El tabaco es malo para la salud. De eso no hay duda alguna, pero también lo es el alcohol, los frutos secos, el azúcar, la sal, la bollería industrial, las bebidas energéticas, las medicinas, el chocolate o el café, por citar algunos productos legales sobre los que no se aplica la persecución que se perpetra contra el fumador. Sin embargo, en los diferentes gobiernos que ha habido en España, tanto del PSOE como del PP, siempre ha habido algún talibán o talibana que impone de manera unilateral, como hacen los regímenes autoritarios, que ha legislado para restringir la libertad de una parte de la población hasta unos límites insostenibles y, en muchos casos, ridículos.
El Estado recauda 7.300 millones de euros al año sólo por el concepto del impuesto sobre el tabaco. Ese dato es una cifra récord y no es que haya aumentado el consumo, sino que las subidas salvajes de precio, sobre las que las mentes privilegiadas quieren sostener la idea de que si el tabaco es más caro, la gente no lo comprará, lo único que hace es que el Estado cobre más.
Aquí está la hipocresía. Se parte de que el tabaco es malo para la salud, que provoca múltiples enfermedades, por eso se intenta acabar con su consumo. Sin embargo, cada vez se recauda más. Entonces, si tan malo es fumar, la solución es sencilla: prohibir su consumo y su venta, como está prohibida la cocaína, el hachís, la marihuana, la meta o la heroína. La diferencia respecto a estas otras drogas se mide en miles de millones de euros que el Estado dejaría de recaudar.
Estas políticas de prohibición o de subidas criminales en los precios tienen una consecuencia mucho más grave de lo que se les podría plantear a esas mentes cegadas por su talibanismo: la entrega del monopolio de la venta de tabaco a organizaciones criminales.
Es más, ya es un hecho tangible que ha levantado las alertas en la Unión Europea. Sólo en el año 2025, el consumo de tabaco de contrabando aumentó un 20% y ya supone un 44% del total de tabaco consumido. Los mayores incrementos se dieron, precisamente, en países como Francia, Países Bajos o Bélgica que, casualmente, fueron los más talibanes en la última década. En España, tras las normas lanzadas desde el Ministerio de Sanidad, el consumo de tabaco de contrabando se disparó en un 10% sólo en un año.
Así lo ha determinado el informe del Tribunal de Cuentas de la Unión Europea que ya cifra las pérdidas fiscales de los países por el tabaco ilegal en más de 13.000 millones de euros anuales.
Hay que tener en cuenta que la industria del tabaco ilegal se ha ido perfeccionando hasta niveles indescriptibles. Ya no se trata de las cajas de Winston escondidas en las bateas de Galicia, ni de los cartones de Marlboro que vendían los migrantes en el Metro o en la calle por 200 pesetas en los años 90 o principios del 2000, un tabaco que, por cierto, estaba seco. Ahora, las organizaciones criminales dedicadas el tabaco lo fabrican ellas mismas y lo distribuyen por todo el país. En España, ya ha habido varias operaciones de la Policía y la Guardia Civil contra este tipo de fábricas, como la que incautó recientemente más de 3 millones de paquetes. Y todo ello viene por las políticas de subida indiscriminada de precios o por medidas como, por ejemplo, la anonimización de las cajetillas.
La situación que está generando el talibanismo antitabaco de determinados políticos y políticas es muy grave. Se quiere arreglar un problema pero se está generando otro mucho más peligroso porque el Estado pierde el control de calidad de lo que la población consume, porque, se pongan como se pongan los talibanes, la gente va a seguir fumando ya que es algo que está dentro de la cultura social y los cambios culturales no se hacen de la noche a la mañana y, sobre todo, no tienen éxito si parten de la prohibición o la restricción.
El tabaco es malo para la salud, hay que insistir, pero para erradicar su consumo la política de la prohibición o la restricción no hace otra cosa que abrir un nicho de negocio a las mafias y las organizaciones criminales. Hay otros modos en los que hay que invertir y potenciar, terapias que ahora mismo están fuera del alcance de muchas personas y que tienen éxito. Los talibanes harían mejor en incidir en ese camino.
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