social. Y que, en tiempos de miedo, precariedad y ruido reaccionario, salir a la calle sigue siendo una manera de decir que la mayoría no está dispuesta a entregarlo todo sin plantar batalla.

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