La OTAN está lista para actuar contra los ataques híbridos en Ceuta y Melilla

"Si España en algún momento decidiera invocar el artículo 5 por algo que ocurriera en Ceuta y Melilla, la Alianza respondería", señaló con contundencia Javier Colomina, el español con más poder en la OTAN

18 de Septiembre de 2026
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OTAN Marruecos Ceuta
Soldados en unas maniobras de la Alianza Atlántica | Foto: Flickr OTAN

Las palabras se pesan en balanzas de precisión en el ámbito de la diplomacia militar. Una coma fuera de sitio o un adjetivo mal puesto pueden valer más que un batallón entero en el campo de batalla. Durante décadas, la gran pregunta incómoda sobre la mesa de los analistas de inteligencia ha sido siempre cómo reaccionaría la OTAN si Marruecos ataca Ceuta o Melilla. Esta cuestión se ha vuelto a poner sobre la mesa tras el ataque híbrido del 30 de julio. 

El viejo Tratado de Washington, redactado allá por 1949 entre el humo de los puros de la Guerra Fría, dejó a los dos enclaves españoles en el norte de África fuera del mapa de protección explícita del famoso Artículo 5, el que dice que un ataque contra uno es un ataque contra todos. Vamos, que en el papel, las ciudades autónomas se quedaron colgadas. Pues bien, ese dogma burocrático acaba de saltar por los aires.

El encargado de ponerle cascabel al gato ha sido Javier Colomina, hoy por hoy el español con más galones políticos en la cúpula atlántica como representante para la Vecindad Sur. Colomina se plantó en Madrid, en la sede del CESEDEN, y habló sin los rodeos habituales de la moqueta oficial. Llevábamos un mes y medio de silencio tras el último ataque híbrido de Marruecos, y la pregunta flotaba en el aire.

La respuesta de Colomina fue al grano. Olvídense de los tanques cruzando fronteras; hoy la guerra se juega en la llamada "zona gris". Hablamos de la famosa guerra híbrida. Un terreno pantanoso donde no hay misiles, pero sí ciberataques, campañas de desinformación y, sobre todo, miles de personas desesperadas utilizadas como auténticas armas humanas para apretarle las tuercas al vecino. Y la OTAN ya ha dejado escrito en sus papeles que una ofensiva de este tipo también puede encender las alarmas de la defensa colectiva.

Es verdad que el mapa militar de la Alianza sigue sin incluir formalmente a las dos ciudades en el área geográfica del Mando Supremo. Nadie ha tocado esa letra pequeña. Pero en Bruselas, la política manda muy por encima de los mapas antiguos. Allí no hay botones automáticos ni algoritmos que se activen solos. Si las cosas se ponen feas en Ceuta o Melilla, España solo tiene que pedir la llamada al Consejo Atlántico y poner las cartas sobre la mesa.

Y Colomina no albergó la menor duda: si Moncloa levanta el teléfono e invoca el Artículo 5 por lo que ocurra en el norte de África, los socios van a responder. Punto. No por caridad, claro, sino porque Madrid se ha ganado el puesto enviando tropas, pagando facturas y arrimando el hombro en casi cada misión que la Alianza ha puesto en marcha en los últimos años.

El mensaje no es menor, sobre todo para Marruecos, porque quien crea que puede utilizar la migración como una palanca de chantaje sin despeinarse, que se lo piense dos veces. La OTAN ha mandado un aviso para navegantes: en los tiempos de la guerra híbrida, la seguridad de un aliado no se trocea. Y cuando se aprieta a España en su frontera sur, se está apretando a todo el bloque.

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