Mary Cassatt continúa siendo una de las artistas más conocidas del impresionismo y, al mismo tiempo, una de las peor resumidas. Su nombre se asocia inmediatamente a madres inclinadas sobre sus hijos, baños infantiles y escenas domésticas de aparente serenidad. El éxito de esas imágenes facilitó su entrada en los museos, pero también terminó encerrándola dentro de una interpretación sentimental.

La exposición Mary Cassatt: After Impressionism, inaugurada el 6 de septiembre en el Art Institute of Chicago, plantea otra lectura. En lugar de recorrer toda su trayectoria, se concentra en lo que sucedió después de 1886, cuando se celebró la octava y última exposición impresionista. Cassatt no desapareció al terminar aquella aventura colectiva ni se limitó a repetir las fórmulas que le habían proporcionado reconocimiento. Entró en una etapa de investigación técnica y compositiva decisiva.
La muestra, abierta hasta el 3 de enero de 2027, reúne pinturas, pasteles y estampas para demostrar que su madurez no fue un epílogo del impresionismo, sino una ampliación de sus posibilidades.
Una artista reducida por el éxito de sus propias imágenes
Las escenas de maternidad de Cassatt han sido reproducidas hasta la saturación en calendarios, tarjetas y objetos decorativos. Esa popularidad ha contribuido a suavizar unas obras que, en su momento, ofrecieron una perspectiva poco habitual: la vida de las mujeres representada desde un conocimiento directo de sus espacios y relaciones.
Cassatt no idealizó simplemente la maternidad. Prestó atención al peso de los cuerpos, la concentración de las manos, la dificultad de sujetar a un niño durante el baño y los gestos de cansancio o distracción. Sus figuras no siempre actúan para ser contempladas. Están ocupadas leyendo, cosiendo, cuidando o pensando.
El problema no radica en que pintara madres y niños, sino en que la historia del arte utilizara ese asunto para reducir el alcance de su trabajo. A los pintores varones se les permitió convertir una bailarina, un café o un paisaje en un problema formal. En Cassatt, durante demasiado tiempo, el tema doméstico pareció importar más que la pintura.

Qué ocurrió después de 1886
Cassatt había participado en cuatro exposiciones impresionistas entre 1879 y 1886. Su vinculación con Edgar Degas resultó fundamental, especialmente en su interés por el dibujo, el pastel y las técnicas de estampación. Sin embargo, su evolución posterior no puede explicarse como una dependencia del artista francés.
Después de la última exposición del grupo, Cassatt comenzó a construir figuras más sólidas, superficies más organizadas y composiciones en las que la perspectiva tradicional pierde estabilidad. Los cuerpos se recortan, los fondos se simplifican y los colores dejan de describir únicamente la apariencia de las cosas.
La exposición de Chicago dirige la atención hacia ese momento en que el impresionismo ya no funcionaba como movimiento unido y cada integrante debía encontrar su propio camino. Cassatt mantuvo la observación de la vida moderna, pero la combinó con una estructura cada vez más rigurosa.
La estampa japonesa transformó su manera de mirar
Uno de los episodios determinantes fue la exposición de estampas japonesas celebrada en París en 1890. Cassatt encontró en ellas una alternativa a la perspectiva occidental, al modelado tradicional y a la composición centrada.
Su célebre serie de grabados en color de 1890 y 1891 muestra espacios construidos mediante planos, contornos y zonas cromáticas. Las mujeres aparecen escribiendo cartas, probándose vestidos, arreglándose el cabello o bañando a sus hijos. Las actividades pertenecen a la vida cotidiana, pero el tratamiento formal las sitúa dentro de una investigación radical.

Cassatt no se limitó a copiar el aspecto de las estampas japonesas. Trasladó sus principios a la experiencia contemporánea de las mujeres occidentales y experimentó con procedimientos complejos de aguatinta, punta seca y estampación en color.
La dificultad técnica contradice la imagen de una pintura amable surgida de manera espontánea. Cada estampa exigía planificar las matrices, separar los colores y controlar sucesivas impresiones. La intimidad representada era el resultado de un proceso extremadamente calculado.
El pastel dejó de ser una técnica menor
Cassatt convirtió el pastel en uno de los grandes instrumentos de su modernidad. Tradicionalmente asociado al dibujo, al estudio preparatorio o a una práctica apropiada para mujeres, el pastel adquirió en sus manos densidad, velocidad y autonomía.
La artista podía superponer trazos, dejar visibles zonas del soporte y combinar la precisión del dibujo con una materia cromática inmediata. Esa flexibilidad resultaba especialmente adecuada para representar movimientos infantiles, posturas inestables y expresiones que cambian en segundos.
Su trabajo contribuyó a borrar la frontera jerárquica entre pintura y dibujo. Esta cuestión sigue teniendo consecuencias en el mercado: durante décadas, los pasteles y papeles fueron valorados por debajo de los óleos incluso cuando concentraban la mayor innovación del artista.
La revisión de su producción gráfica puede modificar esa jerarquía. Para comprender a Cassatt, no basta con localizar sus grandes lienzos; hay que estudiar sus series impresas, sus pruebas de estado y sus pasteles como partes centrales de su obra.

Cassatt también construyó colecciones
La importancia de Cassatt supera su producción artística. Asesoró a coleccionistas estadounidenses, especialmente a Louisine y Henry Havemeyer, y contribuyó a que obras impresionistas y de maestros europeos terminaran en importantes colecciones de Estados Unidos.
Su conocimiento del mercado, sus relaciones personales y su capacidad para distinguir calidad desmienten la imagen de una creadora recluida en un universo doméstico. Cassatt intervino activamente en la circulación internacional del arte y en la formación del gusto estadounidense.
Fue pintora, grabadora, pastelista, intermediaria y defensora de otros artistas. También apoyó el sufragio femenino, aunque su posición social privilegiada y su independencia económica no fueran las de la mayoría de las mujeres de su tiempo.
Salir del impresionismo sin expulsarla de su historia
El título Después del impresionismo no pretende separar a Cassatt del movimiento que ayudó a construir. Permite estudiar qué hizo cuando aquel grupo dejó de ofrecerle una estructura colectiva.
Su obra madura demuestra que no permaneció detenida en 1886. Experimentó con la estampa japonesa, amplió el pastel, endureció la construcción de sus figuras y transformó los espacios femeninos en lugares desde los que discutir la representación moderna.
La exposición de Chicago llega en un momento de recuperación sostenida de las mujeres impresionistas. Ese proceso será incompleto si se limita a añadir nombres femeninos a una narración concebida alrededor de los hombres. Cassatt no necesita ser presentada como “la mujer del impresionismo”, sino analizada como una artista con métodos, contradicciones, influencias y ambiciones propias.
Durante mucho tiempo, el público creyó conocerla porque reconocía sus madres y sus niños. La verdadera revisión comienza cuando dejamos de preguntar únicamente qué representan esas escenas y observamos cómo fueron construidas.
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.