El biombo de Dalí volverá a su Figueres natal: el Reina Sofía lo exhibirá a partir de mayo

La historia de una obra insólita que enlaza Oriente, Europa y los primeros pasos de Salvador Dalí

24 de Enero de 2026
Actualizado el 26 de enero
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Restauración del biombo. c. 1923, Salvador Dalí, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)

Apenas había cumplido diecinueve años cuando Salvador Dalí (Figueres, 1904–1989) realizó una obra fuera de lo común en su producción: un biombo decorado con motivos de inspiración oriental. Esta pieza, poco conocida durante décadas, ha cobrado recientemente un protagonismo renovado tras la decisión del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) de cederla temporalmente a la Casa Natal Salvador Dalí en Figueres para su exhibición pública, gracias a un acuerdo con el Ayuntamiento de Figueres y la Fundación Gala-Salvador Dalí.

Figueres presenta en Madrid el préstamo del Reina Sofía, de una obra excepcional de Salvador Dalí que se expondrá en la casa natal del artista
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Aunque la figura de Dalí está asociada globalmente al surrealismo, el biombo representa un momento formativo anterior a ese movimiento y arroja luz sobre sus intereses y búsquedas estéticas en una etapa decisiva de su joven carrera. Además, su ejecución en un formato poco habitual sitúa esta obra en un lugar singular dentro de su corpus artístico.

El objeto y su singularidad

Un biombo es un tipo de soporte plegable compuesto por paneles unidos por bisagras, utilizado tradicionalmente para dividir espacios interiores o como superficie decorativa. Aunque muy difundido en la cultura japonesa desde el período Muromachi (siglo XIV), este formato no era corriente en la tradición pictórica occidental como lienzo artístico de primera magnitud. En las primeras décadas del siglo XX, sin embargo, se produjo un renovado interés en Europa por las artes decorativas orientales a través del japonismo y de las influencias del Lejano Oriente en las artes visuales del continente.

Restauración del biombo. c. 1923, Salvador Dalí, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)
Restauración del biombo. c. 1923, Salvador Dalí, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)

El biombo realizado por Dalí —creado alrededor de 1923, cuando el artista tenía 19 años— destaca precisamente por su tratamiento ornamental y por la presencia de motivos característicos de una sensibilidad estético-decorativa no estrictamente occidental. Aunque no se conserva un análisis iconográfico completo en las fuentes disponibles, la mención explícita de “claras reminiscencias asiáticas” indica que Dalí ya estaba absorbiendo referencias extraterritoriales en su sensibilidad visual, probablemente en diálogo con las tendencias coleccionistas de la época y con la circulación de objetos y estampas orientales en Europa.

Un encargo familiar en la juventud de Dalí

El biombo se creó por encargo de la hermana de Dalí, lo que indica que desde muy temprano en su vida se vinculaba a proyectos que mezclaban lo personal con lo artístico. Esta temprana obra se diferencia de los lienzos de formato tradicional que el joven Dalí pintaba en ese momento —bodegones, paisajes y retratos cercanos al realismo académico o influenciados por las corrientes modernistas de moda— y demuestra que incluso antes de definir su rumbo surrealista, el artista exploraba soportes y lenguajes variados.

Poco a poco, Dalí fue desarrollando su técnica pictórica con pinturas que hoy se consideran tempranas e importantes para entender su evolución. En 1923, año aproximado del biombo, realizó una serie de obras de carácter figurativo, incluyendo bodegones, paisajes costeros y retratos, muchos de ellos con influencias de corrientes como el cubismo.

Influencia del japonismo y los Ballets Rusos

A principios del siglo XX, el japonismo —la fascinación occidental por el arte japonés clásico, especialmente por las estampas ukiyo-e— había impregnado las vanguardias europeas. Pintores como Van Gogh, Monet y Matisse habían incorporado elementos formales de la pintura japonesa en su trabajo décadas antes, y esta corriente seguía ejerciendo un efecto duradero en artistas jóvenes como Dalí. Los biombos japoneses, con su equilibrio compositivo, líneas envolventes y decoración que a veces parecía suspendida en el espacio, fueron una de las manifestaciones más evocadoras de ese influjo oriental en Occidente. En el contexto europeo de entreguerras, este tipo de objetos no solo se valoraban por su exotismo, sino también por su potencial para recomponer nuevas estéticas híbridas.

Subasta del biombo. c. 1923, Salvador Dalí, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)
Subasta del biombo. c. 1923, Salvador Dalí, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)

Además, la presencia de referencias ornamentales y la mención de un posible vínculo con el imaginario de los Ballets Rusos —compañía que había revolucionado el arte europeo a través de coreografías, escenografías y trajes inspirados en estéticas no occidentales— sugiere que Dalí también estaba absorbiendo las innovaciones escénicas que mezclaban Oriente y Occidente de maneras sorprendentes. Este diálogo interartístico entre pintura, danza y diseño escénico proporcionaba un marco en el que un biombo decorado podía ser, simultáneamente, pintura y objeto teatral.

