El Thyssen reivindica a Carmen Laffón, una de las grandes maestras del arte español

La muestra reúne por primera vez desde el fallecimiento de la artista una gran retrospectiva que recorre más de seis décadas de creación y revela cómo lo más cotidiano acaba transformándose en una de las obras más poéticas de la pintura contemporánea

27 de Junio de 2026
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Carmen Laffón. Variaciones, El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Carmen Laffón. Variaciones, El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Hay artistas capaces de encontrar la belleza en los grandes acontecimientos y otros que la descubren allí donde casi nadie se detiene a mirar. Carmen Laffón pertenecía a este segundo grupo. Durante más de sesenta años convirtió los objetos más humildes de la vida cotidiana en protagonistas absolutos de una obra profundamente personal, silenciosa y llena de emoción. Una canasta de ropa, una máquina de coser cubierta por una tela, un armario casi vacío, una viña, un paisaje de Doñana o las blancas montañas de sal de Bonanza bastaban para construir un universo artístico inconfundible.

Carmen Laffón
Carmen Laffón

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza dedica ahora a la creadora sevillana una gran exposición retrospectiva que reúne 77 pinturas, dibujos y esculturas realizadas entre 1956 y 2021. La muestra supone el homenaje más importante organizado desde el fallecimiento de la artista en noviembre de 2021 y permite comprender la extraordinaria coherencia de una trayectoria que nunca siguió las modas y que hizo de la observación paciente una auténtica filosofía de vida.

Una artista que nunca dejó de mirar

Nacida en Sevilla en 1934, Carmen Laffón desarrolló un lenguaje propio difícil de clasificar. Su pintura parte del realismo, pero nunca pretende limitarse a reproducir fielmente la realidad. Con el paso de las décadas fue simplificando las formas, diluyendo los contornos y trabajando la superficie mediante delicadas veladuras que terminaron acercando muchas de sus obras a una abstracción profundamente lírica.

Su reconocimiento fue creciendo lentamente hasta convertirse en una de las figuras esenciales del arte español contemporáneo. En 1997 hizo historia al convertirse en la segunda mujer elegida académica de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, un hito que reflejaba el prestigio alcanzado por una creadora que siempre prefirió el trabajo silencioso del estudio a la notoriedad pública.

Carmen Laffón, Máquina de coser al uso, 1966 1967 Óleo sobre lienzo, 146 × 114 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía Claudio del Campo
Carmen Laffón, Máquina de coser al uso, 1966 1967 Óleo sobre lienzo, 146 × 114 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía Claudio del Campo

Las series como forma de entender el mundo

Uno de los aspectos más originales de la producción de Laffón fue su manera de volver una y otra vez sobre un mismo motivo. No buscaba repetir una imagen, sino descubrir cómo cambiaba con la luz, el tiempo o la propia mirada.

Ese método creativo recuerda, salvando las distancias, a la forma en que Claude Monet pintó durante años la fachada de la catedral de Ruan o los nenúfares de Giverny. Sin embargo, mientras el impresionista francés perseguía las transformaciones de la luz, Laffón investigaba también el paso del tiempo, la memoria y la dimensión emocional de los objetos.

La exposición está organizada precisamente siguiendo esas grandes familias temáticas que acompañaron a la artista durante décadas.

De la infancia a la intimidad doméstica

El recorrido comienza con dos imágenes que resumen buena parte de la sensibilidad de Laffón: la muñeca Marcelina y la cuna.

La muñeca aparece en algunas de sus primeras series importantes y posee una atmósfera entre lo cotidiano y lo misterioso, con ecos del realismo mágico. Décadas después, las cunas introducen una visión más contenida y emocional, donde la fragilidad del recién nacido se convierte en símbolo de la vida que comienza.

Carmen Laffón, La terraza. Madrid, 1973 1975 Óleo sobre lienzo, 115 × 174 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía Claudio del Campo
Carmen Laffón, La terraza. Madrid, 1973 1975 Óleo sobre lienzo, 115 × 174 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía Claudio del Campo

Son obras que hablan de la infancia sin recurrir al sentimentalismo y que muestran ya una característica constante en toda su producción: la capacidad de transmitir emociones mediante escenas aparentemente sencillas.

La poesía escondida en las cosas corrientes

Pocas artistas han conseguido otorgar tanta dignidad estética a los objetos domésticos.

Cestos, recipientes, costureros, mesas, manteles o máquinas de coser dejan de ser simples utensilios para convertirse en auténticos protagonistas. Laffón elimina cualquier elemento superfluo y concentra toda la atención en la presencia física de esas piezas.

Especialmente sugerentes resultan las máquinas de coser cubiertas por telas. Lo que permanece oculto adquiere casi tanta importancia como aquello que puede verse. Esa tensión entre revelar y esconder introduce un componente simbólico que invita al espectador a completar la imagen con su propia imaginación.

