Feijóo ficha a los Meconios

El líder del PP también copia la batalla cultural de Vox y se deja ver en conciertos de grupos musicales reaccionarios como Hakuna

11 de Febrero de 2026
Actualizado a las 15:39h
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Los Meconios durante un mitin del PP en Aragón
Los Meconios durante un mitin del PP en Aragón

Resulta desolador ver cómo Alberto Núñez Feijóo sube a la tribuna de oradores de las Cortes para decirle a Pedro Sánchez, como un nazi más, que es “el galgo de Paiporta” (nunca condenó la violencia contra el presidente del Gobierno durante su visita a la zona cero de la dana de Valencia). Ya se ha abrazado al lenguaje fascista de Vox.

Poco antes de cerrarse la campaña electoral en Aragón, hizo cosas preocupantes, como organizar un show retro/franquista invitando al ultra Vito Quiles y a Los Meconios, ese grupo musical al que en redes sociales han rebautizado como los Voxstreet Boys. Los Meconios son un polémico dúo especializado en hacerle propaganda política a la derecha. Saltaron a la fama en 2022, cuando participaron en el evento Viva22 organizado por el partido de Santiago Abascal en Madrid. Aquella canción Vamos a volver al 36 generó una polvareda en todo el país que llevó a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica a presentar una denuncia. En ese oscuro submundo anda metido Feijóo.

¿Qué piensa hacer el líder del PP con Los Meconios, enrolarse como batería, como bajo, como corista de los nuevos cánticos nostálgicos? No resulta posible imaginarlo con un pañuelo rojigualdo en la cabeza y aporreando una guitarra eléctrica. Aunque de Feijóo ya se puede esperar casi cualquier cosa. ¿Qué le pasa últimamente a Alberto? Visita una fábrica para hacer propaganda electoral y confunde el nombre de la empresa hasta ocho veces (llamó Brifín a la compañía Fribin); habla de una “dictadura” sólida, occidental y europea como la nuestra cuando quiere decir una democracia (ahí le pudo el subconsciente); y ahora contrata a grupos del viejo régimen musical para sus mítines.

Los Meconios se han convertido en el símbolo de esa derecha cultural desacomplejada, antisistema, ácrata. Esa que se expresa sin filtros y que celebra la confrontación como forma de identidad. El éxito del dúo revela un cambio generacional y emocional en la sociedad española, como pasa con otros movimientos como Hakuna, la banda de ultracatolicismo pop que triunfa en TikTok. Una parte del electorado conservador ya no busca solo propuestas políticas, también un relato cultural que tape el tufo a carca, los haga parecer modernos y reafirme su visión del país frente a lo que perciben como hegemonía woke. En ese contexto, Feijóo se ha subido al carro de la batalla y cualquier día lo vemos vestido de cuero negro, con clavos plateados y haciendo el signo de la bestia con los dedos al ritmo del último cuarteto de transmetal satánico/cristiano. O formando un nuevo dúo Pimpinela con Ayuso en el Benidorm Fest. Cualquier cosa delirante con tal de conseguir votos.

​El PP vive un momento enloquecido. Hay nervios en Génova y no es para menos: Vox anda disparado en las urnas. Y el líder gallego recurre a cualquier estrategia para no perder terreno con respecto a los ultras. Incluso a contratar a las estrellas de la nueva derecha musical reaccionaria. Fuentes del PP juran y perjuran que no se trata de un giro ideológico, sino de una adaptación comunicativa. Según esa lectura, el fondo sigue siendo moderado, pero la forma debe ajustarse a un entorno mediático dominado por la inmediatez, la viralidad y la simplificación. En otras palabras: si el debate público se ha convertido en un escenario donde triunfa el eslogan, no queda más remedio que jugar con las mismas reglas. El problema es que, cuando uno adopta las reglas del adversario, corre el riesgo de convertirse en una versión diluida de aquello que intenta combatir.

La cuestión de fondo es si este desplazamiento hacia posiciones más duras es coyuntural o estructural. Algunos observadores creen que, una vez superada la actual etapa de polarización, el PP podría recuperar su perfil tradicional. Otros opinan que el cambio es ya irreversible, porque responde a transformaciones profundas en la sociedad española: la fragmentación del voto, la desconfianza en las instituciones, la influencia de las redes sociales y la creciente importancia de la identidad política como elemento emocional.

Mientras tanto, los Meconios siguen vendiendo discos y ganando adeptos. Cuanta más polémica más alto en las listas de éxitos. Feijóo ha metido al enemigo en casa. Obviamente, cuando decimos que el líder del Partido Popular ha “fichado” como fan de los Meconios hacemos una exageración humorística. Pero como toda exageración eficaz, entraña algo de verdad.

Falta saber si Feijóo se convertirá en la Yoko Ono de los Meconios o si serán estos los que terminen por desfigurar al partido, convirtiéndolo en cada vez más ultra. “Hay un corrimiento político de tierras hacia la extrema derecha”, asegura Javier Ruiz en su programa en TVE1. Grupos ultras como Hazte Oír y otros exigen a Vox que sea más duro, que no se convierta en el PP verde. Acusan a Abascal de no mostrarse lo suficientemente antiabortista y de no defender el latido fetal obligatorio para las mujeres que deciden interrumpir el embarazo en aquellas comunidades autónomas donde Vox puede gobernar con los populares. Mientras Feijóo escucha los discos ya algo anticuados de los Meconios no cae en la cuenta de que por detrás vienen otros roqueros mucho más duros, mucho más heavies, más transmetal, que es lo que triunfa en América. Hay allí una pugna entre Bad Bunny y el punk ácrata de Milei. Feijóo ha pasado de Julio Iglesias a los Meconios, un grupo que, con lo rápido que avanza todo, se ha quedado en derechita cobarde a los cuatro días. Que el líder del PP se suba a los escenarios con Los Meconios (él cree que le hacen las veces de teloneros cuando es justo al revés) constituye más que una simple anécdota de campaña. Es una declaración de intenciones, un síntoma preocupante de que el partido se le está trumpizando a ritmo de tecnopop con aroma algo apolillado.

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