Durante el partido, magnífico e inolvidable, y mientras escuchábamos los siempre brillantes comentarios de Roberto Carretero y Borja Zugadi, no podíamos dejar de pensar en nuestro propio punto de vista, en como vive el espectador un partido en el que en determinados momentos prefiere que gane uno y en otros que gane el otro. Y creo que esa sensación la resume el título con el que hemos encabezado este artículo.
NO QUERÍAMOS QUE PERDIESE NINGUNO DE LOS DOS.
Era el primer máster 1000, en caso de ganarlo, para ambos. Y ciertamente Jódar tiene mucho más tiempo por delante, seis años largos, de carrera tenística, que Davidovich. Le afectaría menos la derrota. Pero cada vez que las cámaras enchufaban a su padre, el siempre impasible RF Senior, y veíamos lo nervioso que estaba, como sufría y se retorcía en su asiento, nos alineábamos con él y empujábamos mentalmente al joven Jódar.
Podemos decir, cuestión de mover el punto de vista, que han ganado los dos. O más filosóficamente, que en verdad no ha perdido ninguno. Porque eso nos ha pasado a todos los espectadores, que hemos ganado y que hemos perdido este partido, doblemente.
Y estamos tristes y estamos contentos. Pero menos tristes, que contentos.
Orgullosos de Alejandro y de Rafael. Sois increíblemente buenos.
Tigre Libre
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