Ceuta: los migrantes no son los culpables, Marruecos sí

Reducir la situación de Ceuta a un problema asistencial es de una ceguera trágica. La migración no es la causa; es el arma. Rabat ha convertido la desesperación de su propia gente en un proyectil de precisión para apretar las tuercas a Madrid

22 de Septiembre de 2026
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Migrantes Ceuta Marruecos

Detrás de la imagen de casi 100.000 personas cruzando a nado el espigón de Ceuta no hay solo una tragedia humanitaria. Hay algo mucho más frío y calculado: la ejecución, paso a paso, de un ataque híbrido lanzado desde Rabat contra España. Pedro Sánchez lo definió a la perfección el 31 de julio: fue un ataque contra la soberanía española

Mientras Moncloa intenta maquillar la crisis hablándonos de cooperación, mantas, filiación y auxilio, Marruecos ha logrado su gran objetivo: sembrar el caos en Ceuta, desestabilizar la ciudad y dejar a España en una posición de fragilidad permanente.

El gran error del gobierno español ha sido la de adoptar una retórica edulcorada que pretende anestesiar a la opinión pública. Y no es una cuestión sólo del Ejecutivo de Pedro Sánchez, sino que por el aro de la chilaba de Mohamed VI o de Hassan II han pasado desde Juan Carlos I hasta Mariano Rajoy, pasando por Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, el mayor ataque híbrido contra territorio español se ha dado ahora. Cada vez que la frontera estalla, el Gobierno activa el mismo guion mecánico de solidaridad y diplomacia. Pero en las calles de Ceuta, donde la zozobra se respira a diario y la normalidad salta por los aires con cada rumor, la película es muy distinta.

Lo que estamos viendo no es una ola migratoria desbordada por casualidad. Es una operación militar híbrida de manual diseñada para poner en jaque nuestra soberanía.

Reducir esto a un problema asistencial es de una ceguera trágica. La migración no es la causa; es el arma. Rabat ha convertido la desesperación de su propia gente en un proyectil de precisión para apretar las tuercas a Madrid sin necesidad de disparar un solo tiro.

Porque la anatomía de este ataque es clara: el caos en Ceuta era el objetivo. El colapso de los servicios públicos, la tensión en las calles y la sensación de abandono no son daños colaterales. Estaban calculados al milímetro. La guerra híbrida no busca conquistar un territorio con tanques; busca romper la voluntad política del rival, asfixiar sus instituciones y forzar concesiones bajo la amenaza constante de la quiebra social.

Ahora bien, hay que tener mucho cuidado con la trampa moral que nos ha tendido el enemigo del sur.

El chaval que llega tiritando a la playa no es el culpable. No es el enemigo. Es la primera víctima de un régimen que no duda en usar a sus jóvenes como escudos humanos en esta partida de ajedrez. Criminalizar al que salta es un error ético y un fallo de análisis garrafal que desvía la atención del verdadero foco.

El enemigo de la estabilidad de España no está flotando en el agua; está sentado en los despachos de poder de Rabat. Es el Gobierno marroquí el que abre la mano, retira a sus patrulleras cuando quiere presionar y vuelve a cerrar la verja cuando consigue lo que busca.

Seguir respondiendo a esto con paños calientes y cheques de ayuda es una receta para el desastre. En el lenguaje diplomático, la debilidad se interpreta como una invitación abierta a redoblar el chantaje. Si cada embestida solo recibe como respuesta mensajes de calma y más partidas presupuestarias, Rabat seguirá usando la misma llave inglesa para apretar la tuerca.

Responder con dureza no significa abandonar el deber humanitario en la orilla; significa activar los dientes del Estado. Exige una presencia militar disuasoria y sin complejos en las ciudades autónomas, cortar los grifos de la financiación europea si no hay lealtad fronteriza y dejarle claro a la OTAN y a Bruselas que Ceuta y Melilla son fronteras aliadas bajo ataque.

El tiempo de los eufemismos se ha terminado. La política de apaciguamiento solo ha servido para fijar el precio de la siguiente provocación.

Si Madrid no reacciona con firmeza, el próximo salto no será de unos cientos de personas bordeando un espigón. Será una marea masiva e incontrolable pensada para desbordar definitivamente la presencia española en el norte de África. Marruecos ya sabe qué tecla tocar y conoce la debilidad de nuestro discurso. O respondemos con una verdadera estrategia de Estado (con fuerza legal, militar y diplomática) o Ceuta terminará siendo la primera pieza en caer en este tablero dominado por la ambición de Rabat.

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