No hay casualidades. Y menos en el mundo del fútbol. La tensión entre la UEFA y los clubes impulsores de la Superliga, entre ellos los españoles, ha terminado como se temía. Con Real Madrid y FC Barcelona echados de la Champions League gracias a polémicas decisiones arbitrales. Los dos grandes estandartes del proyecto que desafiaron frontalmente al organismo europeo han quedado fuera de la Copa de Europa tras una cadena de decisiones que están desatando un terremoto mediático, deportivo y político. Para una parte del fútbol europeo, lo ocurrido no es casualidad; para otros, es simplemente una coincidencia desafortunada. Pero la sospecha de una “venganza” institucional ha tomado fuerza y ya domina el debate.
El Real Madrid cayó eliminado en cuartos tras una expulsión injusta de Camavinga. Los ingenuos dicen que el árbitro no sabía que el jugador tenía una primera amarilla y le sacó la segunda por retener el balón un par de segundos. Ni siquiera los del Bayern reclamaron la falta. Hasta ese momento el conjunto merengue estaba en disposición de forzar la prórroga, ya que el partido estaba empatado. El FC Barcelona, por su parte, sufrió la venganza también. La expulsión de Eric Garcia tras la revisión del VAR y un par de penaltis claros (la jugada del portero del Atleti, Musso, con Fermín, y la cesión del balón por parte del guardameta rojiblanco que su defensa Pubill cogió dentro del área sin que se señalara pena máxima) arrojan sombras de sospecha y de mano negra. Ambos episodios, los partidos de madridistas y barcelonistas, han sido diseccionados hasta la extenuación por exárbitros, periodistas y aficionados, sin que se haya alcanzado un consenso claro.
Lo que sí parece evidente es que el clima entre los clubes rebeldes y la UEFA nunca se ha normalizado del todo. Aunque el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que la UEFA había abusado de su posición dominante al intentar bloquear la Superliga, el organismo presidido por Aleksander Čeferin mantuvo un discurso ambiguo, aceptando la sentencia, pero insistiendo en que defendería “la integridad del fútbol europeo”. Desde entonces, la relación con Madrid y Barça ha sido fría, distante y cargada de recelos. La eliminación de ambos clubes en circunstancias tan controvertidas ha reavivado la idea de que la UEFA no ha olvidado ni perdonado por mucho que el proyecto de crear la NBA del fútbol europeo haya quedado guardado en un cajón.
En España, la reacción ha sido inmediata. Las portadas de los principales diarios deportivos han coincidido en señalar la “extraña coincidencia” de que los dos clubes más críticos con la UEFA hayan sido eliminados de forma tan polémica. En tertulias y redes sociales, la palabra “vendetta” se ha repetido con insistencia. Incluso algunos dirigentes, sin señalar directamente al organismo europeo, han dejado entrever su malestar. “Hay decisiones que condicionan competiciones enteras”, declaró un directivo del Barça bajo anonimato. Además, el presidente Joan Laporta se despachó contra el arbitraje sugiriendo una persecución contra los blaugranas. Desde el Real Madrid, aunque no se ha emitido un comunicado oficial, se filtró que el club considera “inexplicable” el criterio arbitral aplicado en su eliminatoria.
La UEFA, por su parte, ha respondido con un silencio calculado. No ha emitido comunicados específicos sobre las jugadas polémicas, limitándose a recordar que los árbitros y el VAR actúan con independencia y que los errores (si los hubiera) forman parte del juego. Sin embargo, la falta de explicaciones detalladas ha alimentado aún más las sospechas. En un contexto tan cargado, la ausencia de transparencia se interpreta como una señal de que algo se quiere ocultar.
El debate ha trascendido lo deportivo. Algunos eurodiputados españoles han pedido que se investigue si la UEFA está ejerciendo represalias encubiertas contra los clubes que impulsaron la Superliga. Aunque la petición no tiene recorrido formal por ahora, refleja el nivel de crispación que ha alcanzado el asunto. La Superliga, que parecía un proyecto enterrado hace dos años, ha vuelto al centro del escenario, impulsada paradójicamente por quienes intentaron frenarla.
Para los aficionados, la sensación es amarga. Muchos sienten que la competición ha perdido credibilidad y que las decisiones arbitrales, lejos de aclarar el juego, lo han enturbiado aún más. Otros, en cambio, creen que se está exagerando y que los errores arbitrales siempre han existido. Pero incluso entre estos últimos hay una percepción creciente de que la UEFA debería ofrecer explicaciones más sólidas para evitar que la sombra de la sospecha siga creciendo.
Lo cierto es que la eliminación de Madrid y Barça no solo afecta a la Champions de esta temporada. También reabre un conflicto que parecía dormido y que amenaza con dividir de nuevo al fútbol europeo. Si la Superliga buscaba argumentos para justificar su existencia, la polémica arbitral de estas eliminaciones le ha proporcionado munición inesperada. Y si la UEFA pretendía cerrar definitivamente aquel capítulo, lo ocurrido ha tenido el efecto contrario.
El fútbol europeo vuelve a estar en guerra fría. Y esta vez, la batalla no se libra en despachos ni tribunales, sino en el terreno de juego, donde cada decisión arbitral se interpreta como un movimiento estratégico. La pregunta ya no es si hubo errores, sino si hubo intención. Y mientras esa duda siga viva, la herida entre la UEFA y los clubes rebeldes seguirá abierta.
