Donald Trump ha sido evacuado de manera urgente este sábado de madrugada mientras se celebraba la tradicional cena de corresponsales de la Casa Blanca después de que un hombre armado, que fue interceptado y detenido, intentara entrar en el recinto. Los centenares de asistentes a la cita, que incluían a la plana mayor del Gobierno, tuvieron que ser evacuados. El autor del presunto atentado es Cole Allen, un maestro californiano con un grado de ingeniero, un máster en computación y que desarrollaba videojuegos. Se trata del tercer intento de magnicidio en dos años. El ataque en el Hotel Hilton se suma al del tirador descubierto en su campo de golf en Florida y al disparo que le rozó una oreja durante un mitin de campaña en el verano de 2024.
Curiosamente, todos los atentados contra Trump llegan cuando el presidente norteamericano atraviesa por sus peores índices de popularidad. Hace solo unos días, una encuesta de la CNN revelaba que el índice de aprobación de Trump en materia económica ha descendido hasta un nuevo mínimo, en especial tras la guerra de Irán. En materia de gestión económica, su apoyo ha caído hasta el 31 por ciento y millones de norteamericanos no aprueban ya sus medidas como la imposición de aranceles y la expulsión de inmigrantes. Pero es el asunto de la guerra el que más pesa sobre el magnate neoyorquino. Trump llegó a la Casa Blanca prometiendo que Estados Unidos no se metería en un nuevo conflicto bélico. Ahora empieza a pagar su gran mentira en los sondeos de opinión.
Lo cierto es que cada atentado frustrado reactiva el debate sobre la seguridad en torno al presidente y genera un impacto inmediato en la conversación política nacional. En varios reportajes se menciona que, cuando la popularidad de Trump experimenta descensos (ya sea por decisiones controvertidas, tensiones internas en su partido o crisis económicas), cualquier episodio relacionado con su seguridad adquiere una dimensión mayor. Estos acontecimientos tienden a modificar temporalmente la percepción pública, ya que generan un cierre de filas entre sus seguidores de MAGA y aumentan la atención mediática. Cuando el gurú se siente atacado por el enemigo, las encuestas mejoran.
Los atentados contra Trump suelen producirse en contextos de elevada polarización. Estos episodios actúan como un punto de inflexión que altera el ritmo político (muchas veces en plena campaña) y obliga a replantear estrategias comunicativas.
Tras el atentado, Trump explicó en una rueda de prensa en la Casa Blanca que el atacante era un “loco” y un “lobo solitario” que no llegó a traspasar el perímetro de seguridad en el que el mandatario cenaba acompañado de la primera dama, Melania Trump, el vicepresidente, JD Vance, y centenares de periodistas y miembros del mundo de la política de Washington. Los servicios de seguridad del líder yanqui empiezan a estar acostumbrados a este tipo de episodios violentos. De hecho, es la tercera vez que se produce un incidente de estas características contra el mandatario estadounidense. Pocos dirigentes a lo largo de la historia del país han sufrido tal cantidad de atentados. Y la legislatura aún no ha llegado al medio mandato.
La fiscal general de Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, ha señalado en una rueda de prensa posterior que el atacante ingresó en el perímetro de seguridad armado con una escopeta y se encuentra “vivo” y hospitalizado y bajo vigilancia tras ser neutralizado en los mismos pasillos del Hotel Washington Hilton donde se celebraba la cena de la Asociación de Corresponsables de la Casa Blanca. Un miembro del Servicio Secreto, responsable de la seguridad del presidente, ha resultado herido tras ser alcanzado en el chaleco antibalas, pero se encuentra bien.
Mientras tanto, Trump ha compartido a través de su red social, Truth Social, una serie de imágenes y un vídeo que muestran el momento de la detención y la persecución del sospechoso del tiroteo ocurrido durante la cena. Los mensajes publicados por el mandatario carecen de texto adjunto y se limitan a la difusión de material visual sobre el incidente. A esta hora, reina la confusión en Washington. Nadie se explica cómo un terrorista armado hasta los dientes puede llegar hasta la cocina en una cena de gala. Todo resulta muy extraño y circulan especulaciones de todo tipo por la capital norteamericana.
Por su parte, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, condenó este domingo el intento de ataque y señaló que “la violencia nunca es el camino”. Sin duda, la Casa Blanca espera rentabilizar el atentado con una subida de los maltrechos índices de popularidad del mandatario republicano. Trumpismo en estado puro.
