Feijóo asegura que el régimen de Irán persigue la bomba nuclear y “masacra a sus ciudadanos”. Es la forma del líder del PP de justificar la guerra ilegal de Trump y Netanyahu. En realidad, el cruel ataque de este fin de semana que ha colocado a Oriente Medio al borde de un conflicto regional no persigue implantar la democracia. Esto no va de llevar libertad a las mujeres iraníes perseguidas y reprimidas por la Policía de la Moral de los ayatolás. Esto va de lo de siempre: de petróleo, de dinero, de geoestrategia y poder global.
Cada vez que se produce un acontecimiento para la historia, Feijóo demuestra un poco más su supina ignorancia en política internacional. Cualquier persona con algo de sensatez y entendederas ha visto ya que el sindiós organizado por Trump en aquella zona del mundo obedece a la lógica empresarial del magnate neoyorquino. El líder de MAGA es un sujeto irreflexivo, impulsivo, desquiciadamente desenfrenado. Por la mañana se levanta de la cama en el palacete de Mar-a-Lago, pone el dedo índice en el mapamundi y decide dónde van a caer ese día las bombas del Pentágono (menos mal que iba para premio Nobel de la Paz). Su trabajo consiste en ponerse la ridícula gorra de béisbol, bautizar la operación de castigo (la última masacre en Irán la ha bautizado como Furia Épica, que ya hay que ser hortera) y asomar el morrillo por la sala de prensa del Air Force One para soltar alguna bobada ante los periodistas estupefactos con el personaje. Hasta un ciego ve que el mundo está en manos de un peligroso megalómano narcisista. Todos lo ven menos Feijóo. Él piensa que Trump es un héroe que envía sus cazas y misiles contra Teherán para salvar a los oprimidos persas de las garras de los clérigos de Jameneí, a quien por cierto han liquidado las fuerzas sionistas/yanquis en un nuevo asesinato selectivo o ejecución extrajudicial prohibido por el Derecho internacional. Mira para otro lado Feijóo, se postra cual lacayo ante el Tío Sam y calla cuando vuela por los aires una escuela de niñas iraníes (primer crimen de guerra del presidente estadounidense y su esbirro israelí). La demagogia barata del dirigente conservador español no se sostiene y solo se explica por maldad política, mala fe o desconocimiento de la historia del conflicto secular en Oriente Medio.
Bombardear Irán no traerá democracia a la pobre gente que allí vive. Solo más muerte, más destrucción y más represión, la de un régimen tiránico como el de los ayatolás. En un fin de semana ya han muerto 200 personas y la lista de fallecidos seguirá engordando a medida que pasen las horas y prosiga la delirante misión Furia Épica que solo puede haber salido de la cabeza de un neofascista integral como Trump. Será la población civil quien pague el pato de esta guerra, no solo por la crueldad de los tiranos exteriores que le arrojan los misiles, también por los tiranos interiores (el sucesor del líder supremo asesinado promete aferrarse al poder con uñas y dientes para preservar la Revolución Islámica hasta imponer un régimen todavía más duro y terrorífico que el instaurado por Jameneí en 1989). La propia Casa Blanca ya ha recordado, a preguntas de los periodistas, que el trabajo de Trump no consiste en facilitar el proceso de transición a la democracia del pueblo iraní. Es decir, que se va a limitar a destruir y a matar sin medida hasta convertir Irán en otro estado fallido, tal como ya hicieron Busk, Blair y Aznar con Irak, otro país borrado del mapa con la excusa de las armas de destrucción masiva que jamás aparecieron. En aquellos años la excusa para la guerra eran los laboratorios de ántrax de Al Qaeda, hoy son las centrales nucleares iraníes, que hasta donde se sabe no tienen capacidad para producir ojivas atómicas. Las mentiras irán cayendo como los misiles que estallan contra Tel Aviv mientras los israelíes se preguntan dónde está la cúpula de hierro que les había prometido Netanyahu.
Todo este infierno mundial se ve venir tan claro como el agua. Se ve venir que la locura de Trump nos acerca un poco más a la Tercera Guerra Mundial (la lluvia de misiles cae sobre Jordania, Kuwait, los Emiratos y hasta en Chipre, territorio europeo). Se ve venir el mundo siniestro al que nos encaminamos. Pero el provinciano Feijóo se abraza a esa retórica diabólica, a esa demagogia populista y maniquea: “O se está con la libertad o con los tiranos”. Pues mire no, señor Alberto, aquí no hay buenos ni malos, esto no es el desembarco de Normandía para liberar Europa del yugo nazi, es una conjura de necios malvados para repartirse la tarta del petróleo y la única posición digna y moralmente decente es la que está manteniendo el Gobierno español. Hace solo unas horas, Pedro Sánchez volvió a dar una lección de ética política: “Se puede estar contra un régimen represor odioso como el iraní y en contra de una intervención injustificada, peligrosa y fuera de la legalidad internacional”. Las lágrimas a chorros de Susan Sarandon, mientras recogía el Goya y agradecía a nuestro país por estar en el lado bueno de la historia, lo dicen todo sobre cómo la mitad del pueblo norteamericano reniega del fatuo presidente que les ha caído en desgracia. Lástima que la Unión Europea, con una inquietante y belicista Alemania a la cabeza, haya decidido ir por otros caminos trumpistas.
Estamos, por tanto, ante un nuevo genocidio que promete superar cien veces el cometido en los últimos tiempos en la Franja de Gaza, arrasada y convertida ya en un campo de exterminio al aire libre. Por no hablar de que el ataque injusto y unilateral contra Irán es un auténtico desastre para la humanidad: clausura definitivamente la ONU, entierra el Derecho internacional e implanta el nuevo desorden mundial bajo la lógica de los nuevos autócratas y sus grandes corporaciones tecnológicas. Escuchar a Putin, el carnicero de Ucrania, decir que la operación Furia Épica vulnera todas las normas de la moralidad internacional, produce arcadas. Cinismo al poder. Y mientras tanto China calla. Cuidado que no despierte el gigante asiático, porque entonces el abismo se abrirá a nuestros pies.