María Corina Machado, el juguete roto de Trump

La líder opositora parecía la elegida para capitanear el tránsito a la supuesta democracia en Venezuela, pero ha caído en desgracia a ojos del emperador

04 de Enero de 2026
Actualizado a las 20:47h
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María Corina Machado ayer desde Noruega
María Corina Machado ayer desde Noruega

El pasado 31 de diciembre, vísperas de año nuevo, destacados jefes de la oposición venezolana adelantaron con convicción un mensaje para sus seguidores. María Corina Machado y Edmundo González Urrutia auguraron que el 2026 sería el año de la “consolidación de la libertad” en su país y aseguraron estar comprometidos con la “lucha” que mantienen desde que denunciaran un fraude en las elecciones presidenciales de 2024, cuando Nicolás Maduro fue proclamado presidente reelecto. Ayer, el augurio se convirtió en realidad cuando tropas del ejército de Estados Unidos, por orden de Trump, sacaron al presidente Maduro y a su esposa de su lujoso búnker y los condujeron hasta Nueva York, donde serán juzgados (y seguramente condenados) por narcotráfico y terrorismo.

Pero hay más datos que nos llevan a pensar que todo estaba encarrilado para colocar en el poder a Machado y Urrutia. El pasado 24 de diciembre, María Corina Machado prometió regresar a Venezuela y anticipó que informaría en los “próximos días” sobre los “nuevos pasos” para concretar una “victoria”. Curioso cuando menos. ¿Estaban al tanto de la operación militar yanqui Machado y González Urrutia? Cuesta trabajo pensar que no era así. Quizá Donald Trump no les informó de los pormenores y detalles del plan diseñado por el ejército estadounidense y los servicios de Inteligencia. Pero al menos tenían que saber que algo se estaba tramando, que un golpe certero para descabezar al dirigente chavista estaba en marcha y sería imparable.

“El 2026 será el año de la consolidación de la libertad de nuestra nación. Nuestro mensaje de fin de año para todos los venezolanos”, escribió la recién elegida Nobel de la Paz en un mensaje en X que acompañó con un video en el que aparece González Urrutia, quien reclama ser el “presidente electo” de las pasadas elecciones.

“El futuro de Venezuela no está en discusión. La decisión ya fue tomada por la gente y cuando una nación decide avanzar no hay marcha atrás, por más duros o imprevistos que sean los obstáculos avanzamos. Este camino exige paciencia y confianza mutua, pero es un camino firme y vamos a recorrerlo juntos, Venezuela va a cambiar y lo va a hacer bien”, añadió el opositor Urrutia, que insistió en que el 2026 “será el año de la consolidación de una nación”.

La opositora Machado anunció su salida del país este mes para recibir el galardón del Nobel, luego de pasar once meses en la clandestinidad tras sus denuncias de fraude, mientras que González Urrutia dejó Venezuela en septiembre del año pasado y se exilió en España tras denunciar una “persecución” en su contra luego de los comicios en los que a Maduro lo proclamó el organismo electoral competente sin difundir el desglose de los resultados tal como establece la ley.

Ayer, mientras los marines esposaban a Maduro y a su mujer y se los llevaban a ambos arrestados, al mundo entero le llamó la atención el silencio cómplice de María Corina Machado. Tanto es así que por momentos pareció que Venezuela estaba sumida en el vacío de poder, en el caos, en el desgobierno más absoluto. Nadie estaba al mando y la lideresa premio Nobel de la Paz aguardaba la venia para pronunciar su primer discurso a la nación como candidata del poschavismo y posible presidenta in pectore. ¿Estaba esperando instrucciones de Washington? Los indicios apuntan a que fue así. La musa de la derecha moderada es fiel al trumpismo, el Caballo de Troya infiltrado al servicio de Donald Trump. Sin embargo, y contra todo pronóstico cuando parecía que había llegado su día, el día histórico para Venezuela, ni siquiera se atrevió a salir al balcón para pronunciar unas palabras a los millones de venezolanos que esperaban una señal y que zozobraban entre la preocupación por un futuro incierto y el pánico a las bombas yanquis con el humo aún denso. Fue entonces cuando Trump apareció en escena en esa rueda de prensa para la historia en la que explicó los pormenores de la operación para detener a Maduro y confesó que no cree que Machado tenga “el apoyo y el respeto” suficientes del pueblo venezolano para capitanear una transición pacífica a la supuesta democracia instaurada por Washington. La elegida había perdido el favor del emperador. Sin duda, ha habido cambio de planes. Venezuela pasará a ser, a partir de ahora, un protectorado yanqui. Un Estado más de la Unión. Una colonia con jugosos recursos naturales a explotar por las grandes multinacionales estadounidenses. Una nación esclava de la metrópoli donde una defensora del liberalismo soberano, autónomo e independiente no tiene cabida. A Trump ha dejado de interesarle María Corina y llegada la hora de la gestión del posgolpe ya piensa en militares, tecnócratas y funcionarios fieles que sepan mantener el corral venezolano en orden, sumiso y sin sobresaltos. Mientras Maduro estaba en el poder, Trump alentó las ambiciones políticas de la opositora y Premio Nobel. Depuesto el líder chavista, la candidata ya no le es útil ni necesaria.

Lo que ha pasado en el país caribeño en las últimas horas no es el regreso de la libertad. Al contrario, ha sido un golpe de Estado violento preparado por una superpotencia con la colaboración del ejército traidor y la oposición interna y en el exilio. Pero partidos en la órbita trumpista como Vox ya están vendiendo ese día negro para la humanidad en el que el Derecho internacional fue pisoteado y enterrado, quizá para siempre, como una jornada gloriosa. Santiago Abascal, en su habitual tono populista, invitó al régimen “narcoterrorista de Maduro” a rendirse y evitar sufrimiento al pueblo venezolano, “al que ha torturado sin descanso y con brutalidad”. En el colmo del esperpento, Abascal añadió que “el mundo es hoy un poco más libre” y aseguró que su partido apoyará la restauración de la democracia en Venezuela en un día en el que Sánchez “debe estar muy preocupado porque la caída de Maduro es un golpe para la mafia sanchista más grande que la detención de José Luis Ábalos y Santos Cerdán”. ¿Democracia? A un golpe de Estado lo llama Abascal “democracia”. El sarcasmo del trumpismo hispano neofranquista no conoce límites.

“Maduro, narcotraficante, usurpador, asesino, te llegó tu hora” o “¡Libertad, libertad, libertad!”. Esas fueron algunas de las consignas coreadas por los venezolanos que se congregaron frente al Consulado de Venezuela en Madrid para celebrar la “caída” de Nicolás Maduro. “¡Qué viva Venezuela libre!”, gritaba un repartidor desde su bicicleta. A su vez, los partidarios del depuesto presidente se congregaron también, tal como ocurrió ayer en Caracas. Dos bandos irreconciliables. La sombra del enfrentamiento civil. La herida abierta que deja el golpe en la sociedad venezolana tardará décadas en cerrar.

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