Los altos mandos militares españoles ya no pueden disimular la inquietud. Lo que durante años se disfrazó bajo el eufemismo de una simple modernización del Ejército Real de Marruecos ha adquirido las proporciones de una febril carrera armamentística trazada con una precisión matemática. Con el Estrecho de Gibraltar como telón de fondo y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla bajo la constante presión de la reivindicación soberanista falsa, el reino alauita no está simplemente renovando sus arsenales, sino que está articulando un complejo industrial-militar diseñado para la eventualidad de un conflicto bélico de alta intensidad contra España.
El último movimiento roza la ironía de la historia militar. Mientras la administración española avanza con lentitud en el despliegue de sus propios blindados, Rabat acaba de dar un salto cualitativo al integrar tecnología bélica de vanguardia en su nueva flota terrestre. A través de alianzas industriales que conectan la potencia de la India con el sofisticado complejo militar de Israel, el alto mando militar español observa la emergencia de una maquinaria de combate capaz de alterar de forma definitiva el equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo occidental.
La alianza del acero
El eje de esta metamorfosis operativa descansa en el blindado de combate de ruedas ocho por ocho denominado WhAP. Un gigante de entre 20 y 27 toneladas diseñado por el conglomerado indio Tata bajo los exigentes estándares de la OTAN. La operación, cuyo montante roza los 500 millones de euros por un lote inicial de 150 unidades, no se limitó a una compra tradicional de material bélico. Rabat exigió la apertura de una planta industrial a las afueras de Casablanca para ensamblar los vehículos en suelo propio. Garantizaba así la autonomía logística en caso de un escenario de aislamiento o hostilidad prolongada.
El blindado WhAP representa una amenaza anfibia y modular polivalente. Dotado con un motor de 600 caballos de potencia, tracción independiente y capacidad para transportar a once infantes plenamente equipados, el vehículo está diseñado para proyectar fuerza con rapidez en zonas costeras y cruces de ríos. La integración de sistemas de gestión del campo de batalla digitales de última generación permite que estas unidades operen interconectadas en tiempo real con la aviación y la artillería marroquí y convierten a la infantería en un estilete blindado de alta movilidad.
El establecimiento de capacidades industriales de defensa en el norte de África cambia la ecuación estratégica. Rabat ha dejado de ser un mero comprador para convertirse en un centro de ensamblaje de tecnología de combate que mira directamente hacia el norte, es decir, a España.
La torreta descartada por Madrid
Sin embargo, el elemento que transforma a este blindado en una plataforma letal es la incorporación de la torreta remota UT30MK2, un desarrollo de la empresa israelí Elbit Systems que será producido localmente por la empresa Moroccan Military Industry tras un desembolso superior a los 240 millones de euros. La contradicción resulta sangrante para la planificación defensiva española. Esta misma estación de armas fue evaluada y finalmente descartada por el Ministerio de Defensa español para equipar al blindado ocho por ocho Dragón del Ejército de Tierra. La cartera dirigida por Margarita Robles optó por una alternativa nacional.
Marruecos no ha tenido reparos en adoptar la tecnología que España desestimó. La torreta de perfil bajo y reducida firma radar monta un devastador cañón automático Bushmaster de 30 milímetros, capaz de perforar blindajes ligeros a gran distancia con una precisión quirúrgica. Está asistido por misiles guiados antitanque de largo alcance y un sistema de alerta láser integral. Con la construcción de una segunda planta de munición pesada en Sidi Yahya, al norte de Rabat, el estamento militar marroquí se asegura el suministro ininterrumpido de proyectiles y elimina así la dependencia de proveedores extranjeros en mitad de una escalada armada.
El paraguas antimisiles
El fortalecimiento de la fuerza mecanizada marroquí no se produce en el vacío. Se enmarca en una estrategia holística de soberanía militar activa. Abarca desde la adquisición de sistemas de defensa aérea de largo alcance, como la cúpula israelí Honda de David, diseñada para neutralizar misiles balísticos y drones a 300 kilómetros de distancia, hasta la modernización de sus vectores aéreos y marítimos.
La combinación de una potente sombrilla antiaérea con una fuerza de choque blindada de alta velocidad dibuja un escenario operacional en el que Marruecos busca disputar de tú a tú la capacidad de disuasión a las Fuerzas Armadas españolas. La velocidad a la que Rabat levanta fábricas de armas y suscribe alianzas tecnológicas con potencias extraeuropeas revela una preparación minuciosa. El objetivo de fondo no es la mera vigilancia fronteriza ni la lucha contra la inmigración irregular, sino la consolidación de un ejército moderno, autosuficiente y con capacidad ofensiva suficiente para sostener una guerra contra España por el control del Mediterráneo occidental cuando las circunstancias políticas así lo aconsejen.
El rearme de Rabat ha dejado de ser una hipótesis teórica. Cada blindado que sale de las cadenas de montaje de Casablanca y cada batería de misiles desplegada en la orilla sur del Estrecho añaden un nuevo eslabón a una cadena de preparación bélica, una cadena que observa a la Península Ibérica no como a un socio estratégico, sino como al enemigo al que hay que atacar.
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