Hantavirus: la ciencia frente al espectáculo del miedo

El brote del crucero MV Hondius deja ya varios muertos y contagios confirmados, pero los expertos desmontan el alarmismo, los bulos y la utilización política de la crisis

09 de Mayo de 2026
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Hantavirus: la ciencia frente al espectáculo del miedo
El Hondius, portador de la plaga de hantavirus, en una imagen de archivo

El hantavirus es una enfermedad grave. Eso no está en discusión. Lo que sí debería discutirse seriamente es cómo una parte de la prensa digital, determinadas tertulias televisivas y algunos dirigentes políticos han convertido el brote del crucero MV Hondius en una mezcla de sensacionalismo, desinformación y oportunismo político que poco tiene que ver con la evidencia científica.

A día de hoy, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las autoridades sanitarias internacionales mantienen la vigilancia sobre el brote detectado en el crucero neerlandés MV Hondius, vinculado a la variante Andes del hantavirus, la única cepa conocida con capacidad de transmisión limitada entre humanos. Los últimos datos apuntan a al menos ocho casos asociados al brote, cinco de ellos ya confirmados por laboratorio, y tres fallecidos.

Sin embargo, la propia OMS insiste en que el riesgo para la población general sigue siendo bajo. Esa afirmación es esencial porque desmonta buena parte del discurso catastrofista que se ha difundido durante los últimos días.

Qué es realmente el hantavirus

Los hantavirus son una familia de virus transmitidos principalmente por roedores. La infección humana suele producirse al inhalar partículas contaminadas procedentes de orina, saliva o heces de animales infectados. La vía principal de contagio no es el contacto casual entre personas, ni el simple hecho de compartir espacios abiertos con un enfermo.

Ese dato básico ha quedado enterrado bajo titulares que han sugerido, de forma más o menos explícita, que Europa se encuentra ante “otra pandemia” o ante “un virus descontrolado”. La realidad científica es mucho más concreta y menos espectacular.

La cepa implicada en este brote es el virus Andes, asociado históricamente a Argentina y Chile. Es cierto que esta variante puede transmitirse entre personas, pero los propios estudios epidemiológicos muestran que se trata de una transmisión rara, limitada y asociada normalmente a contactos estrechos y prolongados.

Eso significa que el hantavirus no se comporta como la covid-19, ni como la gripe, ni como otros virus respiratorios de circulación comunitaria. No existe evidencia científica que permita hablar de contagios masivos indiscriminados.

El brote del MV Hondius

El MV Hondius partió de Ushuaia el 1 de abril de 2026 para realizar un recorrido por el Atlántico Sur y zonas polares. Durante el viaje comenzaron a aparecer los primeros síntomas compatibles con hantavirus entre varios pasajeros y miembros de la expedición.

Uno de los primeros fallecidos murió el 11 de abril a bordo del barco y, según distintas reconstrucciones posteriores, inicialmente no se sospechó la presencia del virus. Más adelante aparecieron nuevos casos y se activaron protocolos internacionales de rastreo y aislamiento.

El barco quedó retenido frente a Cabo Verde mientras la OMS, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y distintos gobiernos coordinaban la respuesta sanitaria. Finalmente, España aceptó la llegada controlada del buque a Canarias tras una petición formal de la OMS.

Los pasajeros serán desembarcados bajo protocolos epidemiológicos estrictos y los ciudadanos españoles serán trasladados al Hospital Gómez Ulla de Madrid.

Lo que sí está verificado científicamente

Hay varios hechos científicamente comprobados:

  • El hantavirus existe desde hace décadas y no es un virus nuevo.
  • La principal vía de contagio son los roedores infectados.
  • La variante Andes puede transmitirse entre personas, aunque de forma limitada y poco frecuente.
  • El brote del crucero es real y ha provocado fallecimientos.
  • Las autoridades internacionales consideran que el riesgo general para la población sigue siendo bajo.
  • No existe evidencia de transmisión comunitaria masiva.
  • No hay pruebas de mutaciones que indiquen una expansión explosiva del virus.

