En toda ofensa siempre hay un sujeto que protagoniza el hecho y otro que lo sufre. Son seres concretos, no entes abstractos ni difusos. El caso de los insultos machistas de la tertuliana Rosa Belmonte a la analista política Sarah Santaolalla este martes en el programa nocturno de televisión de máxima audiencia El hormiguero, de Antena 3 (Atremedia), con la complicidad entre risas nada disimuladas tanto del presentador del magacín, Pablo Motos, como del resto de contertulios, entre ellos el actual premio Planeta, Juan del Val, es un claro ejemplo de cómo los insultadores machistas profesionales hacen de la cobardía y el negacionismo más injurioso de esta violencia contra las mujeres dos marcas de la casa que se repiten con una periodicidad asombrosa como patrones de conducta habituales.
Tanto las aparentes disculpas de la autora de los insultos machistas vía redes sociales como las del propio Motos en su programa de este miércoles van dirigidas a un receptor anónimo y abstracto, en ningún momento a la persona que ha recibido los insultos, que tiene nombre y apellidos y es la que exige personalmente las disculpas. Así se lo ha recordado la propia Santaolalla a la tertuliana que profirió los insultos.
No pidas perdón a quien hayas ofendido, pídemelo a mí.
— Sarah Santaolalla. ♀ (@SarahPerezSanta) February 12, 2026
Soy yo la mujer a la que has atacado y humillado desde un programa de máxima audiencia por mi intelecto y aspecto físico. Tengo nombre y apellidos... y dignidad. https://t.co/SQnXv21cVi
A diferencia del perdón solicitado por Belmonte a modo de culebreo por su “inconveniente comentario”, “espontáneo”, “a quien haya ofendido, a quien haya molestado y a quien haya afectado”, la víctima del exabrupto machista sí se dirige personal y directamente a la persona que la ha ofendido con un tono machista de lo más soez y vulgar, reprobado por dirigentes políticos, instituciones feministas y periodistas, entre otros colectivos. “No pidas perdón a quien hayas ofendido, pídemelo a mí. Soy yo la mujer a la que has atacado y humillado desde un programa de máxima audiencia por mi intelecto y aspecto físico. Tengo nombre y apellidos... y dignidad”, ha respondido directamente Santaolalla a Belmonte vía red social X.
Disculpas que no disculpan
Unas disculpas que realmente no disculpan y que no se dirigen a nadie de manera concreta, más que a un ente difuso y siempre en modo condicional. Tampoco van al meollo del asunto: la violencia ejercida contra las mujeres en forma de insulto machista, una realidad que estos insultadores profesionales nunca condenan porque sencillamente niegan la mayor y la propia existencia de este tipo de violencia.
Las aparentes disculpas de Rosa Belmonte y de Pablo Motos van dirigidas a un receptor anónimo y abstracto, en ningún momento a la persona que ha recibido los insultos
Ejemplos de todo ello son también las palabras supuestamente de disculpas que ha pronunciado Motos al comienzo de su programa de este miércoles, después del aluvión de críticas recibidas a través de las redes sociales, en las que se recordaba que no es la primera vez que un hecho así ocurre en El hormiguero. No son flor de un día ni un simple lapsus casual provocado por “la velocidad del directo”, como se excusó Motos, entre las risas cómplices de todos los contertulios, incluido el propio presentador, después de los comentarios machistas de Belmonte.
Finalmente, Motos reconoce: “Metimos la pata”. Pero en ningún momento, ni él ni Belmonte van al meollo de las disculpas. Nunca reconocen que son insultos machistas los que ha proferido la periodista entre las risitas cómplices de todos sus colegas de mesa de tertulia. De ahí que de poco valga el deseo del presentador para venideros programas: “Nos esforzaremos por que no vuelva a suceder”. No es creíble porque ya ha sucedido. Y no en una ni dos ni tres ocasiones. La hemeroteca de El hormiguero está repleta de estos hechos que Motos achaca a “la velocidad del directo”. El machismo no corre ni vuela, solo existe o no existe. Y en este caso concreto es palmaria su existencia.