El relato de Isabel Díaz Ayuso sobre su salida precipitada de México ha sufrido un golpe decisivo. La presidenta madrileña había acusado al Gobierno de Claudia Sheinbaum de boicotear su presencia en los Premios Platino Xcaret y de amenazar con cerrar el complejo hotelero si acudía a la gala. Sin embargo, los propios organizadores han desmentido de forma rotunda esa versión: “Negamos categóricamente haber recibido amenazas o instrucción alguna por parte de la presidenta de nuestro país, Claudia Sheinbaum Pardo, o algún funcionario del Gobierno de México con respecto a la realización de los Premios Platino Xcaret”.
Ayuso sigue cavando más hondo en su ridículo internacional. El hotel de Riviera Maya donde se ha alojado y se hacían los premios niega ninguna presión y piden que le retiren la invitación para que deje de dañar al evento. Es dantesco.https://t.co/IazgBLUO4F https://t.co/NeMxE5WvFT pic.twitter.com/OV1NEtKY9i
— Manuela Bergerot (@manuelabergerot) May 8, 2026
La frase es demoledora porque desmonta el núcleo del comunicado difundido por la Comunidad de Madrid. No hubo, según Xcaret, amenaza del Gobierno mexicano, ni orden de Sheinbaum, ni instrucción de ningún funcionario. Lo que sí hubo fue una decisión de los organizadores para evitar que la gala, concebida como celebración cultural iberoamericana, terminara atrapada en una batalla política provocada por las declaraciones de Ayuso.
El comunicado de los Premios Platino explica que el evento “reconoce y honra lo mejor de las artes, la creatividad y la riqueza multicultural” de Iberoamérica y que busca promover “el respeto, la convivencia y la hermandad” entre los 23 países de la región. Precisamente por eso, los organizadores sostienen que pidieron retirarle la invitación a Ayuso “debido a las desafortunadas declaraciones realizadas por la representante de la Comunidad de Madrid los últimos meses”, para impedir que el acto fuera “utilizado como plataforma política”.
El bulo de la amenaza
El primer punto que queda desmentido es el más grave: la supuesta amenaza de cierre del hotel. La Comunidad de Madrid afirmó que el Gobierno mexicano había amenazado con cerrar el complejo si Ayuso acudía. Pero Xcaret lo niega “categóricamente”. No es un matiz. Es una rectificación de fondo que deja al Ejecutivo madrileño sin la principal prueba de su acusación.
El segundo punto falso o, como mínimo, no acreditado, es la idea de que Sheinbaum “expulsó” a Ayuso. No existe constancia de una expulsión administrativa, diplomática o policial. Ayuso no fue obligada oficialmente a abandonar México. Decidió cancelar su agenda después de que la controversia política hiciera inviable su presencia en una gala que no quería convertirse en mitin.
El tercer punto discutible es presentar la retirada de la invitación como censura. Los organizadores no le impidieron hablar en México ni cuestionaron su libertad de expresión. Lo que hicieron fue proteger un acto cultural de una utilización partidista. La libertad de expresión no obliga a un evento privado o cultural a convertirse en altavoz de una dirigente que llevaba semanas insultando políticamente al país anfitrión.
Sheinbaum y Hernán Cortés
También se han verificado las palabras atribuidas a Claudia Sheinbaum sobre Hernán Cortés. La presidenta mexicana criticó el homenaje al conquistador y afirmó: “Hernán Cortés acabó enterrado en México porque en España no lo querían”. Añadió que “aquí tampoco” y que “al final acabó ahí en el abandono”, antes de concluir: “imagínense la ignorancia de venir a hacer un homenaje a Hernán Cortés”.
La frase formaba parte de una crítica política e histórica a la reivindicación de Cortés por parte de Ayuso y sectores de la derecha mexicana. Sheinbaum recordó, además, que Cortés estuvo asociado a matanzas y atrocidades durante la conquista, un asunto especialmente sensible en México y que Ayuso convirtió en bandera ideológica durante su viaje.
México no estaba obligado a aplaudir a Ayuso
El comunicado de Xcaret deja clara otra cuestión: había malestar real en México con la visita de la presidenta madrileña. No porque alguien quisiera prohibirle entrar en el país, sino porque sus declaraciones previas fueron consideradas ofensivas por sectores de opinión mexicanos. Ayuso había equiparado a México con regímenes autoritarios, había hablado de “narcoestado” y había elevado la provocación política en un viaje que debía tener un perfil institucional y cultural.
Por eso resulta tramposo convertir el rechazo social o empresarial en persecución. En democracia, los dirigentes pueden hablar, pero también pueden recibir contestación. Y los organizadores de una gala cinematográfica tienen derecho a evitar que su evento sea secuestrado por una polémica ajena al cine.
Más Madrid acusa a Ayuso de victimismo
La portavoz de Más Madrid en la Asamblea, Manuela Bergerot, fue especialmente dura: “Después de hacer el ridículo internacional y quedar en evidencia por montarse unas vacaciones pagadas con dinero público en la Riviera Maya, Ayuso vuelve a lo de siempre, hacerse la víctima”.
Bergerot añadió que Ayuso “vuelve a Madrid porque ha quedado en evidencia” y porque “se ha pasado dos días sin agenda en el Caribe mientras el Gobierno de España, con la ministra Mónica García a la cabeza, está gestionando una emergencia sanitaria internacional”. La dirigente reclamó “responsabilidad y colaboración de todas las instituciones” ante la repatriación de los afectados por el hantavirus y pidió que el episodio sirva a Ayuso como “una cura de humildad”.
Un comunicado que deja en evidencia a la Puerta del Sol
La crisis ya no gira solo en torno al viaje. Gira en torno a la credibilidad institucional de la Comunidad de Madrid. Su comunicado acusó a un Gobierno extranjero de amenazas, boicot, deriva totalitaria y expulsión. Horas después, los organizadores del evento negaron la premisa principal.
El resultado es un choque diplomático innecesario, agravado por un lenguaje impropio de una administración pública. Ayuso viajó a México para hacer política de confrontación y terminó fuera de una gala cultural porque los anfitriones no querían que los Premios Platino Xcaret fueran convertidos en escenario de propaganda. Esa es la realidad que el comunicado de Xcaret ha dejado por escrito.