El negocio del granito y la ciudad que arde: por qué Madrid sigue cubriendo sus plazas de piedra

El negocio del granito crece mientras Madrid sigue apostando por un urbanismo mineral poco adaptado al calor

17 de Agosto de 2026
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El granito gallego cubre toda la Puerta del Sol de Madrid
El granito gallego cubre toda la Puerta del Sol de Madrid

Madrid tiene una larga historia de amor con el granito. El Escorial, los grandes edificios institucionales, bordillos, bancos, aceras y, durante las últimas décadas, extensiones crecientes de plazas y calles han convertido la piedra en parte de la identidad visual de la capital. Y no se trata solamente de una herencia histórica: en 2020, el Ayuntamiento destinó 6,3 millones de euros a rehabilitar pavimentos especiales de 25 calles del distrito Centro mediante nuevo enlosado y adoquinado de granito; la remodelación de Puerta del Sol volvió a elegir piezas de esta piedra en distintos formatos y tonalidades.

La pregunta es inevitable cuando las olas de calor se vuelven más largas: ¿por qué una ciudad que necesita desesperadamente sombra, permeabilidad y refrigeración continúa mineralizando enormes superficies?

La primera respuesta exige desmontar también aquí una idea demasiado sencilla. El granito no siempre se calienta más que el asfalto.

Los experimentos comparativos muestran que el asfalto oscuro puede alcanzar temperaturas superficiales considerablemente mayores. Un estudio de 2024 encontró que el pavimento de granito producía menor temperatura superficial y menor temperatura del aire que el asfalto. Otro trabajo experimental concluyó que el granito podía comportarse como una superficie relativamente fresca durante el día y, sin embargo, almacenar energía y liberarla después durante la noche por las propiedades térmicas de toda la estructura del pavimento.

El granito gallego cubre toda la Puerta del Sol de Madrid
El granito gallego cubre toda la Puerta del Sol de Madrid

El granito tiene otra trampa

El problema de Sol no consiste únicamente en determinar si el granito alcanza dos o cinco grados menos que el asfalto. Una plaza completamente mineralizada continúa recibiendo y devolviendo enormes cantidades de radiación solar cuando carece de sombra suficiente, vegetación y superficies permeables. Madrid terminó la reforma de su plaza más emblemática en 2023 y apenas dos años después tuvo que instalar una aparatosa estructura de mástiles y lonas para intentar corregir aquello que el proyecto no había resuelto. El propio Ayuntamiento reconoce en sus documentos posteriores la necesidad de incorporar esos elementos para reducir la isla de calor. El dato resulta demoledor desde el punto de vista de la planificación: el cambio climático no apareció en Madrid entre 2023 y 2025; era perfectamente conocido cuando se diseñó la plaza.

Esta aparente contradicción explica por qué discutir «granito sí o granito no» se queda corto. Importan el color, el acabado, el espesor, la capacidad de almacenamiento térmico, la reflectividad, la permeabilidad y, sobre todo, si la superficie está bajo un árbol o expuesta doce horas al sol.

Los estudios de espacios urbanos que han comparado granito, asfalto, hormigón, grava, césped y otros materiales llegan a una conclusión especialmente útil: la sombra de los árboles tiene una influencia mayor sobre el microclima y el confort de los peatones que el simple cambio entre muchos pavimentos minerales.

Detrás sí existe una gran industria

El granito tampoco llega espontáneamente a las calles. Existe detrás una industria poderosa, legal y perfectamente identificable. Galicia concentra aproximadamente el 80% de la industria española del granito y ocupa, según la Xunta, una posición destacada en el mercado internacional, con más de la mitad de su producción destinada a exportación.

Las empresas integradas en el Clúster del Granito declararon una facturación conjunta superior a 185 millones de euros en 2024 y alrededor de 4.500 empleos directos e indirectos. Sus exportaciones de granito elaborado alcanzaron 92,6 millones y las de granito bruto 26,7 millones, según las cifras del propio sector.

Y existe una conexión concreta con uno de los lugares más emblemáticos de Madrid. La empresa gallega Granilouro afirma haber suministrado y trabajado el granito utilizado en toda la nueva Puerta del Sol, desde pavimentos y adoquines hasta bordillos y otros elementos. La propia compañía exhibe la intervención como uno de sus proyectos destacados.

Esto permite responder a la pregunta «¿quién gana dinero con el granito?» sin necesidad de imaginar conspiraciones: canteras, transformadores, fabricantes, distribuidores y constructoras que participan en las obras públicas y privadas.

Pero después de investigar no hay evidencia que permita sostener que exista una trama oculta o un lobby clandestino que obligue al Ayuntamiento de Madrid a pavimentar la ciudad con granito. Los contratos municipales, además, están sometidos a procedimientos de contratación pública y existe un registro consultable.

El granito gallego cubre toda la Puerta del Sol de Madrid
El granito gallego cubre toda la Puerta del Sol de Madrid

Entonces, ¿por qué se sigue utilizando?

Porque el granito posee cualidades reales que los arquitectos y administraciones valoran: elevada resistencia, durabilidad, capacidad para soportar cargas, posibilidad de reparar piezas, continuidad estética con el centro histórico y una vida útil muy larga. El propio Ayuntamiento justificó las nuevas losas de Sol señalando que tendrían suficiente espesor para reducir deterioros y roturas, y en la plaza de Matute ha vuelto a utilizar granito argumentando comodidad, resistencia y durabilidad.

No todo granito es intrínsecamente difícil de limpiar. Eso depende del acabado, porosidad, juntas, manchas y tratamientos superficiales. El problema verdaderamente serio aparece cuando la durabilidad se convierte en el criterio dominante y se olvida el clima.

No hace falta expulsar el granito, sino expulsar las plazas minerales

El problema, por tanto, no es declarar una guerra absurda contra el granito, sino dejar de utilizarlo como solución casi automática para cubrir enormes superficies del espacio público. La contratación municipal debería exigir que cada nueva plaza o remodelación demuestre antes de aprobarse cómo funcionará durante una ola de calor: porcentaje real de sombra a diferentes horas, temperatura radiante, permeabilidad del suelo, capacidad de almacenar y evacuar agua, presencia de vegetación y temperatura nocturna de los materiales. La durabilidad y la estética ya no pueden seguir imponiéndose al confort térmico.

Puerta del Sol demuestra lo que ocurre cuando se hace al revés. Primero se construye una gran superficie mineral prácticamente sin protección solar y después se gastan recursos en añadir toldos desmontables que intentan aliviar solo una parte del problema, èro que no sirven para nada. Madrid no puede afrontar el calentamiento global convirtiendo cada error urbanístico en una nueva obra que gaste el dinero público para no solucionar nada. La adaptación climática tiene que estar dentro del proyecto antes de colocar la primera losa, porque dentro de veinticinco años lo importante no será que una plaza quede despejada y monumental en las fotografías del día de la inauguración, sino que un ciudadano pueda atravesarla en agosto sin sentir que la ciudad se ha diseñado contra él.

El granito probablemente continuará formando parte de Madrid. Tiene historia, industria y cualidades que justifican muchos de sus usos. Lo que no debería sobrevivir es el modelo de plaza completamente mineral, sin suelo vivo y sin sombra, porque dentro de veinticinco años el problema no será si la piedra resulta noble, monumental o fácil de mantener. Será algo mucho más elemental: si podemos cruzar esa plaza en agosto sin tener que huir de ella.

 

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