Ferrol, la ciudad donde nació Francisco Franco, también fue una ciudad de resistencia contra la dictadura que encabezó. Una realidad histórica que durante décadas quedó eclipsada por la figura del dictador y que adquiere una nueva dimensión con su reconocimiento como Lugar de Memoria Democrática. La declaración, cuya publicación definitiva en el Boletín Oficial del Estado está prevista para este lunes, supone mucho más que una distinción institucional. Es el reconocimiento de una ciudad que sufrió la represión franquista, pero que también protagonizó algunas de las luchas más importantes por las libertades y los derechos laborales en España.
La iniciativa impulsada por el Ateneo Ferrolán, Ferrolterra Antiga, Fuco Buxán, López Bouza y Memoria Histórica Democrática, con el respaldo de especialistas en historia e investigación, ha permitido recuperar una parte esencial del pasado de Ferrol. El expediente comprende 22 espacios relacionados con la represión, la resistencia democrática, los archivos militares y los acontecimientos que marcaron la historia de la ciudad. No se trata de reescribir la historia, como acostumbran a denunciar quienes cuestionan las políticas de memoria democrática. Se trata, precisamente, de impedir que continúe incompleta.
Ferrol fue uno de los grandes centros militares e industriales de Galicia durante el siglo XX. Su arsenal, sus astilleros y su importante población trabajadora hicieron de la ciudad un escenario especialmente significativo tanto de la represión posterior al golpe de Estado de julio de 1936 como de la oposición social al franquismo.
La dictadura dejó fusilamientos, encarcelamientos, depuraciones y persecución política. Y también una larga historia de resistencia que demuestra que el franquismo nunca consiguió imponer un silencio absoluto.
El Ferrol obrero que desafió a la dictadura
Uno de los episodios más importantes de esa resistencia tuvo lugar el 10 de marzo de 1972. Durante una movilización de trabajadores de la antigua Bazán, la Policía Armada disparó contra los manifestantes y mató a Amador Rey y Daniel Niebla, dos obreros cuyos nombres forman parte de la historia del movimiento sindical español. Aquella jornada dejó también numerosos heridos y dio paso a una intensa represión contra los trabajadores movilizados. Los sucesos de Ferrol trascendieron el ámbito local y se convirtieron en un símbolo de la lucha obrera contra la dictadura. Su importancia histórica explica que el 10 de marzo se conmemore en Galicia el Día da Clase Obreira Galega.
Conviene recordar estos hechos cuando determinados discursos presentan el franquismo como una etapa de estabilidad y desarrollo económico, dejando en un discreto segundo plano el precio que pagaron quienes reclamaban libertades sindicales, mejores condiciones de trabajo o derechos políticos.
En la España de Franco, pedir derechos laborales podía costar la vida. No es una interpretación ideológica, sino una realidad documentada por la historia. El reconocimiento de Ferrol permite, además, recuperar la memoria de quienes se opusieron al golpe militar de 1936 y de las víctimas de la represión posterior. Porque la violencia de la dictadura no comenzó con los conflictos laborales de los años setenta. Formó parte del sistema represivo instaurado desde el inicio de la sublevación.
El hecho de que Franco naciera en Ferrol no puede servir para reducir la identidad histórica de la ciudad a la biografía del dictador. También pertenecen a su historia quienes defendieron la legalidad republicana, quienes sufrieron prisión por sus ideas y quienes organizaron la resistencia democrática. Esa es la dimensión que recupera la declaración memorialista, una ciudad que no fue únicamente escenario del poder militar, sino también protagonista de la oposición a ese poder.
La movilización de marzo de 1972 tiene, además, un reconocimiento institucional reciente. El Gobierno de España aprobó el 10 de marzo de 2026 una declaración de homenaje a sus víctimas, coincidiendo con el 54 aniversario de los hechos. El texto oficial recuerda que más de 4.000 trabajadores de Bazán participaron en aquella manifestación y que la intervención de la Policía Armada provocó dos muertes y más de un centenar de heridos.
El expediente memorialista también identifica espacios concretos como el castillo de San Felipe, la antigua prisión naval militar de Caranza, el cuartel del Baluarte y el cuartel de Dolores. No son referencias simbólicas escogidas al azar. Su inclusión responde a una investigación histórica recogida en la resolución de incoación publicada en el BOE el 7 de noviembre de 2025.
La memoria no puede quedarse en una placa
La declaración de Ferrol plantea una responsabilidad que afecta a todas las administraciones. La Ley de Memoria Democrática de 2022 establece obligaciones de protección, identificación, explicación y señalización de los lugares reconocidos. También contempla recursos educativos, archivos accesibles e itinerarios que permitan conocer su significado histórico. Por eso, las asociaciones memorialistas reclaman que el reconocimiento vaya acompañado de actuaciones concretas. No tendría sentido declarar oficialmente la importancia de estos espacios y permitir después que permanezcan abandonados, sin señalización o sin una explicación histórica accesible a la ciudadanía.
La responsabilidad alcanza al Gobierno central, a la Xunta de Galicia y al Ayuntamiento de Ferrol. Ninguna administración debería considerar que el trabajo termina con la publicación de una resolución administrativa.
También resulta pertinente recordar que el Partido Popular ha defendido la derogación de la Ley de Memoria Democrática. Esa posición política merece un debate que vaya más allá de las consignas sobre la supuesta reapertura de heridas. La cuestión de fondo es qué instrumentos públicos deben garantizar el conocimiento de la represión y el reconocimiento de sus víctimas.
Porque las heridas no las abre quien investiga los fusilamientos, sino quienes los cometieron. Y conocer los hechos no equivale a responsabilizar a las generaciones actuales de los crímenes de sus antepasados. Ferrol tiene una oportunidad para enseñar su historia completa, incluida aquella que durante la dictadura fue silenciada. La ciudad donde nació Franco fue también escenario de una resistencia que merece ocupar un lugar central en la memoria democrática española. La declaración anunciada para este lunes representa un reconocimiento importante. Pero su verdadero alcance dependerá de que los espacios se conserven, los documentos puedan consultarse y las nuevas generaciones conozcan lo sucedido.
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