Pedro Sánchez volvió a hacer lo que mejor domina: convertir un mitin territorial en un balance nacional. En Ponferrada, con Castilla y León como telón de fondo, el presidente defendió que “España va como nunca” y deslizó que merece la pena seguir “hasta 2027 y más allá”. No es solo un eslogan. Es una declaración de intenciones en mitad de una legislatura que se examina cada trimestre en el BOE y cada semana en el hemiciclo.
Los datos macroeconómicos que exhibe el Gobierno son reales y contundentes: crecimiento cercano al 2,8% en 2025, casi 22 millones de ocupados y un salario mínimo que ha subido de forma acumulada más de un 60% desde 2018. En términos comparativos, España ha crecido por encima de la media de la eurozona en los dos últimos ejercicios. La inflación, tras el pico de 2022, se ha moderado, aunque el coste de la vida sigue pesando en los hogares.
El presidente eligió subrayar el acuerdo con los sindicatos para elevar el SMI y lamentar la ausencia de la patronal. No es un detalle menor. La estrategia del Gobierno pasa por consolidar un relato de prosperidad con redistribución. Crecer y repartir, como fórmula política. La CEOE, en cambio, insiste en que los salarios deben negociarse en convenio y alerta del impacto sobre pequeñas empresas. La tensión no es nueva, pero ahora se escenifica con mayor nitidez.
Optimismo macro, desgaste político
La economía ofrece cifras sólidas; la polarización parlamentaria y los escándalos periféricos tensionan el clima político.
Sánchez también anunció el fondo “España Crece”, con una movilización prevista de 120.000 millones de euros. La cifra impresiona y cumple una función simbólica: transmitir que la inversión pública y privada seguirá alimentando la expansión económica. No es casual que el mensaje se dirija a Feijóo, a quien acusa de repetir desde hace siete años que el país se hunde. La disputa es menos técnica que narrativa.
Desde una perspectiva progresista, el balance económico tiene luces evidentes: reducción del paro estructural, impulso a la reforma laboral, recuperación del poder adquisitivo en algunos tramos salariales. También sombras: vivienda tensionada, precariedad juvenil persistente y deuda pública elevada. El crecimiento no elimina las desigualdades; las modula.
El presidente ha añadido a su agenda económica un frente cultural y tecnológico al anunciar la investigación de contenidos pornográficos manipulados mediante inteligencia artificial. Es un guiño a una agenda de derechos digitales que conecta con la sensibilidad feminista de su electorado. La política económica ya no se separa de la regulación tecnológica.
La cuestión es cuánto aguanta el optimismo en un entorno europeo que vuelve a hablar de consolidación fiscal y de rearme. España ha resistido mejor que otros socios, pero la desaceleración alemana y las tensiones geopolíticas no son ajenas. El Gobierno confía en que la inversión europea y el dinamismo del turismo sigan empujando.
En Ponferrada, el mensaje fue claro: merece la pena continuar. La frase encierra un doble significado. Continuar gobernando y continuar defendiendo un modelo que combina crecimiento con intervención pública. La oposición replica que el ciclo económico no es mérito exclusivo del Ejecutivo y que la estabilidad política es frágil.