En medio de la conmoción política provocada por la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, una de las voces que ha tratado de introducir calma y racionalidad dentro del PSOE ha sido la de Juan Lobato. Frente a las reacciones de sectores socialistas y del gobierno que apuntan a conspiraciones judiciales, el exsecretario general del PSOE madrileño ha optado por una posición mucho más institucional: defender la presunción de inocencia del expresidente, pero sin cuestionar el trabajo de la Justicia.
El posicionamiento de Lobato contrasta con parte del clima interno que se vive en el sanchismo, donde la imputación de Zapatero por su presunta relación con el rescate de la aerolínea Plus Ultra ha generado un fuerte impacto emocional y político. Precisamente por eso, el dirigente socialista ha pedido al partido evitar respuestas impulsivas o estrategias de confrontación con los tribunales.
Durante una entrevista en el programa El Objetivo de LaSexta, Lobato explicó que había leído el auto judicial y reconoció abiertamente el golpe anímico que la noticia supone para el PSOE. “Es un día muy duro para los socialistas”, afirmó, subrayando que Zapatero representa mucho más que una figura política para la militancia. Según señaló, el expresidente continúa siendo un referente “político, ideológico y emocional” por decisiones históricas tomadas durante su mandato, como el final de ETA o el impulso a importantes derechos sociales.
El exlíder madrileño admitió además que, dentro de los grupos de WhatsApp socialistas en los que participa, la primera reacción fue de “shock”, llegando incluso a pensar que podía tratarse de una información falsa. Con el paso de las horas, esa incredulidad dio paso a un sentimiento de tristeza y preocupación por el impacto que el caso puede tener sobre la imagen del partido.
Más allá del impacto emocional, las palabras de Lobato contienen un mensaje político de fondo dirigido al propio PSOE. El exdirigente socialista defendió que Zapatero ha actuado correctamente al expresar “confianza y respeto a la Justicia” en su comunicado público y sostuvo que esa debería ser también la línea oficial del partido. “Yo creo que el PSOE no puede responder con teorías de conspiración”, afirmó de manera tajante. A su juicio, quienes quieran ayudar políticamente al expresidente deberían hacerlo desde la defensa institucional y no desde ataques al sistema judicial.
La reflexión tiene especial relevancia porque las supuestas conspiraciones judiciales se han convertido en los últimos años en una herramienta política recurrente dentro de determinados espacios de la izquierda para denunciar supuestas persecuciones judiciales con motivación política. Lobato, sin embargo, marca distancia con esa estrategia y apuesta por una respuesta basada en la prudencia y el respeto institucional.
La advertencia de Lobato también pone el foco sobre una dinámica que se ha consolidado dentro del llamado “sanchismo” en los últimos años: la construcción de un relato político basado en la idea de una persecución constante contra el entorno de Pedro Sánchez y contra el propio PSOE.
Cada vez que una investigación judicial, una filtración o un escándalo político afecta al espacio socialista, sectores próximos a la dirección del partido reaccionan denunciando supuestas operaciones mediáticas, campañas de desgaste o conspiraciones impulsadas desde determinados ámbitos judiciales, económicos o periodísticos. Ese discurso ha servido en numerosas ocasiones como herramienta de cohesión interna y de movilización electoral.
La estrategia no es nueva en la política contemporánea. Construir un relato de asedio externo permite reforzar la fidelidad de la militancia y desplazar el debate desde el contenido de las acusaciones hacia la legitimidad de quienes las impulsan. En el caso del sanchismo, ese mecanismo ha sido utilizado especialmente en momentos de alta presión política, convirtiendo la idea de la “resistencia” en uno de los ejes centrales de su narrativa. Cuando un partido echa mano de ese tipo de narrativa, fundamentada o no, da sensación de debilidad. Ocurrió con la "causa general" de la que el PP afirmó ser víctima cuando surgieron los casos de corrupción. Ahora es el PSOE quien marca esa línea. ¿Hubo causa general contra el PP? Puede que sí, puede que no. La Justicia trabajó y condenó. ¿Hay lawfare contra el PSOE y Pedro Sánchez? Puede que sí, puede que no. Al final, la Justicia condenará o absolverá pero, de momento, todos los encausados, imputados, procesados, se llamen como se llamen, son inocentes hasta que haya sentencias.
Sin embargo, las palabras de Lobato suponen una enmienda implícita a esa lógica política. El exdirigente madrileño viene a advertir de que cuestionar de manera automática a la Justicia puede terminar erosionando la credibilidad institucional del PSOE y alimentar una deriva peligrosa para el propio sistema democrático.
Las declaraciones del exdirigente madrileño evidencian también las tensiones internas que atraviesa el socialismo español. La imputación de Zapatero afecta a una figura central en la identidad reciente del PSOE y obliga al partido a manejar una situación extremadamente delicada tanto en el plano político como emocional. En ese contexto, Lobato ha querido situarse en una posición intermedia: apoyo personal y político a Zapatero, pero rechazo frontal a convertir el caso en una batalla contra la Justicia. Una postura que, para muchos dentro y fuera del PSOE, introduce una dosis de lógica y contención en uno de los momentos más sensibles para el partido en los últimos años.