Renovables frente a la tormenta energética, el margen que España ha construido en tres décadas

El peso creciente de la eólica y la solar reduce la dependencia del gas y del petróleo en un momento de alta tensión geopolítica. El desafío ahora es almacenar la energía y electrificar más sectores de la economía

09 de Marzo de 2026
Actualizado a las 16:12h
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Renovables frente a la tormenta energética, el margen que España ha construido en tres décadas
Foto: FreePik

a escalada del precio del petróleo y del gas vuelve a colocar la seguridad energética en el centro del debate europeo. En ese contexto, España llega con una posición singular: casi treinta años de desarrollo de energías renovables que hoy actúan como un amortiguador frente a las sacudidas del mercado fósil. El reto ya no es tanto generar energía limpia como integrarla y almacenarla de forma eficiente.

Las crisis energéticas suelen recordar de golpe una verdad elemental: la energía es también una cuestión de soberanía económica. Cada subida del petróleo o del gas revela hasta qué punto muchos países dependen de decisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia. España ha ido construyendo, lentamente, una vía para reducir esa exposición. Sol, viento y agua, tres recursos abundantes en el territorio, se han convertido en la base de un sistema energético cada vez más apoyado en fuentes renovables.

Ese proceso comenzó hace más de dos décadas con el impulso de la energía eólica y se ha acelerado en los últimos años con el despliegue masivo de la solar fotovoltaica. El resultado es un sistema eléctrico en el que más de la mitad de la electricidad ya procede de fuentes renovables, una cifra impensable hace apenas quince años.

Las consecuencias no son solo ambientales. También tienen un efecto directo sobre la balanza energética.

En 2025, la generación renovable permitió evitar importaciones de combustibles fósiles por valor de unos 15.000 millones de euros, una cifra que da idea de la magnitud económica del cambio.

El sector se ha consolidado además como un actor industrial relevante: supone alrededor del 1% del PIB y emplea a unas 130.000 personas. Varias empresas españolas se han convertido en referentes internacionales en el desarrollo de parques eólicos y plantas solares, exportando tecnología y conocimiento a otros mercados.

Esa posición explica que España haya logrado entrar por primera vez entre los diez países de la Unión Europea con mayor cuota de energías renovables. El desarrollo de la generación renovable ha desplazado el foco hacia otro problema más complejo: cómo gestionar y almacenar esa energía.

La solar y la eólica tienen una característica conocida: su producción fluctúa. Hay momentos de gran generación ,días soleados o ventosos, y otros en los que la producción cae de forma brusca. Sin sistemas adecuados de almacenamiento, el sistema eléctrico puede encontrarse con excedentes que no puede aprovechar o con déficits que obligan a recurrir a centrales fósiles.

La prioridad ya no es únicamente instalar más capacidad renovable, sino invertir en baterías, redes inteligentes y centrales hidroeléctricas de bombeo capaces de almacenar electricidad y liberarla cuando la red lo necesita.

Las centrales de bombeo, que aprovechan embalses situados a distintas alturas para almacenar energía mediante el movimiento del agua, aparecen como una de las soluciones más prometedoras, especialmente en un país con relieve montañoso y una red hidráulica extensa.

Al mismo tiempo, el sistema energético afronta otra transición paralela: la electrificación de sectores que aún dependen de combustibles fósiles, desde el transporte hasta parte de la industria.

Ese proceso será determinante para consolidar la ventaja que el país ha acumulado en los últimos años. Porque el verdadero potencial de las renovables no reside solo en producir electricidad limpia, sino en convertir esa electricidad en el motor principal de la economía. En un escenario internacional marcado por la volatilidad energética, esa combinación, recursos propios, tecnología y capacidad industrial, empieza a perfilarse como uno de los activos estratégicos más silenciosos del país.

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