Feijóo se vuelve tan radioactivo como Ayuso

El líder del PP está asumiendo posiciones de corte trumpista que jamás hubiera aceptado si no fuera por la amenaza interna que supone el impacto popular de Isabel Díaz Ayuso

29 de Enero de 2026
Actualizado el 30 de enero
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Feijóo populista
Alberto Núñez Feijóo en un acto de campaña en Extremadura | Foto: Partido Popular

La entrevista a Alberto Núñez Feijóo en Antena 3 ha marcado un punto de inflexión en la trayectoria del líder del Partido Popular, consolidando lo que muchos analistas ya califican como el "giro ayusista" de la oposición nacional. Lo que comenzó hace dos años como una promesa de gestión tecnocrática y moderación gallega ha mutado, bajo la presión de los sectores más duros de su partido y el empuje mediático de la Puerta del Sol, en una estrategia de colisión frontal que guarda ecos inequívocos del trumpismo castizo. Durante la entrevista, Feijóo no solo endureció el léxico, sino que adoptó plenamente la táctica de la polarización constante como única vía para mantener el control de un bloque conservador que parece dictar su agenda desde el marco de la confrontación total.

La ofensiva contra la regularización de inmigrantes se presentó en el programa no como una discrepancia técnica sobre flujos demográficos, sino como la culminación de un proceso de deslegitimación del adversario. Al calificar al Ejecutivo de Pedro Sánchez como un gobierno de "trileros", Feijóo abandonó el traje de hombre de Estado para enfundarse el de agitador de barricada. Esta retórica, que busca convertir cada decisión administrativa en una traición a la patria o en una maniobra de cambio de conversación, es el síntoma de una oposición que ha renunciado a la alternativa de gobierno para abrazar el incendio permanente.

Migración: Del apoyo al miedo

Uno de los momentos más tensosfue el intento de Feijóo por justificar su cambio de postura respecto a la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para la regularización de extranjeros. Tras haber apoyado inicialmente su toma en consideración en el Congreso, el líder del PP activó ante las cámaras la maquinaria del efecto llamada. La pirueta dialéctica fue notable: alegó que el Gobierno ha "sacado de la chistera" una ampliación del plazo hasta diciembre de 2025, transformando lo que antes era una medida de justicia humanitaria en una regularización masiva e incondicional.

Esta maniobra busca cínicamente vincular la situación de cientos de miles de personas con la crisis ferroviaria de los últimos días. Al sugerir que el debate migratorio es una cortina de humo para tapar los problemas en el AVE y Rodalies, Feijóo utiliza el drama humano como un proyectil de corto alcance. Es la esencia del populismo reactivo: desviar cualquier atisbo de humanidad hacia el terreno de la sospecha y el clientelismo electoral. Durante la entrevista, se llegó a sugerir que la medida no busca la integración laboral, sino la creación de un nuevo caladero de votos, una acusación que roza las teorías de la conspiración sobre el reemplazo electoral que tanto éxito han tenido en las alas más radicales de la derecha estadounidense.

Desprecio a la realidad económica

Bajo el prisma de este nuevo PP, la seguridad jurídica se ha convertido en un eufemismo para el endurecimiento punitivo. Feijóo defendió en televisión una propuesta que va más allá de la legalidad vigente al exigir que la ausencia de antecedentes policiales sea un requisito para la regularización. Esta distinción es fundamental: supone otorgar a una detención o a una ficha policial, sin sentencia firme, el poder de truncar un proceso de arraigo, criminalizando de facto la mera presencia irregular y alineándose con los sectores que ven en el inmigrante una amenaza latente a la seguridad ciudadana.

Lo más sorprendente del discurso de Feijóo es su desprecio hacia el consenso social que rodea a esta regularización. Al ser cuestionado sobre el respaldo explícito de la Iglesia Católica, Cáritas y las organizaciones empresariales, el líder gallego prefirió encastillarse en un nacional-populismo que ignora las necesidades de mano de obra en una España con baja natalidad. Para Feijóo, alinearse con las tesis que hoy endurecen la política en la Unión Europea es una cuestión de "interés general", mientras que atender a las razones humanitarias de las ONG o a las demandas económicas de los empresarios es, a sus ojos, una falta de criterio o una sumisión al "interés personal" de Sánchez.

El "ayusismo" nacional: El ruido como método

El mimetismo con la retórica de Isabel Díaz Ayuso es total cuando el debate se traslada a la gestión de las infraestructuras y la corrupción. Feijóo ya no se limita a pedir responsabilidades políticas por los retrasos ferroviarios; durante su intervención, construyó una narrativa de negligencia continuada y ocultación deliberada. Al personificar los males del país en la figura de un presidente "trilero" y un ministro de Transportes más pendiente de las redes sociales que de la seguridad, Feijóo busca erosionar los cimientos de la confianza institucional, una táctica que Ayuso ha perfeccionado en Madrid para blindar su propia gestión mediante el ataque preventivo.

Esta deriva se vuelve especialmente oscura al tratar el caso Ábalos/Koldo. Feijóo no solo se hace eco de las publicaciones que apuntan a pactos de silencio, sino que extiende la sospecha al "ámbito familiar" del presidente y a la financiación del PSOE, prometiendo que "todo se sabrá". Es la política del ventilador: mezclar indicios judiciales con ataques personales y sospechas sin pruebas para crear una atmósfera de descomposición moral. En este escenario, la verdad se vuelve secundaria frente a la eficacia de un titular agresivo; el objetivo no es informar, sino deslegitimar al Gobierno como un ente corrupto por naturaleza.

Profecía autocumplida

Feijóo sostiene que España no puede ser gobernada democráticamente sin Presupuestos Generales, una afirmación que ignora la realidad de otros países de nuestro entorno pero que sirve para alimentar su profecía de la parálisis total. Al describir al Ejecutivo como una estructura instalada en el enfrentamiento y el incumplimiento de las "obligaciones constitucionales básicas", el líder del PP prepara el terreno para una legislatura de bloqueo sistémico. No es una crítica constructiva; es una impugnación a la totalidad del sistema parlamentario actual si este no le otorga el poder.

Incluso en el tramo final de la entrevista, de tono aparentemente más ligero, la sombra del trumpismo planeó sobre el plató. Sus bromas sobre el "colchón de Moncloa" o su negativa rotunda a cualquier pacto con el "PSOE de Sánchez" (distinguiéndolo de un PSOE idealizado que ya no existe) refuerzan la idea de una derecha que ha decidido romper los puentes del diálogo institucional. Feijóo ya no busca convencer al centro; busca movilizar a la base mediante la indignación y el rechazo absoluto a la legitimidad del "otro".

A la sombra de la Puerta del Sol

El análisis de fondo de su estrategia revela a un líder que ha claudicado ante la narrativa de la confrontación. Alberto Núñez Feijóo llegó a Madrid para ofrecer una alternativa de gestión, pero ha terminado convertido en el eco de una estrategia de tierra quemada diseñada en los laboratorios de comunicación del ayusismo. La regularización migratoria es solo el último campo de batalla de una guerra cultural donde la inmigración, el transporte y la justicia son utilizados como herramientas de erosión democrática.

En esta deriva, el PP corre el riesgo de quedar atrapado en el ruido que él mismo genera. Al apostar por la deslegitimación moral del presidente y la criminalización de las políticas de arraigo, Feijóo se aleja de la centralidad que dicen añorar los barones más moderados del partido. La España que describe el líder del PP en Antena 3 es un país al borde del abismo, gobernado por criminales y trileros que regalan "alfombras rojas" a la ilegalidad. 

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