Trumpismo con incienso: el funeral católico de Ayuso es un insulto a Andalucía y a las víctimas de Adamuz

El funeral católico impulsado por Ayuso por las víctimas de Adamuz, un acto ideológico con un fuerte tufo a trumpismo, no tiene otra intención politizar el luto y despreciar a Moreno Bonilla.

23 de Enero de 2026
Actualizado a la 13:14h
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Ayuso lobby ultra trumpismo

En política, la forma suele ser el fondo. Y pocas decisiones lo ilustran mejor que el funeral católico promovido por Isabel Díaz Ayuso en memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz. Lo que podría haberse presentado como un gesto de recogimiento se ha convertido, en realidad, en un acto político cargado de simbolismo excluyente, que muchos en Andalucía interpretan no solo como un error de sensibilidad institucional, sino como un insulto.

El accidente de Adamuz golpeó de lleno a Andalucía, con especial impacto en la provincia de Huelva, designada como sede del homenaje de Estado acordado entre el Gobierno central y la Junta de Andalucía. Ese consenso no era menor: representaba el reconocimiento de que las víctimas pertenecen a una comunidad concreta, con instituciones propias y con una ciudadanía plural que merece respeto.

La decisión de Ayuso de impulsar un funeral católico, presentado de manera hiperbólica como acto central de homenaje, rompe ese marco. No solo desplaza el eje simbólico fuera de Andalucía, sino que confunde deliberadamente un acto de Estado con una ceremonia confesional, algo especialmente delicado en un país constitucionalmente aconfesional y ante una tragedia que afecta a ciudadanos de distintas creencias y de ninguna.

Insulto a Andalucía y a Moreno Bonilla

El mensaje implícito resulta difícil de ignorar: Madrid decide, Andalucía acompaña. La iniciativa de Ayuso pasa por alto a la Junta de Andalucía, minimiza el papel de Juan Manuel Moreno Bonilla y desautoriza, en la práctica, la capacidad de las instituciones andaluzas para articular un duelo propio, digno y compartido.

No es solo una cuestión de protocolo. Es una jerarquía simbólica. Al pretender apropiarse del luto desde Madrid, Ayuso relega a Andalucía al papel de territorio afectado pero no protagonista, como si el dolor necesitara una capital política para adquirir relevancia nacional.

Para Moreno Bonilla, el gesto es particularmente incómodo. No solo queda eclipsado por una dirigente de su mismo partido, sino que aparece subordinado a una estrategia que no ha decidido ni controlado, y que puede erosionar su autoridad institucional en su propia comunidad.

Religión, poder y exclusión, la marca del trumpismo

El problema de fondo no es la religión en sí. Es su uso político. Un acto de Estado no puede celebrarse en un marco confesional sin excluir simbólicamente a parte de la ciudadanía. Las víctimas no son patrimonio de una fe, ni de una ideología, ni de una dirigente autonómica con proyección nacional.

Convertir el homenaje en una ceremonia católica no honra a todas las víctimas: selecciona, filtra y redefine el duelo. Y en un país diverso, esa elección es profundamente divisiva. La neutralidad institucional no es frialdad; es respeto.

Trumpismo castizo

Este episodio encaja con una pauta cada vez más clara: el trumpismo a la española que Ayuso encarna con creciente desparpajo. Como Donald Trump, confunde deliberadamente los límites entre institución y espectáculo, entre Estado y fe, entre duelo y mensaje político. La religión, en este marco, no es consuelo: es escenografía identitaria.

Trump utilizó iglesias, biblias y rituales como armas culturales. Ayuso hace algo parecido: sacraliza la política para reforzar un relato de poder, confrontación y centralidad. No se trata de rezar por las víctimas, sino de marcar territorio simbólico.

El duelo exige silencio, sobriedad y contención. Exige, sobre todo, no apropiarse del dolor ajeno. El funeral católico promovido por Ayuso no cumple ninguna de esas condiciones. Desplaza el foco, divide el homenaje y subordina a otras instituciones democráticas. En lugar de unir, fractura. En lugar de consolar, politiza. Y en lugar de respetar a Andalucía, la insulta. Y todo esto, mientras se estaba enterrando a los muertos. 

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