La economía española tiene canas

Los mayores de 55 años concentran el grueso del ahorro, sostienen casi la mitad del consumo y aportan más de un tercio de los impuestos: lejos del estereotipo pasivo, son hoy uno de los motores silenciosos del país

26 de Febrero de 2026
Actualizado a la 13:21h
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Economía Canas

Durante años se habló del envejecimiento como un problema. Los datos cuentan otra historia. Los españoles mayores de 55 años concentran el 68% del ahorro nacional, lideran el consumo privado y sostienen una parte sustancial de la recaudación fiscal. En febrero de 2026, la llamada “economía senior” ya no es una tendencia demográfica: es una realidad estructural.

Hay una imagen instalada en el debate público: la del jubilado como receptor de prestaciones, dependiente del sistema, ajeno al pulso productivo. Los números la desmienten con bastante calma.

Según el informe elaborado por Fedea y Fundación Mapfre, los mayores de 55 años acumulan casi 74.000 millones de euros en ahorro, de un total nacional que ronda los 108.000 millones. Es decir, casi tres cuartas partes del colchón financiero del país descansan en manos de quienes ya han atravesado la mitad larga de la vida laboral.

No es un fenómeno coyuntural. Es una consecuencia acumulada de trayectorias laborales largas, viviendas ya pagadas, hijos emancipados y, en muchos casos, herencias recibidas. La estabilidad patrimonial llega cuando las grandes cargas se reducen.

Más ahorro, pero también más consumo

La economía senior no solo guarda; también gasta. Los mayores de 55 años destinan cerca de 265.000 millones de euros al consumo privado, una cifra que roza la mitad del total nacional. El gasto en vivienda desciende respecto a generaciones intermedias, pero crecen otros capítulos: salud, ocio, viajes, servicios personales.

Lejos de retraerse, el consumo se transforma. Si se observa el conjunto, este grupo representa el 32,8% del PIB y asume el 34,5% de los impuestos y cotizaciones. Una proporción superior a su peso demográfico. Pagan cerca de 139.000 millones en tributos y cotizaciones sociales. La idea de que la economía descansa exclusivamente sobre las generaciones activas más jóvenes necesita matices.

Entre los 30 y los 54 años se concentran los mayores salarios —más de 580.000 millones en nóminas— y el grueso de la contribución neta al Estado. Pero la foto completa revela una arquitectura más compleja: las distintas edades cumplen funciones distintas dentro del mismo engranaje. La generación intermedia sostiene al Estado; la senior estabiliza el sistema financiero doméstico.

La familia como red económica

Hay un dato que suele quedar al margen del debate macroeconómico: las transferencias familiares. Los hogares españoles destinaron más de 130.000 millones a los menores de 30 años para financiar estudios, vivienda o apoyo cotidiano. De esa cifra, unos 21.000 millones procedieron directamente de mayores de 55. No es solo solidaridad intergeneracional. Es una pieza funcional del modelo social español. La familia actúa como amortiguador cuando el mercado laboral tarda en consolidarse y el acceso a la vivienda se complica. En ese flujo privado de recursos se entiende parte de la estabilidad social.

El envejecimiento poblacional suele presentarse como un desafío para las cuentas públicas. Lo es. Las pensiones suman 184.000 millones y su sostenibilidad es objeto de debate constante. Pero el informe subraya que las rentas de activos —alquileres, dividendos, intereses— y la capacidad de ahorro compensan en buena medida la salida del mercado laboral. La economía española no solo envejece: también acumula patrimonio.

Hay otra cifra que obliga a mirar con atención: del total ahorrado, apenas 35.000 millones están a nombre de mujeres. La brecha patrimonial persiste incluso en las edades donde la estabilidad debería ser más homogénea. La economía senior también refleja desigualdades de género construidas durante décadas.

En conjunto, el retrato es menos dramático de lo que suele sugerir la retórica política. Los mayores de 55 no son un bloque homogéneo ni un sujeto pasivo. Son propietarios, consumidores, contribuyentes y, en muchos casos, financiadores discretos de la movilidad social de sus hijos y nietos. La economía española tiene canas. Y, por ahora, pulso firme.

 

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