Feijóo se pierde en su propio discurso

El líder del PP recurre a consignas gruesas sobre impuestos y corrupción mientras exhibe una debilidad política que ya no logra disimular

10 de Abril de 2026
Guardar
Feijóo se pierde en su propio discurso

Hay discursos que buscan convencer y otros que simplemente intentan tapar carencias. El de Alberto Núñez Feijóo pertenece cada vez más al segundo grupo. Mucha frase redonda, poco contenido y una torpeza política que empieza a ser estructural. Feijóo ha vuelto a lo que mejor maneja últimamente. El eslogan fácil. “Tú pagas y ellos se lo llevan”. Una frase pensada para circular, no para explicar nada. Porque detrás no hay desarrollo, ni datos, ni una propuesta concreta que sostenga esa acusación.

Es una forma de hacer política que parece improvisada incluso cuando está preparada. Se acumulan palabras grandes —corrupción, infierno fiscal, empobrecimiento— sin que haya un hilo que las ordene. Como si bastara con repetirlas para que funcionen.

El problema no es solo el tono. Es la falta de dirección. Feijóo lleva meses instalado en un discurso que no termina de definir qué alternativa ofrece. Critica los impuestos, pero no concreta cómo se sostendrían los servicios públicos con menos ingresos. Denuncia corrupción, pero lo hace desde un partido con un historial que, como mínimo, debería invitar a la prudencia.

No es estrategia, es inercia.

El recurso constante a la hipérbole revela más debilidad que convicción. Cuando todo es “infierno fiscal”, nada lo es realmente. Cuando todo es corrupción, el término pierde sentido. Y lo que queda es un discurso inflado que no resiste demasiado análisis.Feijóo intenta proyectar solvencia, pero tropieza en lo básico. Mezcla argumentos económicos con ataques personales, cifras sin contexto con promesas sin desarrollo. Da la impresión de que habla más para cubrir espacio que para ocuparlo políticamente.

Feijóo es el máximo exponente de la política como caricatura. Hay un momento especialmente revelador. La insistencia en que el Gobierno “protege a los que roban” mientras “cruje” a los ciudadanos. Es una acusación grave, pero formulada sin precisión, sin matices, sin sostén. Convertida en consigna.

Ese tipo de intervención no busca elevar el debate. Lo degrada. Lo convierte en un intercambio de frases diseñadas para titulares rápidos. Y ahí Feijóo se mueve con una incomodidad evidente. No tiene la agresividad calculada de otros dirigentes ni la claridad argumental que compensaría esa carencia.Lo que emerge es otra cosa. Una torpeza política que se repite. Frases que no terminan de encajar, ideas que se quedan a medio camino, ataques que no rematan.

Cuando intenta proyectar gestión, recurre a su etapa en Galicia con un relato simplificado. Bajó impuestos, mejoró servicios, todo funcionó. Sin entrar en matices, sin asumir contradicciones, sin explicar cómo se sostiene ese modelo en un contexto más amplio. Es un recurso automático.

El fondo del problema es más serio que el estilo. Feijóo no ha conseguido construir un liderazgo sólido a nivel estatal. Su discurso oscila entre la crítica dura y la promesa genérica sin encontrar un punto de equilibrio. Eso le obliga a sobreactuar. A endurecer el lenguaje para compensar la falta de perfil político claro. Pero esa sobreactuación no convence. Se nota forzada.

En un contexto donde la política exige precisión —en fiscalidad, en empleo, en servicios públicos—, responder con consignas resulta insuficiente. Y repetirlas no las convierte en mejores. Feijóo parece atrapado en una dinámica donde cada intervención busca impacto inmediato, pero deja poco recorrido. Mucho titular, poca estructura. Mucha acusación, poca alternativa.

Y así, intervención tras intervención, va consolidando una imagen que no es la que busca. No la de un dirigente sólido, sino la de alguien que aún no ha encontrado su lugar y trata de ocuparlo a base de frases que suenan más grandes de lo que realmente son.

Lo + leído