Trump y Putin engañan al mundo con su teatrillo de variedades

Más allá de las bravuconadas de los dos mandatarios sobre la Tercera Guerra Mundial, lo único cierto es que la invasión de Ucrania y el petróleo de Venezuela son negocios redondos para ambos

11 de Enero de 2026
Actualizado el 12 de enero
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Trump y Putin en una imagen de archivo
Donald Trump y Vladimir Putin en un momento de su reunión en Alaska | Foto: The White House

Por momentos, da la sensación de que Trumputin, ese ente distópico formado por Donald Trump y Vladímir Putin, toma decisiones en comandita y como parte de un guion diseñado de antemano.

La reconfiguración del orden internacional, el reparto del mundo entre las tres superpotencias (Estados Unidos, Rusia y China), es un hecho. Estamos ante el mapa de las tres esferas de influencia. Trump se queda con el Hemisferio Occidental; Putin con Ucrania y Europa; Xi Jinping con Asia. Y entre tanto, el magnate neoyorquino y el oligarca ruso metiendo miedo a la humanidad con la Tercera Guerra Mundial. No hay pruebas verificables y concretas de que exista esa estrategia coordinada entre ambos mandatarios para generar pánico global y facilitar conquistas territoriales. Pero algunos indicios apuntan a esa dirección. El primero de ellos, la tibia reacción o incluso el silencio de Moscú a la hora de responder a las violaciones del Derecho internacional en Venezuela por parte de Trump. Más tarde, en las primeras horas tras la captura de los petroleros vinculados a Venezuela, la reacción oficial rusa fue más bien moderada, lo que generó esa impresión de silencio. Es cierto que legisladores del Kremlin calificaron la incautación de los buques como “piratería descarada” y pidieron una respuesta firme. Pero llamó la atención que el gabinete de Putin se limitara a pedir un buen trato para los capturados y su pronta devolución a Rusia. La antigua URSS nunca hubiese reaccionado con tanta prudencia e incluso cierto respeto reverencial hacia los Estados Unidos de América. El apresamiento de un buque ruso hubiese sido motivo suficiente para poner en alerta máxima al Ejército bolchevique, el Teléfono Rojo habría echado chispas y ambas superpotencias se habrían colocado en situación de DEFCON 2, es decir, un nivel anterior al estado de máxima alerta tal como ocurrió con la crisis de los misiles cubanos entre el 16 y el 28 de octubre de 1962.​ Esa tensión no se ha producido en la gran crisis de 2026. Como si el guion estuviese escrito con antelación.  

Rusia se ha limitado a criticar la operación estadounidense y a afirmar que el buque tenía permiso temporal para usar bandera rusa. Un indicio racional para pensar que Trumputin, esa entente entre ambos personajes distópicos, tiene un plan secreto. Sin duda, esa hoja de ruta tendría que ver con el respeto de cada país al otro en sus respectivas esferas de influencia. Trump deja hacer a Putin en Ucrania y Europa y a cambio Putin hace la vista gorda en el patio trasero Sudamericano de los Estados Unidos. Desde ese punto de vista, todo lo que ve la opinión pública no es más que parte de un teatrillo de variedades. Washington y Moscú juegan a hacerse los ofendidos por las invasiones y tropelías del otro, llevan a cabo una representación con cruce de comunicados, pero en realidad todo está acordado entre bambalinas. Ninguno de los dos pisará la manguera al otro. Menos teniendo en cuenta que toda esta performance del nuevo desorden internacional no es más que una función tramada por dos oligarcas para poder seguir haciendo dólares y rublos, para poder aumentar el botín, para levantar los dos emporios más gigantescos de la historia. Habrá que ver dónde están ambos magnates en las próximas listas de la revista Forbes sobre los hombres más ricos del planeta. A buen seguro que en las primeras posiciones. La guerra de Ucrania y el control del petróleo de Venezuela se antojan dos de los negocios más lucrativos jamás tramados. Mientras los medios de comunicación hablan de la Tercera Guerra Mundial, mientras se habla de invasiones y submarinos nucleares y la opinión pública global vive aterrorizada con el cataclismo y el fin del mundo, ellos van hacendo caja. Nunca antes se vio una estafa mejor tramada.

Medios internacionales señalan que la captura del petrolero por parte de barcos de la Marina norteamericana rompe la estrategia rusa de reabanderar su “flota en la sombra” o “flota fantasma” para romper el bloqueo yanqui en aguas del Caribe y seguir comerciando con Venezuela. Diversas informaciones apuntan a que Rusia pretendía llevar armas a Caracas ocultas en un doble casco, al tiempo que ese mismo petrolero transportaría miles de toneladas de crudo de vuelta a las costas rusas. Un intercambio que la Casa Blanca, aparentemente, ha dado órdenes de cortar por lo sano. Pero todo forma parte del juego, de la pantomima.

Según análisis de Deutsche Welle, Rusia habría apoyado militarmente a Maduro en el pasado. Sin embargo, ha decidido no intervenir ni protestar con contundencia cuando EEUU lo capturó y lo trasladó a Nueva York junto a su esposa, Cilia Flores, bajo el cargo de conspiración para el terrorismo y el narcotráfico. Esto sorprendió incluso a los analistas más expertos, que empezaron a pensar que el vínculo entre Trump y Putin es más estrecho de lo que cabría esperar.

Rusia se encuentra en un momento de vulnerabilidad estratégica. La guerra en Ucrania consume recursos económicos y efectivos militares. Abrir un frente diplomático o militar en América Latina sería costoso y arriesgado para Rusia. Su “flota fantasma” es una performance muy bien tramada, pero sirve para poco, ya que no logrará aliviar el sufrimiento de los venezolanos por culpa del embargo de petróleo. La incautación del petrolero ruso ha puesto al descubierto la táctica del Kremlin para evadir sanciones. Pero Moscú no parece demasiado contrariado ni interesado en escalar el incidente para convertirlo en un conflicto mayor, especialmente cuando Washington está actuando con contundencia en el Caribe.

Putin ha llevado a cabo invasiones y violaciones del Derecho internacional con fines geopolíticos propios, especialmente en Ucrania. Trump ha hecho la vista gorda. Estados Unidos prevé invadir Groenlandia, Rusia en ningún momento ha advertido a la Casa Blanca para que no dé ese arriesgado paso. Todo es demasiado raro. Cabe la posibilidad de que Putin pudiera estar evaluando si Maduro es recuperable como aliado; si vale la pena invertir capital político en un régimen zombi como el chavista; y cómo usar la tensa situación para negociar con la Casa Blanca en otros frentes. Pero de cualquier forma el “silencio” del Kremlin no es casualidad: forma parte del plan puesto en marcha en la Cumbre de Alaska de 2025. Algo no encaja aquí. Tanto tacto, tanto respeto y tanta prudencia entre ambas superpotencias no forma parte de la tradición de competencia a muerte y enfrentamiento, sobre todo durante la Guerra Fría. Así que todo podría ser parte de una estrategia más compleja: el mayor montaje de la historia de la humanidad urdido y protagonizado por dos tipos que van de duros, Trump y Putin, y que han trazado las fronteras de sus respectivos territorios con tiralíneas para repartirse el planeta. Y a todo esto, China también guarda un elocuente silencio.

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