Esta semana, el presidente argentino Javier Milei estuvo en España y se reunió con Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal, las dos figuras principales del trumpismo en España. El periodista Carlos Alsina hizo una reflexión muy acertada. “Había escuchado a Milei decir que él es amigo de Ayuso y de Abascal. Me pregunté si no deberían obligar a los políticos a no tener al menos un amigo que tuviera una ideología distinta a la suya y que les tocara un poco las narices, con la diestra o con la zurda. La turra que da Milei con los zurdos. ¿Milei, Ayuso y Abascal tendrán un grupo de WhatsApp llamado 'Los pateadores de culos zurdos'? ¿Hablarán por las noches para comentar cómo les ha ido el día? ¿Quedarán cuando uno de ellos esté decaído? ¿Se irán de vacaciones juntos? ¿Será que ahora se llama amistad a votar lo mismo?”. En medio del humor o la ironía, Alsina deja una reflexión muy profunda sobre determinadas alianzas.
No obstante, la cuestión es que si la visita de Milei a Madrid tenía como objetivo el potenciar las candidaturas del PP y de Vox, el resultado puede haber sido el contrario y los miembros del grupo 'Los pateadores de culos zurdos' hayan logrado el efecto contrario y fortalecer a Pedro Sánchez.
La sobreexposición retórica suele ser una trampa para quienes buscan cosechar titulares fáciles. Cuando el presidente argentino Javier Milei irrumpió de nuevo en el escenario político español arremetiendo duramente contra el presidente del Gobierno, la puesta en escena prometía ser un espaldarazo estratégico para las fuerzas de la oposición. Sin embargo, en los despachos de Ferraz no hubo nerviosismo, sino una calculada satisfacción. La física política demuestra a menudo que una embestida exterior de trazo grueso constituye el combustible más eficaz para un gobierno necesitado de cohesión interna y movilización social.
El despliegue de Milei en la capital española, salpicado de descalificaciones al jefe del Ejecutivo y guiños cruzados a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y al líder de Vox, Santiago Abascal, ha terminado provocando un efecto bumerán. Lejos de acorralar al gobierno socialista, la irrupción de la motosierra ultraliberal le ha brindado a Pedro Sánchez el regalo más preciado en el tablero electoral: un enemigo exterior perfecto con el que aglutinar al votante progresista y descolocar por completo la estrategia diseñada por Alberto Núñez Feijóo.
La bandera del 'orgullo zurdo'
Para entender por qué el paso de Milei por España supone una victoria táctica para el PSOE hay que fijarse en la dinámica de movilización del electorado de izquierda. Tras meses de desgaste legislativo, el bloque progresista necesitaba una causa aglutinadora. La escenografía del presidente argentino tachando al Gobierno de "dictador" o "liberticida" actuó como un resorte inmediato de cohesión ideológica.
La reacción del PSOE no se hizo esperar. Lejos de ponerse a la defensiva o encajonarse en el lenguaje burocrático, Ferraz desplegó lonas publicitarias y campañas digitales articuladas bajo el lema del orgullo zurdo. Al asumir el guante de la provocación, el relato socialista logró redefinir la contienda política en términos maniqueos y de alta intensidad emocional: el modelo del Estado del bienestar, la sanidad pública y la justicia redistributiva frente al recorte radical y la selva anarcocapitalista que encarna el visitante internacional.
Milei comete el error de pensar que la política europea se parece a la latinoamericana. Cuando atacas a un presidente en ejercicio desde una tarima extranjera con adjetivos hiperbólicos, no estás debilitando su gestión, estás regalándole la armadura de la soberanía institucional y unificando a toda la izquierda detrás de su figura.
La trampa de Ayuso y la incomodidad de Feijóo
Si en el PSOE la visita sirvió para cerrar filas, en la acera de la oposición la presencia del mandatario argentino reactivó grietas tácticas que la dirección nacional del Partido Popular intentaba disimular. La fotografía de Isabel Díaz Ayuso exhibiendo sintonía ideológica y complicidad mediática con el libertario situó a la Puerta del Sol en un eje mediático propio, desmarcado de la línea oficial de Alberto Núñez Feijóo.
Para la cúpula nacional del PP, la sobreexposición del discurso ultraliberal representa una distorsión seria de su mensaje de gestión y centralidad. Mientras Feijóo intenta proyectarse ante las clases medias urbanas y el electorado moderado como un gestor previsible y centrado en la economía real, la agenda mediática se vio secuestrada por proclamas ideológicas altisonantes sobre la destrucción del Estado y la desregulación absoluta.
Al dejarse arrastrar al terreno de la estridencia, el entorno de Génova pierde el control de la conversación pública, sino que permite que el PSOE reactive el miedo a una "ola reaccionaria global" y obliga a la dirección popular a dar explicaciones constantes sobre las posturas de sus dirigentes regionales.
Abascal y la guerra por el espacio de la impugnación
El impacto sobre Vox tampoco ha resultado del todo lineal. Aunque el entorno de Santiago Abascal pretendía utilizar la figura del presidente argentino como un catalizador para revitalizar su espacio y reafirmar sus alianzas internacionales, la simultaneidad de guiños de Milei hacia Ayuso desdibujó la exclusividad del apoyo.
La competición por ver quién aplaude con más entusiasmo las tesis de Milei ha terminado por atomizar la oferta de la extrema derecha y del trumpismo patrio en lugar de unificarla. Al repartir sus bendiciones entre Ayuso y Abascal, Milei atomiza la atención de su propio público y consolida la percepción de que la oposición española carece de una estrategia coordinada frente a Pedro Sánchez.
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