El BCE se prepara para subir los tipos de interés ante el repunte de la inflación provocado por la guerra en Irán

Los mercados descuentan un incremento de 25 puntos básicos mientras la institución presidida por Christine Lagarde intenta contener las presiones inflacionistas sin agravar la desaceleración económica europea

10 de Junio de 2026
Actualizado a las 17:03h
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El BCE se prepara para subir los tipos de interés ante el repunte de la inflación provocado por la guerra en Irán
Christine Lagarde presidenta del Banco Central Europeo

El Banco Central Europeo afronta este jueves una de las reuniones más relevantes de los últimos meses en un contexto marcado por el encarecimiento de la energía, la incertidumbre geopolítica y el repunte de la inflación en la eurozona. Los analistas coinciden de forma prácticamente unánime en que la institución presidida por Christine Lagarde aprobará una subida de los tipos de interés de 25 puntos básicos para responder a las tensiones inflacionistas derivadas de la prolongación del conflicto entre Irán e Israel.

La decisión supondría el primer incremento del precio del dinero desde septiembre de 2023 y marcaría un cambio de tendencia respecto a la etapa de estabilidad monetaria que había caracterizado la actuación del BCE durante los últimos meses.

Las expectativas del mercado apuntan a que la facilidad de depósito alcanzará el 2,25%, una medida que busca evitar que el aumento de los costes energéticos termine trasladándose al conjunto de la economía europea. El encarecimiento del petróleo y del gas durante las últimas semanas ha comenzado a reflejarse en los indicadores de precios, alimentando la preocupación de las autoridades monetarias.

Los últimos datos disponibles muestran que la inflación de la eurozona se situó en mayo en el 3,2%, una cifra superior a la registrada en meses anteriores y claramente alejada del objetivo del 2% que persigue el Banco Central Europeo. Aunque el incremento sigue lejos de los niveles extraordinarios registrados tras la invasión rusa de Ucrania, la tendencia ha despertado inquietud entre los responsables de la política monetaria.

Algunas voces dentro del propio BCE ya habían anticipado esta posibilidad. Entre ellas destaca la representante alemana Isabel Schnabel, una de las figuras más influyentes del organismo, que en las últimas semanas defendió públicamente la conveniencia de actuar para impedir que la inflación vuelva a consolidarse.

Sin embargo, los expertos consideran que la institución europea intentará transmitir un mensaje de prudencia. El objetivo no sería iniciar una nueva etapa de endurecimiento monetario agresivo, sino responder a una situación concreta marcada por el impacto energético del conflicto en Oriente Próximo.

La dificultad para el BCE reside en encontrar un equilibrio cada vez más complejo. Por un lado, debe evitar que la inflación se instale de forma persistente en la economía europea. Por otro, necesita actuar sin agravar el debilitamiento económico que ya muestran varios países de la eurozona.

Las previsiones de crecimiento continúan siendo moderadas. La inversión privada muestra síntomas de ralentización, las condiciones de financiación siguen siendo exigentes y buena parte de las economías europeas afrontan todavía las consecuencias de varios años de incertidumbre internacional.

Por ese motivo, gran parte de los analistas esperan que Christine Lagarde mantenga una comunicación especialmente cautelosa. La presidenta del BCE previsiblemente insistirá en que las futuras decisiones dependerán de la evolución de los datos económicos y de la situación internacional, evitando comprometer una hoja de ruta cerrada para los próximos meses.

Aun así, el consenso de mercado considera probable que el actual escenario obligue a nuevas intervenciones durante lo que resta de año. Las previsiones más extendidas contemplan entre dos y tres posibles incrementos adicionales si persisten las presiones inflacionistas vinculadas a la energía.

La evolución de la guerra en Oriente Próximo se ha convertido, de este modo, en uno de los factores determinantes para la política monetaria europea. Cada movimiento en el estrecho de Ormuz, cada alteración en los mercados energéticos y cada episodio de tensión geopolítica tiene hoy una repercusión directa sobre las decisiones que se toman en Fráncfort.

La reunión de este jueves servirá para confirmar una decisión que los mercados consideran prácticamente descontada. La verdadera atención estará puesta en el mensaje que traslade Christine Lagarde y en las pistas que pueda ofrecer sobre el rumbo económico de una Europa que vuelve a enfrentarse al desafío de contener la inflación sin frenar su crecimiento.

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