Ayuso se queda desnuda por su visión selectiva de las violaciones de los derechos humanos

La presidenta de la Comunidad de Madrid denunció la represión contra mujeres, minorías religiosas y personas homosexuales en Irán pero su relato omitió deliberadamente otras realidades autoritarias que, casualmente, perpetran regímenes de países ricos

07 de Marzo de 2026
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Ayuso relato selectivo
Isabel Díaz Ayuso, en una imagen de archivo | Foto: Comunidad de Madrid

El discurso pronunciado ayer por Isabel Díaz Ayuso sobre la situación de los derechos humanos en el mundo, con especial referencia al régimen iraní, ha reavivado un debate recurrente en la política occidental: la utilización selectiva de los derechos humanos como herramienta de discurso político. En su intervención, la presidenta madrileña denunció la represión contra mujeres, minorías religiosas y personas homosexuales en Irán, describiendo un panorama global de torturas, matrimonios forzados y violencia sistemática contra las mujeres. Sin embargo, su relato omitió deliberadamente otras realidades autoritarias que también protagonizan graves violaciones de derechos humanos y que, paradójicamente, mantienen estrechas relaciones políticas, económicas o estratégicas con países occidentales.

Las palabras de Ayuso se articularon alrededor de una idea central: la denuncia del sufrimiento de millones de personas en el mundo sometidas a violencia, discriminación o persecución por motivos religiosos, sexuales o sociales. En particular, la presidenta madrileña se refirió al caso de Irán como ejemplo paradigmático de represión, mencionando la persecución de cristianos, mujeres y personas homosexuales. No es falso lo que afirmó, ya que el régimen de los ayatolás es absolutamente repulsivo. La cuestión fueron los olvidos que, casualmente, coinciden con naciones ultrarricas. 

Las violaciones de derechos humanos en la República Islámica son ampliamente documentadas por organismos internacionales. Las restricciones a la libertad de expresión, la persecución política y las limitaciones legales impuestas a las mujeres han sido denunciadas durante años por organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. En ese sentido, la crítica al régimen iraní no resulta controvertida desde el punto de vista factual.

Sin embargo, el problema político del discurso no reside en la denuncia de Irán, sino en la ausencia de una crítica equivalente hacia otros Estados que presentan situaciones comparables o igualmente graves. El resultado es un relato moral que parece construido más sobre criterios geopolíticos que sobre una defensa universal de los derechos humanos.

Silencio sobre las monarquías del Golfo

Uno de los vacíos más llamativos del discurso es la ausencia de referencias a países como Arabia Saudí o Qatar, dos de los Estados más ricos del mundo y, al mismo tiempo, sistemas políticos donde los derechos civiles y políticos están severamente restringidos.

En Arabia Saudí, las mujeres han sufrido históricamente limitaciones legales en ámbitos fundamentales de la vida pública y privada, sometidas durante décadas al sistema de tutela masculina. Aunque algunas reformas recientes han flexibilizado ciertas normas, organizaciones internacionales continúan denunciando detenciones arbitrarias de activistas feministas, represión de la disidencia y restricciones severas a la libertad de expresión.

Qatar, por su parte, ha sido objeto de críticas por el trato a trabajadores migrantes y por las restricciones legales que afectan a las mujeres en cuestiones familiares y jurídicas. Sin embargo, ninguno de estos ejemplos aparece en el discurso de Ayuso, pese a que su intervención se presentaba como una defensa global de las mujeres oprimidas.

La omisión resulta particularmente significativa si se tiene en cuenta que estos países mantienen estrechas relaciones económicas con Europa y con España, incluyendo inversiones millonarias y cooperación energética.

Israel

Otro silencio significativo es el relativo a Israel. Aunque Israel es una democracia formal, diversas organizaciones internacionales han documentado violaciones de derechos humanos en contextos específicos, especialmente en relación con el conflicto palestino y las condiciones de detención en ciertas cárceles.

