La mayoría de los españoles cree que habrá guerra con Marruecos

Un sondeo publicado por Político revela que cerca del 60% de los españoles prevé una guerra con Rabat por Ceuta y Melilla en los próximos años

15 de Octubre de 2026
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Felipe VI Cupula Defensa Ceuta españoles
Reunión de Felipe VI con la ministra de Defensa y la cúpula militar para analizar la situación en Ceuta | Foto: Casa Real

A pocas semanas de las elecciones generales del 29 de noviembre, el impacto político y emocional del ataque híbrido lanzado por Marruecos contra Ceuta ha provocado que los españoles tengan prácticamente asumido que en los próximos años habrá un conflicto armado entre España y Marruecos. Los datos en exclusiva publicados por POLITICO, sobre un estudio elaborado por la firma independiente PF Global, muestran un mapa sociológico atravesado por el recelo. Un abrumador 58% de los españoles considera probable que las crecientes tensiones bilaterales por la soberanía de Ceuta y Melilla terminen derivando en un conflicto armado con Marruecos durante los próximos diez años.

El dato resulta todavía más elocuente cuando se observa la brecha generacional: tres de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 24 años ven factible un choque bélico en el Estrecho, una cifra que evidencia la desconfianza de las nuevas generaciones ante la agresividad de Rabat.

Grieta en el bloque progresista

La gestión frente a un ataque de guerra híbrida ha colocado al Gobierno de coalición en una posición de extrema fragilidad tanto en el frente interno como en el escenario internacional. En Bruselas, el intento de Moncloa por encuadrar el cruce masivo de personas como una simple maniobra de las "mafias migratorias" ha chocado frontalmente con la dureza del nuevo marco de contención que promueve la Unión Europea. Mientras la Comisión y los ministros del Interior debaten mecanismos de emergencia para neutralizar lo que muchos socios consideran el uso de la migración como un arma de presión híbrida, Pedro Sánchez camina en solitario, obstinado en descartar de forma pública cualquier implicación directa del régimen alauita.

Esa línea oficial contrasta duramente no solo con los informes de la inteligencia policial que señalaron la colaboración activa de agentes marroquíes en la orquestación del despliegue fronterizo o la entrada de buques de guerra en aguas españolas, sino con la postura de la propia oposición y de sus socios de Gobierno. El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha acusado abiertamente a Rabat de haber planificado la marejada humana con la complicidad omisiva de Moncloa. Incluso en las filas de Sumar se han elevado voces críticas contra la postura promarroquí del ala socialista del gobierno.

La fractura se extiende a las propias bases del PSOE, donde cerca del 47% de sus votantes admite que el escenario de un choque militar con Marruecos es una posibilidad real a medio plazo.

Consenso social sobre la amenaza marroquí

Sin embargo, el consenso social resulta apabullante en un punto clave: un 75% de los españoles afirma sin ambajes que Marruecos constituye una amenaza a la integridad territorial de España. Esta afirmación trasciende el eje tradicional de izquierda y derecha, cosechando respaldos masivos entre votantes de Vox (90%), del Partido Popular (85%), del Partido Socialista (64%) y de Sumar (61%).

Más aún, un abrumador 80% de los encuestados califica al país vecino como un riesgo de seguridad de moderado a significativo, situándolo muy por encima de potencias como Rusia (29%), Estados Unidos (24%) o China (11%).

Memoria en Sidi Embarek y silencio en Rabat

En medio de este clima de enrarecimiento institucional, la visita de Felipe VI a Ceuta y Melilla esta misma semana, la primera de la Corona española a las ciudades autónomas en casi dos décadas, adquiere una trascendencia histórica de calado internacional. Acompañado de una supervisión milimétrica desde Moncloa, el viaje de los Reyes busca sellar el compromiso incondicional del Estado con dos territorios golpeados por la incertidumbre económica y la destrucción de sus servicios básicos tras la sacudida veraniega.

El itinerario oficial ha incluido gestos cargados de simbolismo político que han sido seguidos con lupa a ambos lados de la frontera. El desplazamiento del monarca hasta el cementerio musulmán de Sidi Embarek, donde reposan al menos noventa personas que perdieron la vida intentando alcanzar el sueño europeo durante el ataque híbrido, ha sido calificado por analistas especializados como un puñetazo sobre la mesa diplomática. Un homenaje a las víctimas que retrata de paso la intransigencia de las autoridades marroquíes, empeñadas en rechazar de forma sistemática la repatriación de los cadáveres de sus propios nacionales, tal como confirmó la vicepresidenta ceutí Kissy Chandiramani.

Respuesta de Rabat

La firmeza institucional exhibida por el Palacio de la Zarzuela entronca con las contundentes declaraciones formuladas por la ministra de Defensa, Margarita Robles, quien zanjó cualquier debate recordando que la españolidad de Ceuta y Melilla es "incuestionablemente incuestionable". La respuesta de Rabat, hasta el momento, se ha caracterizado por una helada discreción diplomática.

En su única toma de posición pública tras los sucesos de julio, el rey Mohamed VI se limitó a señalar que la relación bilateral con Madrid encara "numerosos desafíos", al tiempo que en las localidades marroquíes colindantes como Castillejos se organizan movilizaciones de protesta para hacerlas coincidir con la conclusión del viaje real.

Pérdida de soberanía

El impacto de la permanente crisis diplomática con Marruecos ha terminado por socavar la certidumbre sobre el futuro de las plazas españolas en el norte de África. Aunque el 68% de los españoles confía en que España mantendrá la soberanía sobre Ceuta y Melilla de forma indefinida, existe un inquietante 17% de la población que cree que una de las dos ciudades, o ambas, acabará bajo control marroquí en los próximos veinte años.

Una cifra que se dispara hasta el 26% entre la juventud, revelando el calado del pesimismo identitario en las nuevas generaciones. La tensión que se respira en las calles de Ceuta actúa como el síntoma visible de un problema geopolítico estructural que la política de apaciguamiento del PSOE no ha conseguido solucionar.

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