El Financial Times acusa al secretario de Defensa de Trump de hacer negocio con BlackRock poco antes de la guerra de Irán

El Pentágono niega que Pete Hegseth comprara acciones de defensa de un fondo inversor aprovechándose de información privilegiada

31 de Marzo de 2026
Actualizado a las 9:08h
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Pete Hegseth intentó comprar un fondo de acciones de defensa (IDEF) gestionado por BlackRock
Pete Hegseth, intentó comprar un fondo de acciones de defensa (IDEF) gestionado por BlackRock 

El secretario de Defensa de Trump, Pete Hegseth, intentó comprar un fondo de acciones de defensa (IDEF) gestionado por BlackRock poco antes de que la Casa Blanca diera la orden de atacar Irán, desatando el infierno en Oriente Medio, según el Financial Times. De esta manera, se confirmaría el uso de información privilegiada entre los grandes oligarcas norteamericanos para enriquecerse con la guerra. Trump tiene un problema.

El fondo inversión de BlackRock al que se refiere el Financial se enfoca en empresas que se benefician del aumento de gasto militar, incluyendo RTX, Lockheed Martin y Northrop Grumman. El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, calificó estas informaciones de “falsas y fabricadas”. Hegseth ha sido identificado como uno de los arquitectos de la línea dura contra Irán y defensor de la política de “paz a través de la fuerza” de Trump.

El polémico secretario de Defensa se ha visto envuelto en diversos escándalos desde su llegada al poder. Defendió a la multitud que tomó por asalto el Capitolio como “patriotas”, argumentando que habían “despertado ante la realidad de lo que la izquierda ha hecho” al país. Y en marzo de 2025, The Atlantic reveló que Hegseth compartió información sensible sobre ataques en Yemen en un grupo de Signal que incluía por error a un periodista. El incidente generó críticas y una intensa controversia sobre el manejo de información clasificada.

La escalada bélica entre Irán e Israel ha reconfigurado el tablero geopolítico de Oriente Medio, pero también ha activado un fenómeno recurrente en los grandes conflictos internacionales: la aparición de actores económicos que se forran con el drama de la guerra. En un contexto marcado por sanciones, volatilidad energética y movimientos especulativos, ciertos oligarcas (tanto dentro como fuera de la región) han encontrado oportunidades para incrementar su influencia y sus beneficios. En definitiva, para hacer negocio con el sufrimiento humano. Aunque los gobiernos implicados niegan cualquier aprovechamiento privado del conflicto, analistas económicos y organismos internacionales coinciden en que la guerra ha generado un ecosistema propicio para la acumulación de riqueza en manos de élites conectadas con sectores estratégicos.

La primera vía de enriquecimiento es la más evidente: la energía. Cada vez que aumenta la tensión en el Golfo Pérsico, el precio del petróleo y del gas se dispara. Irán, pese a las sanciones, sigue exportando crudo a través de redes opacas que involucran intermediarios, empresas pantalla y rutas marítimas alternativas. En este entramado, determinados oligarcas vinculados al sector energético actúan como intermediarios entre compradores asiáticos y productores iraníes.

La guerra ha elevado los precios internacionales, lo que multiplica los márgenes de beneficio de quienes operan en la sombra. Estos actores no solo obtienen ganancias directas por la venta de petróleo, sino que también se benefician de la especulación en mercados de futuros, donde la volatilidad es una oportunidad para quienes tienen información privilegiada o capacidad de influir en el flujo de suministros.

Además, las sanciones occidentales contra Irán han creado un mercado paralelo donde operan redes financieras y logísticas controladas por élites económicas. En este ecosistema, las restricciones no son un obstáculo, sino un incentivo para quienes controlan los canales alternativos. Empresarios con conexiones políticas en Teherán han consolidado monopolios de facto sobre importación de bienes esenciales, acceso a divisas, transporte marítimo, y distribución de productos estratégicos.

La guerra ha endurecido las sanciones y ha reducido la competencia, lo que permite a estos actores fijar precios más altos y controlar sectores enteros de la economía iraní. Organismos internacionales han señalado que este fenómeno no es exclusivo de Irán: en contextos de conflicto, las sanciones suelen fortalecer a las élites cercanas al poder, que se convierten en intermediarios indispensables.

El conflicto ha impulsado la demanda de sistemas defensivos, munición, drones y tecnología de vigilancia. Aunque Irán produce parte de su arsenal, depende de redes internacionales para obtener componentes electrónicos, materiales estratégicos y tecnología dual. En este terreno, oligarcas vinculados a empresas de defensa (tanto en Oriente Medio como en Eurasia) han visto aumentar sus beneficios.

La guerra también ha reactivado la demanda de sistemas antimisiles en países vecinos, lo que beneficia a conglomerados militares de Estados Unidos, Europa e Israel. Aunque estos actores no son “oligarcas” en el sentido clásico, sí existen inversores privados y fondos soberanos que incrementan su riqueza gracias al aumento del gasto militar regional.

Cada escalada militar provoca movimientos bruscos en los mercados financieros. Los inversores con capacidad de anticipación (o con acceso a información privilegiada) pueden obtener beneficios significativos mediante la compra de oro, adquisición de bonos soberanos considerados seguros, especulación con divisas, y movimientos en mercados de futuros energéticos. En este terreno operan tanto oligarcas de Oriente Medio como grandes fortunas globales. La guerra entre Irán e Israel ha generado un ciclo de volatilidad que, aunque perjudica a la economía real, es extremadamente rentable para quienes operan en mercados especulativos. Estamos ante la guerra como casa de apuestas, como mercado internacional, como zoco. En Irán unos mueren para otros saquen tajada y hagan fortuna.

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