Además, dentro de determinados sectores ultraortodoxos del país persisten prácticas de segregación de género que han generado controversia incluso dentro de la propia sociedad israelí. Estas tensiones reflejan un debate interno sobre igualdad y derechos civiles que rara vez aparece en discursos políticos europeos que presentan el conflicto exclusivamente en términos de defensa de valores occidentales.

Las denuncias de torturas o malos tratos a detenidos palestinos, investigadas por organizaciones internacionales, tampoco fueron mencionadas por la presidenta madrileña, a pesar de su referencia explícita a la tortura como uno de los grandes males del mundo contemporáneo.

Marruecos

El caso de Marruecos constituye otro ejemplo significativo de esta asimetría discursiva. El país vecino de España mantiene desde hace años tensiones con organizaciones internacionales por cuestiones relacionadas con la libertad de prensa, el tratamiento de activistas políticos y la situación en el Sahara Occidental.

Aunque Marruecos ha impulsado reformas legales en materia de derechos de las mujeres, diversas ONG han señalado que persisten problemas estructurales, incluyendo matrimonios infantiles en determinadas zonas rurales o limitaciones legales que afectan a la igualdad plena entre hombres y mujeres.

A pesar de ello, el país rara vez aparece en los discursos políticos españoles como ejemplo de violaciones de derechos humanos comparables a las denunciadas en otros lugares del mundo.

Relato moral selectivo

Desde una perspectiva de análisis político, el discurso de Ayuso puede interpretarse como un ejemplo de retórica moral selectiva, un fenómeno habitual en la política internacional. Los derechos humanos se convierten en un instrumento discursivo que se aplica con intensidad contra determinados adversarios geopolíticos mientras se suaviza o se omite cuando afecta a aliados estratégicos.

Este fenómeno no es exclusivo de un partido ni de un país concreto; forma parte de una dinámica estructural de las relaciones internacionales. Sin embargo, en el caso del discurso de Ayuso, la selección de ejemplos contribuye a construir una narrativa simplificada en la que Occidente aparece como espacio homogéneo de libertad frente a un exterior definido principalmente por la opresión.

La realidad, como demuestran numerosos estudios académicos sobre política comparada, es considerablemente más compleja. Las democracias occidentales también afrontan cuestiones internas en materia de igualdad y derechos civiles, mientras que algunos aliados estratégicos mantienen prácticas que contradicen los principios que públicamente se dicen defender.

Derechos humanos y política interior

El discurso de Ayuso también introduce un elemento característico del debate político español contemporáneo: la utilización de la situación internacional para intervenir en debates domésticos. Al elogiar los avances de España en igualdad y advertir contra “causas ideologizadas” que, según su visión, enfrentarían a hombres y mujeres, la presidenta madrileña conecta la denuncia del régimen iraní con su crítica habitual a determinadas corrientes del feminismo contemporáneo.

Este desplazamiento del foco de los derechos humanos globales hacia la discusión política interna revela cómo los conflictos internacionales se integran en la narrativa ideológica nacional. En lugar de funcionar exclusivamente como denuncia de violaciones de derechos humanos, el caso iraní se convierte en argumento político dentro del debate español sobre igualdad y feminismo.

Incoherencia política

El problema central del discurso no reside en denunciar la represión en Irán, algo ampliamente documentado, denunciado por la comunidad internacional y condenado por Pedro Sánchez. La cuestión que plantea el análisis político es otra: la coherencia de un discurso que invoca valores universales mientras ignora violaciones comparables cuando se producen en países aliados o ultrarricos.

Cuando los derechos humanos se invocan de manera selectiva, su fuerza moral se debilita. En lugar de convertirse en un principio universal de política internacional, se transforman en un recurso retórico al servicio de narrativas geopolíticas o disputas ideológicas internas.

El discurso de Ayuso ilustra una tensión permanente en la política contemporánea: la distancia entre la retórica universalista de los derechos humanos y su aplicación real en el escenario internacional. Una tensión que no solo afecta a un dirigente concreto, sino que atraviesa buena parte de los discursos políticos occidentales sobre libertad, democracia e igualdad.

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