Más del ochenta por ciento de los españoles cree que el cambio climático es una realidad preocupante, según las últimas encuestas. Por fortuna, este sigue siendo un país de gente cuerda y razonable que todavía confía en la ciencia. Sin embargo, hay una minoría de negacionistas, supersticiosos y medievalistas que cierran los ojos ante un fenómeno que empieza a causar estragos en todo el planeta. Una minoría de incrédulos dispuestos al suicidio colectivo en lugar de afrontar la verdad incómoda entre los que se encuentra él, el pequeño lobezno de la ultraderecha, el niño redicho del parvulario parlamentario: José María Figaredo Álvarez-Sala.
En las últimas horas, el nene que vomita sus papillas de odio en las Cortes, que reniega de “las paguitas”, que sueña con hundir el Open Arms y llama a entrar en Televisión Española, no con lanzallamas, sino con “una bomba nuclear”, ha vuelto a dar muestras más que preocupantes de trastorno negacionista grave (eso o vive bajo los efectos de una resaca permanente de sidrina gijonesa). Tras ser interpelado por un periodista sobre los efectos devastadores del calentamiento global, al sobrino de Rodrigo Rato le entró uno de sus habituales ramalazos de cuñado soberbio y decidió abrir la boca para despejar cualquier duda sobre su incompetencia para la política. “Claro, acabar con la térmica, o sea demoler las chimeneas, va a hacer que cambie el tiempo aquí... De repente va a hacer calor en invierno, va a hacer buen tiempo... ¿Es eso lo que se cree? ¿Se creen ustedes que por prohibir la entrada de coches diésel en Madrid de repente el tiempo en España va a cambiar? ¿De verdad se lo creen?”, replicó tratando de ridiculizar al reportero.
Es evidente que este chico no ha entendido todavía de qué va la catástrofe climática a la que nos enfrentamos. Y no solo le ocurre a él. Por lo que sea, a la gente de la derecha en general, y de Vox en particular, le cuesta Dios y ayuda entender el problema de la crisis medioambiental. Será que son de letras más que de ciencias; de escolástica y teología más que de pensamiento racional. Le ocurre a Espe Aguirre, que cada vez que sale en la tele disertando sobre el tema da vergüenza ajena. Los científicos llevan años explicándole, con palabras llanas para que las comprenda, lo que está sucediendo en la atmósfera. Y la señora condesa erre que erre, dale Perico al torno, vuelta la burra al trigo con que el calentamiento global no existe porque en invierno sigue haciendo frío como siempre y no ve ella que sus vecinas ricas del barrio de Salamanca vayan en pareo y pamela por la calle en pleno mes de enero. Es dura de mollera. Y el caso es que no resulta tan difícil de asimilar el fenómeno. Vamos a intentar explicarlo, una vez más, porque se ve que son cortitos. Ahí va el enésimo breve manual para los Torquemadas del movimiento anticientífico patrio (y confiemos en que no nos quemen en la hoguera como hicieron sus antepasados ideológicos con Giordano Bruno).
El cambio climático es el aumento sostenido de la temperatura global causado principalmente por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. ¿Hasta ahí bien? ¿Sí? ¿Nos siguen? Okey, poco a poco, no vaya a ser que les reviente la cabeza de tanto pensar. Siguiente paso: la subida en grados va provocando paulatinas alteraciones en el clima. Olas de calor extremo, sequías y macroincendios en verano; lluvias torrenciales, trenes de borrascas, danas como la de Valencia, inundaciones y nevadas históricas como Filomena en invierno. Todo ese pastel además de otros efectos letales como el deshielo de los polos con subida del nivel del mar –la imagen de la playa de Matalascañas comida por las olas es más que demostrativa, no será preciso ahondar, basta con ver las fotos–, así como la alteración de la biodiversidad y pérdida de especies animales y vegetales (se calcula que para el año 2100 más del 60 por ciento de la fauna y la flora habrá desaparecido de este planeta que va camino de convertirse en el nuevo Marte del Sistema Solar). Por tanto, no se trata de que el calentamiento global vaya a acabar convirtiendo el invierno en un verano tropical, ni de que vayamos a ir por la calle con forro polar en pleno mes de agosto (al menos de momento). Que no, doña Espe, que no, no sea usted tozuda y necia. Hablamos de una serie de desórdenes climáticos de todo tipo que se irán agudizando con el paso del tiempo. Lo que nos dicen los científicos es que, si no ponemos remedio ya (y vamos tarde), si no cambiamos nuestro modelo productivo altamente contaminante y depredador del medio ambiente, cada año será peor. Hasta que la Tierra se convierta en un lugar tan inhóspito que será imposible la vida (al menos para los humanos; las cucarachas, ratas y oligarcas con refugios nucleares quizá sobrevivan).
Estamos seguros de que este artículo es una pérdida de tiempo. Sabemos perfectamente que toda esta somera exposición, que no hace sino repetir los estudios e investigaciones de los más prestigiosos organismos internacionales, universidades y mentes más brillantes, no servirá para nada. Ya lo dijo Einstein: “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Podemos entender que las mentes conservadoras van despacio, lentitas, tardas. La gente de derechas necesita su tiempo para asimilar las cosas del mundo. El problema, por desgracia, es que no tenemos ese tiempo hasta que cale la verdad en sus seseras infantiles. Como tampoco tenemos un planeta B. Cuando el exaltado Figaredo dice que la Agenda Verde (con sus respectivas medidas contra el cambio climático) empobrece a los españoles, está engañando al país. Lo que empobrece es el clima apocalíptico que se nos viene encima. Los campos inundados, las empresas paralizadas, las infraestructuras destruidas y el Estado en vías de irse a la quiebra (llegará un momento en que ya no quedará dinero en las arcas públicas para indemnizar y reparar todo el daño ocasionado por la ira de un planeta que se revuelve contra su amo y señor).
Mejor haría el señor Figaredo en buscar un hueco en su agenda, entre ridículo y grito de “asesinos” en el Congreso, para ponerse a estudiar un poco, porque algún día el agua también saldrá a chorros por los enchufes de su casa, tal como está ocurriendo con los pobres andaluces de Grazalema afectados por el interminable tren de borrascas. El cambio climático es un fenómeno global que requiere la reducción drástica de emisiones y la adaptación a la nueva realidad mediante energías limpias y renovables. Lo demás es demagogia barata y charlatanería para sacar rédito político. Por desgracia, el discurso fanático vende mucho. Hoy Figaredo es el rey del mambo entre mucha gente que tiene miedo y está dispuesta a creer al primer cantamañanas que le dice lo que quiere escuchar. Mañana los mismos que le votan lo echarán a gorrazos del poder por haber tramado el mayor y más peligroso bulo de la historia.