Isabel Díaz Ayuso habla cada vez más de religión. Habla de fe, de procesiones, de belenes, de Semana Santa, de valores cristianos, de Occidente y de catolicismo. Lo hace con naturalidad política, con voluntad de batalla cultural y con una idea muy clara: presentar la tradición católica como una de las columnas vertebrales de España. Pero la entrevista concedida a La Razón con motivo de la visita de León XIV permite comprobar algo más profundo: Ayuso conoce bien el valor político y simbólico de la religión, aunque demuestra un conocimiento teológico bastante limitado del catolicismo y del propio Papa.
Sabe poco del papa León XIV
La presidenta madrileña no construye un discurso religioso desde la doctrina, sino desde la identidad. Cuando habla del Papa, no entra en cuestiones de magisterio, sacramentos, Evangelio, pecado, gracia, redención o doctrina social de la Iglesia en sentido estricto. Lo que aparece una y otra vez es otro vocabulario: “valores occidentales”, “valores cristianos”, “vida”, “familia”, “libertad”, “responsabilidad”, “tradición” y “raíces”.
Ese marco no es casual. En los últimos años, Ayuso ha ido reforzando su presencia en actos religiosos y ha pasado de declaraciones anteriores en las que decía no ser creyente a afirmarse católica y reconocer que acude a misa con frecuencia, aunque también ha matizado que muchas veces lo hace por agenda institucional. La Cadena SER recogió ese giro como el paso de “no ser creyente” a ir a misa “prácticamente todas las semanas”, mientras OKDiario publicó su afirmación de que es católica y va a misa, aunque “mucho por trabajo”.
El cambio no se limita a la práctica religiosa. También afecta al relato político. En abril de 2026, durante un acto vinculado al Cristo de Mena en Málaga, Ayuso reivindicó que la cultura española está enraizada en los valores del catolicismo y del cristianismo. Esa idea aparece de nuevo en la entrevista de La Razón: Madrid, sostiene, promueve “valores occidentales y cristianos”, incluso para quienes no tienen fe.
El cristianismo no pertenece a Occidente
Desde el punto de vista histórico, la afirmación tiene una base evidente: España y Europa no se entienden sin el cristianismo. Pero desde el punto de vista teológico es una simplificación. El cristianismo no pertenece a Occidente. Nació en Oriente Próximo, se extendió por el Mediterráneo y hoy la Iglesia católica es una realidad universal, con un peso enorme en América Latina, África y Asia. Reducir el cristianismo a “valores occidentales” empobrece su dimensión religiosa y universal.
La frase más reveladora de la entrevista es quizá esta: Ayuso afirma que “la voz del Papa, que es la voz de la Iglesia, es también la voz del mundo occidental”. Ahí está el núcleo de su problema teológico. Para el catolicismo, el Papa es el sucesor de Pedro, obispo de Roma y cabeza visible de la Iglesia universal. No es la voz de Occidente. Puede hablar desde Roma, pero no habla para una civilización concreta ni para una identidad política occidental. Habla para la Iglesia y, cuando interviene en asuntos globales, para la humanidad.
Ayuso caridad - León XIV solidaridad
Ayuso acierta más cuando habla de la defensa de los vulnerables, de la vida, de la familia, de la dignidad humana o de la necesidad de no instrumentalizar al Papa políticamente. Son elementos reales de la doctrina católica y de su doctrina social. Pero incluso ahí aparece la simplificación. Cuando dice que la solidaridad “es la caridad”, mezcla dos conceptos relacionados, pero no idénticos: la caridad es una virtud teologal; la solidaridad, un principio social.
Su discurso religioso funciona mejor como catolicismo cultural que como pensamiento teológico. Ayuso defiende procesiones, belenes, cabalgatas y celebraciones públicas como parte de la tradición española. En agosto de 2025 afirmó que quería que en Madrid siguieran celebrándose procesiones, belenes y también expresiones de otras religiones, aludiendo a la libertad de culto. En La Razón repite esa idea con otra fórmula: España, dice, es “aconfesional, pero no laica”.
Esa frase es más política que teológica. La Constitución habla de aconfesionalidad del Estado, no de confesionalidad encubierta. La cooperación con las confesiones religiosas existe, pero eso no convierte al Estado en guardián de una identidad católica. Ayuso usa esa distinción para defender una presencia pública fuerte del catolicismo, especialmente del catolicismo mayoritario y tradicional.
¿Qué sabe de León XIV?
Sobre León XIV, la entrevista deja otra conclusión clara: Ayuso muestra respeto institucional y entusiasmo personal, pero no un conocimiento profundo de su pensamiento. Habla de reconciliación, de inteligencia artificial, de dignidad humana y de unidad, pero no desarrolla la teología del Papa ni su visión eclesial.
En definitiva, Ayuso sabe qué representa políticamente la religión en España. Sabe que el catolicismo moviliza memoria, identidad, tradición, emoción y conflicto cultural. Sabe que hablar de Navidad, Semana Santa, belenes y procesiones conecta con una parte importante de la sociedad. Pero en la entrevista no aparece una dirigente con formación teológica sólida, sino una política que utiliza el catolicismo como lenguaje de identidad nacional y occidental.
Lo suyo no es una reflexión sobre el Evangelio, sino una reivindicación cultural del catolicismo. No habla tanto de Dios como de España. No habla tanto de la Iglesia universal como de Occidente. Y no habla tanto de León XIV como de lo que su visita puede significar dentro de la batalla política española.