Sevilla, Sanlúcar y el horizonte infinito

Si los interiores hablan de la intimidad, los paisajes reflejan la profunda relación sentimental de Carmen Laffón con Andalucía.

Las azoteas sevillanas, las vistas urbanas y, sobre todo, el horizonte contemplado desde Sanlúcar de Barrameda fueron convirtiéndose poco a poco en escenarios esenciales de su pintura.

Entre todos ellos sobresale el Coto de Doñana, motivo al que regresó durante décadas. Desde distintos puntos de observación estudió la línea que separa el cielo, el agua y la tierra, captando las variaciones atmosféricas de cada estación y de cada momento del día.

En estas composiciones el paisaje deja de ser únicamente una representación geográfica para convertirse en un espacio casi espiritual donde el silencio adquiere tanto protagonismo como la propia pintura.

Carmen Laffón, Sanlúcar de Barrameda, 1977 1978 Óleo sobre lienzo, 114 × 200 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía Museo Nacional Thyssen Bornemisza Claudia Ihrek
Carmen Laffón, Sanlúcar de Barrameda, 1977 1978 Óleo sobre lienzo, 114 × 200 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía Museo Nacional Thyssen Bornemisza Claudia Ihrek

El armario como símbolo

Uno de los capítulos más sorprendentes de la exposición está dedicado a los armarios, quizá la serie más extensa desarrollada por la artista.

Durante más de cuarenta años reinterpretó una sencilla alacena de madera mediante pinturas y esculturas de bronce.

Abiertos, cerrados o entreabiertos, estos muebles parecen suspendidos en espacios casi vacíos donde desaparecen las referencias habituales de profundidad. El resultado transmite una sensación de suspensión temporal que convierte un objeto doméstico en una imagen cargada de misterio.

Carmen Laffón, Armario verde, hacia 2013 2014 Óleo sobre lienzo, 100 × 81 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía Museo Nacional Thyssen Bornemisza Claudia Ihrek
Carmen Laffón, Armario verde, hacia 2013 2014 Óleo sobre lienzo, 100 × 81 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía Museo Nacional Thyssen Bornemisza Claudia Ihrek

La belleza del trabajo cotidiano

En su última etapa creativa Carmen Laffón dirigió su atención hacia elementos que pocas veces habían ocupado un lugar protagonista en la historia del arte.

Las herramientas utilizadas para encalar los cortijos andaluces —cubos, carretillas, bidones o mesas— aparecen representadas a tamaño natural y aisladas de cualquier presencia humana.

Del mismo modo, las salinas de Bonanza inspiraron algunas de sus obras más ambiciosas. Los montículos de sal, las geometrías del paisaje y la intensidad del blanco fueron llevando su pintura hacia composiciones cada vez más esenciales, donde la frontera entre figuración y abstracción prácticamente desaparece.

También la pequeña viña que rodeaba su estudio de Sanlúcar dio origen a una serie monumental que demuestra hasta qué punto la artista encontraba inspiración en aquello que formaba parte de su vida diaria.

Una disciplina casi monástica

Quienes la conocieron recuerdan la enorme exigencia con la que afrontaba cada cuadro.

Existe una anécdota que ilustra bien ese carácter perfeccionista. Carmen Laffón podía convivir durante meses —e incluso años— con una obra sin considerarla terminada. No era extraño que, cuando parecía definitivamente concluida, volviera a colocarla sobre el caballete para introducir ligerísimas modificaciones en la luz, el color o la textura. Para ella nunca se trataba de corregir un error, sino de esperar el momento exacto en que la pintura alcanzara el equilibrio que buscaba.

Esa paciencia extraordinaria explica en buena medida la serenidad que transmiten sus composiciones.

Carmen Laffón, Repisa improvisada, 2002 2003 Bronce pintado, 200 × 227 × 29 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026.Fotografía Claudio del Campo
Carmen Laffón, Repisa improvisada, 2002 2003 Bronce pintado, 200 × 227 × 29 cm. Colección privada. © Carmen Laffón, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía Claudio del Campo

Una creadora imprescindible

La retrospectiva del Thyssen no solo recupera la memoria de una de las grandes artistas españolas del siglo XX. También invita a reflexionar sobre una forma de entender la creación artística basada en la observación lenta, la constancia y el respeto por los ritmos de la naturaleza.

En una época dominada por la velocidad y el impacto inmediato de las imágenes, la obra de Carmen Laffón propone exactamente lo contrario: detenerse, contemplar y descubrir que la emoción puede surgir de una cesta vacía, de un horizonte apenas insinuado o de un armario silencioso.

Su legado demuestra que la grandeza del arte no depende de la espectacularidad del motivo representado, sino de la intensidad con la que el artista es capaz de mirar el mundo. Esa mirada, profundamente humana y poética, sigue convirtiendo la obra de Carmen Laffón en una referencia imprescindible para comprender la evolución del arte español contemporáneo.

 

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