El virólogo Rafael Sanjuán, investigador del CSIC, ha explicado precisamente que “mientras el virus no mute, no habrá propagación” generalizada.

Esa frase resume el consenso científico actual: vigilancia sí, alarmismo no.

Los bulos más difundidos

Uno de los bulos más repetidos afirma que “el virus se transmite por el aire entre personas con enorme facilidad”. Eso es falso. El contagio entre humanos documentado para la variante Andes requiere normalmente proximidad intensa y mantenida.

Otro bulo recurrente sostiene que “Europa está ocultando una pandemia”. Tampoco existe ninguna evidencia que respalde esa afirmación. De hecho, la OMS, el ECDC y distintos gobiernos están publicando informes periódicos y coordinando medidas internacionales de rastreo.

También han proliferado falsos remedios milagro. Algunas cuentas en redes y determinados pseudomedios han difundido que el zinc, la ivermectina o suplementos vitamínicos “curan” el hantavirus. No hay evidencia científica sólida que demuestre eso.

El tratamiento sigue siendo fundamentalmente de soporte hospitalario intensivo, especialmente en los casos pulmonares graves.

Cómo se previene realmente

La prevención eficaz no pasa por el pánico, sino por medidas concretas y racionales:

  • evitar el contacto con roedores y sus excrementos;
  • ventilar espacios cerrados antes de limpiarlos;
  • no barrer en seco zonas contaminadas;
  • usar protección adecuada en áreas de riesgo;
  • aislar y monitorizar contactos estrechos de casos sospechosos.
  • Las mascarillas y los protocolos sanitarios no son prueba de una catástrofe inminente, sino herramientas preventivas normales en salud pública.

El contexto real en Europa

Otro aspecto manipulado es el supuesto “descontrol sanitario europeo”. Europa lleva décadas monitorizando hantavirus autóctonos distintos de la variante Andes. Los sistemas epidemiológicos europeos conocen bien este tipo de infecciones y tienen protocolos definidos desde hace años.

España, además, actúa bajo coordinación internacional con la OMS y el ECDC. El propio Ministerio de Sanidad ha explicado que la decisión de aceptar el desembarco del barco responde tanto al derecho internacional como a criterios humanitarios y sanitarios.

No se trata de “abrir las puertas al virus”, como algunos discursos han insinuado, sino de gestionar una emergencia sanitaria con control epidemiológico y supervisión médica.

El bochorno político de la derecha española

Lo más vergonzoso de esta crisis no ha sido únicamente el alarmismo mediático, sino la reacción de parte de la derecha española, que ha intentado convertir una operación sanitaria internacional coordinada por la OMS en munición partidista.

Mientras organismos internacionales, epidemiólogos y especialistas insistían en mantener la calma y aplicar protocolos científicos, algunos dirigentes políticos y determinados altavoces mediáticos optaron por alimentar miedo social y desconfianza institucional.

Las declaraciones del presidente canario, Fernando Clavijo, cuestionando inicialmente la llegada del barco a Canarias sin disponer todavía de toda la información técnica, reflejaron una deriva política extremadamente preocupante en plena crisis sanitaria.

Más grave aún ha sido el comportamiento de sectores políticos y mediáticos de la derecha que han tratado de presentar la acogida controlada del barco como si España estuviera permitiendo deliberadamente una amenaza sanitaria masiva. Ese discurso no solo contradice la evidencia científica y las evaluaciones de riesgo de la OMS, sino que alimenta el miedo irracional y erosiona la confianza pública en las instituciones sanitarias.

Resulta especialmente llamativo que quienes durante años reclamaron “responsabilidad” y “confianza en los expertos” utilicen ahora una crisis epidemiológica internacional para intentar desgastar políticamente al Gobierno incluso cuando la actuación española se produce bajo petición formal de la OMS y en coordinación con organismos europeos.

La salud pública no debería convertirse en un plató de tertulia ni en una herramienta de confrontación partidista. Porque cuando el miedo sustituye a la ciencia y la propaganda sustituye a los datos, el daño social puede ser casi tan peligroso como el propio virus.

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