Las derechas españolas sueñan con liquidar el Régimen del 78

Los ultras le echan las cruces a Felipe VI por haber reconocido "abusos" de los españoles durante la conquista de América

18 de Marzo de 2026
Actualizado a las 10:15h
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Meme contra Felipe VI distribuido por Falange. La extrema derecha sueña con liquidar el Régimen del 78 para volver a la dictadura
Meme contra Felipe VI distribuido por Falange. La extrema derecha sueña con liquidar el Régimen del 78 para volver a la dictadura

Las palabras de Felipe VI sobre los “abusos” cometidos por los españoles durante la conquista de América han enervado a las derechas españolas. Tanto es así que en PP, Vox y Falange ya hay quien pide el derrocamiento de la actual dinastía por demasiado “roja”. En el mundo conservador se han pasado años acusando a las izquierdas de querer acabar con el Régimen del 78 y resulta que van a ser ellos, los supuestos patriotas, los más antimonárquicos y sediciosos con el actual sistema político, los revolucionarios que finiquiten ese invento de la Restauración que ni les va ni les viene. Ver para creer.

Cuando Podemos llegó al poder con el primer Gobierno de coalición de Sánchez, PP y Vox se llevaron las manos a la cabeza. Pablo Iglesias, el líder de los indignados, comunistas y bolivarianos era, sin duda, el hombre que iba a liquidar la Constitución que los españoles nos habíamos dado en la Transición. Y fueron ellos, los prebostes del mundo reaccionario, quienes se postularon como los auténticos defensores de la Carta Magna frente a la amenaza del bolchevismo republicano. Poco a poco vimos que en Podemos no había nadie con rabo y cuernos y que de estalinistas tenían más bien poco. Ellos no pasaban de ser un grupo de profesores, universitarios y funcionarios con inquietudes, pero escasos bríos revolucionarios, y ellas estaban a sus cosas del feminismo, o sea mucho Simone de Beauvoir y mucha discusión teórica bizantina sobre el movimiento queer, pero Marx ni catarlo.

Fue así como el diablo podemita se fue disolviendo entre la frustración de jóvenes y trabajadores que ahora, escarmentados ya de las promesas de cambio de la formación morada, se entregan desesperados a la extrema derecha. Hoy Podemos, por mucho que Ione Belarra se resista a aceptar la realidad y siga disparando cainitamente contra Sumar y Yolanda Díaz, ya no es nada. Apenas una reminiscencia del pasado, un recuerdo de lo que pudo ser y no fue, y poco más. Quienes llegaban para asaltar los cielos del bipartidismo se han quedado en una cuadrilla de antiguos alumnos de la Complu que se juntan en el Parlamento para jorobar a Sánchez y aparentar que siguen en la brecha. Jamás estuvieron a punto de darle el sorpasso al PSOE. Jamás tuvieron intención de liquidar el Régimen del 78 para avanzar hacia la Tercera República. Y en cuanto a sus pretendidas soflamas antimonárquicas, quedaban muy típicas como efímeros titulares para los escasos periódicos digitales izquierdistas de Madrid, pero en ningún momento supusieron amenaza alguna para la dinastía Borbónica española. Todo fue un gigantesco bluf que Sánchez supo rentabilizar políticamente y con habilidad estratégica.

La revolución antisistema de Podemos fue una cosa utópica, naíf, de patio de colegio, nada que ver con lo que estamos escuchando en las últimas horas por boca de destacados dirigentes de la extrema derecha de Vox y también de ese PP de Feijóo dócil, sumiso y entregado al nuevo fascismo sin complejos. En uno y otro partido ha sentado a cuerno quemado que Felipe VI haya reconocido los “abusos” cometidos por los españoles durante la conquista de América. En realidad, la declaración del rey se queda más bien corta, ya que el drama colonizador de las Indias supuso mucho más que unos cuantos “abusos”, tal como dice el monarca: fue un genocidio en toda regla cometido por una potencia invasora contra pueblos tecnológicamente menos avanzados (los últimos estudios hablan del exterminio de hasta el noventa por ciento de la población indígena original, es decir, varias decenas de millones de muertos por las guerras, el trabajo forzoso al que fue sometida la comunidad nativa y las enfermedades que les transmitimos). Todo ello (más el expolio del oro y las riquezas naturales) es razón más que suficiente para que, en algún momento, el rey de España pida perdón a nuestros países hermanos y lo haga sincera y honestamente. Sin embargo, y aunque esa disculpa oficial de la Casa Real por las atrocidades cometidas al otro lado del Charco no ha llegado aún ni llegará, la tímida asunción de culpa del monarca por los “abusos” perpetrados ha quemado la sangre patriotera de las derechas españolas. Y ya le han echado las cruces a Felipe VI.

La portavoz de Vox, Pepa Millán, mordiéndose la lengua para no entrar en conflicto institucional con Zarzuela, salió al paso para calificar la conquista de América como “la mayor obra evangelizadora y civilizadora de la historia universal”, reivindicando la labor de la Corona española y su “respeto a los derechos y la dignidad de todos los súbditos de entonces”. La mujer debe haberse dado tal atracón de Pío Moa César Vidal, o sea los revisionistas al servicio de la versión imperial y franquista del pasado, que ha perdido el contacto con la realidad de la historia. La versión de que la conquista fue una especie de excursión solidaria de los padres jesuitas al Nuevo Mundo, un desembarco de alegres y fraternales oenegés a bordo de la Pinta, la Niña y la Santa María –la flotilla de la paz de aquellos tiempos–, no se la cree ni ella. Más bien fue al contrario: hubo guerras, crímenes horribles, violaciones, mutilaciones, ejecuciones sumarísimas, mucha sangre y la sumisión de varios pueblos precolombinos ante el poderío militar de la fuerza invasora.

Más duro aún que Millán fue el ultra Hermann Tertsch, quien aseguró sentirse “estupefacto” por la versión histórica del rey alineada con quienes “solo buscan daño y desprecio para la historia de España”. El siempre exaltado eurodiputado tiró de demagogia barata y añadió: “Mucho abuso hay ahora por parte de un Gobierno criminal que saquea a los españoles”.

Mientras todo eso ocurría en el Parlamento español y en Bruselas, Feijóo se subía al carro de los patriotas indignados y calificaba de “disparate” el discurso autocrítico del monarca, así como su presentismo al analizar los hechos del siglo XVI con la perspectiva del siglo XXI, mientras reivindicaba su “orgullo” por el “legado español”. Casi al mismo tiempo, Falange (faltaba Falange para completar el déjà vu guerracivilista) publicaba un meme que daba la vuelta al mundo: un retrato de Felipe VI vestido como un rey inca o maya sobre un letrero durísimo: “Próxima estación, exilio”. El montaje iba acompañado de un tuit hiriente para la Casa Real: “Felipe, vete al Machu Pichu”. Tanto a unos como a otros, ya metidos en el mismo tanque, ya perfectamente alineados y en perfecta comandita, solo les faltó poner el retrato de Felipe VI boca abajo, tal como hacen los indepes con los odiados Borbones.

Solo el PSOE aplaudió las palabras del rey. El PSOE siempre más papista que el papa. Todo lo cual nos lleva a concluir que, en este momento trascendental para el país y para el mundo, las derechas ibéricas echadas al monte ya han roto política y sentimentalmente con la monarquía, pensando quizá en un caudillo como sustituto, en plan Franco. Y estos no van de broma ni son los utópicos podemitas. Hablan en serio, muy en serio, y en cuanto puedan mandan a Felipe VI a esparragar a las ruinas de Tenochtitlán.

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