El joven Dalí y su formación artística

Para comprender la importancia de este biombo es preciso situarlo en la trayectoria de Dalí en aquellos años formativos. Nacido en Figueres, Cataluña, en 1904, Dalí mostró interés por el dibujo desde muy temprana edad, realizando sus primeras obras infantiles alrededor de los seis años.  A lo largo de su adolescencia pintó paisajes de Cadaqués, bodegones y retratos influidos por las corrientes dominantes en la época —desde impresionismo hasta cubismo— consolidando una base técnica sólida.

En los años inmediatos a la realización del biombo, Dalí continuó su formación académica: estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, donde entró en contacto con otros jóvenes artistas y con movimientos europeos en plena efervescencia. Estas experiencias ampliaron su horizonte formal y conceptual, permitiéndole integrar influencias diversas en su obra posterior.

Restauración del biombo. c. 1923, Salvador Dalí, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)
Restauración del biombo. c. 1923, Salvador Dalí, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)

El biombo como antecedente de un pensamiento estético

Aunque el biombo de Dalí no es un trabajo surrealista ni representa los motivos oníricos por los que sería famoso décadas después, sí anticipa algo de su curiosidad visual y su escucha atenta de diferentes lenguajes artísticos. La elección de un formato no tradicional, la inclusión de motivos ornamentales no occidentales y la mezcla de funcionalidad y estética anuncian un artista abierto a hibridar formas e influencias, un rasgo que caracterizará posteriormente su método paranoico-crítico y muchos de sus experimentos formales con imágenes híbridas.

Este biombo, por tanto, puede entenderse como una síntesis temprana entre la tradición decorativa —que encuentra modelos en artes orientales y en prácticas de diseño escénico— y la mirada personal de Dalí, que más tarde incorporará lo fantástico, lo simbólico y lo onírico en una síntesis propia. La obra funciona así como un puente entre sus primeras exploraciones formales y sus inquietudes artísticas maduras, mostrando que incluso en la etapa formativa se encontraba en diálogo con un universo visual más amplio que el mero estudio académico.

La adquisición por el Reina Sofía y su valor histórico

La pieza fue incorporada recientemente a la colección del Museo Reina Sofía, tras una adquisición singular realizada mediante subasta. Esta incorporación se ha valorado como clave para profundizar en los inicios creativos de Dalí, porque ofrece una evidencia tangible de su experimentación con soportes y lenguajes distintos antes de consolidar su estilo más conocido.

El préstamo a la Casa Natal Salvador Dalí en Figueres, el espacio museístico que explora la vida y contextos tempranos del artista en su ciudad natal, amplía la posibilidad de interpretar el objeto no solo como obra aislada, sino en relación con los espacios, las influencias culturales y los ecos visuales que acompañaron al joven Dalí. Este contexto expositivo permite a los visitantes situar el biombo dentro de un relato más amplio que conecta infancia, formación académica y exploraciones artísticas tempranas.

El Ayuntamiento de Figueres, el Museo Reina Sofía y la Fundación Gala-Salvador Dalí han presentado en Madrid dos importantes proyectos expositivos que refuerzan el papel de Figueres como capital internacional del legado daliniano. Por un lado, el préstamo de un biombo pintado por Salvador Dalí hacia 1923, recientemente adquirido por el Estado y restaurado por el Reina Sofía, que se exhibirá temporalmente en la Casa Natal del artista. Se trata de una obra singular de juventud, de inspiración oriental, realizada sobre un antiguo biombo familiar y conservada durante décadas por su entorno cercano, que permite acercarse a un Dalí temprano, experimental y en plena búsqueda de su lenguaje propio.

Por otro, se ha presentado la exposición temporal de La Madona de Portlligat, una de las obras maestras del pintor, que podrá verse por primera vez en Figueres hasta el 22 de febrero. Esta pintura, perteneciente a la etapa del misticismo nuclear, fusiona espiritualidad, ciencia y paisaje, con Gala como modelo de la Virgen. La muestra se completa con abundante material documental y fotográfico que contextualiza su creación y proyección internacional, en una propuesta que consolida la colaboración institucional y refuerza la proyección cultural y turística de Figueres como centro neurálgico del universo daliniano.

Biombo. c. 1923, Salvador Dalí, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)
Biombo. c. 1923, Salvador Dalí, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS)

Un legado que sigue dialogando con el presente

Hoy, el biombo de Dalí no es simplemente una curiosidad de juventud, sino un documento artístico que abre interrogantes sobre cómo los primeros intereses de un creador se entrelazan con movimientos estéticos complejos y con la circulación global de imágenes y objetos. Es también un recordatorio de que la obra de Dalí —tan a menudo asociada con lo irracional y surrealista— tuvo raíces formativas múltiples, que incluyeron la atención al color, la forma, la ornamentación y la diversidad cultural.

La pieza invita a reconsiderar la temprana apertura de Dalí a influencias no occidentales y a formatos poco convencionales, y a valorar cómo esos primeros gestos prepararon el camino para una carrera artística en la que cada nueva obra parecía contener un mundo de referencias cruzadas. En ese diálogo entre tradición oriental, innovación europea y pensamiento personal, el biombo se erige como testigo temprano de un genio en construcción.

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