Ayuso se come a Feijóo

Los sondeos indican que es el tono beligerante el que mantiene las cuotas de poder del partido. Feijóo observa con preocupación cómo su activo principal es percibido como "tibieza" por una base social que prefiere el martillo contra Sánchez de Ayuso

09 de Febrero de 2026
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Ayuso Feijoo relato
Ayuso y Feijóo en la cena de Navidad del Partido Popular | Foto: PP Madrid

El Partido Popular de España ha intentado proyectar históricamente una imagen de previsibilidad tecnocrática, estabilidad institucional y rigor administrativo. Es la herencia del reformismo conservador y liberal europeo, una fuerza que aspira a ser el "partido del orden". Sin embargo, el reciente alineamiento del PP de Madrid, bajo el liderazgo de Isabel Díaz Ayuso y su lugarteniente Alfonso Serrano, con las tácticas de la ultraderecha populista estadounidense, ha introducido una cuña profunda en la cohesión nacional de la formación.

Mientras Alberto Núñez Feijóo intenta consolidar, en teoría, un perfil de alternativa de Estado, sereno y previsible, Madrid ha decidido abrazar el manual de la agitación, convirtiendo cada crisis (incluido el reciente y turbio escándalo de presunto acoso en Móstoles) en un campo de batalla contra el sistema. Para el análisis político, esta no es una mera discrepancia de estilo, sino una colisión de dos cosmologías opuestas sobre cómo se debe ejercer la oposición y la gobernanza en la era de la posverdad.

El triunfo del "Ayusismo"

En la actual coyuntura española, marcada por una polarización afectiva que divide al electorado en bloques irreconciliables, Isabel Díaz Ayuso está ganando la batalla cultural y demoscópica frente a los barones moderados del partido. Los datos de 2026 son reveladores: la presidenta madrileña no solo es la líder mejor valorada entre los votantes del PP (superando por goleada la nota de Feijóo), sino que ha logrado una transversalidad por la derecha que el líder nacional solo puede soñar. Ayuso es, hoy por hoy, la dirigente popular preferida para el electorado de Vox, actuando como el dique de contención más eficaz contra la fuga de votos hacia la extrema derecha.

Este éxito plantea un desafío directo a la estrategia de Juanma Moreno Bonilla en Andalucía. Mientras el presidente andaluz cultiva el "voto prestado" de la izquierda y el centro-derecha mediante un perfil bajo y una gestión desideologizada, Ayuso demuestra que, en el ecosistema digital de 2026, la confrontación ideológica abierta genera una lealtad mucho más resiliente. Para el votante conservador, Moreno Bonilla representa la gestión, pero Ayuso representa la resistencia a Sánchez. En una España donde la política se vive como un asedio, la "resistencia" madrileña está ganando el relato a la "gestión" andaluza.

Dos modelos frente al escándalo

La respuesta del PP madrileño a las acusaciones de acoso contra el alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, ha puesto en evidencia la gran grieta interna. El enfoque que prefiere Feijóo ha quedado sepultado por la estrategia de la contraofensiva total de Sol. Al descalificar a la denunciante y señalar a los medios como cómplices de una conspiración, Alfonso Serrano, la mano derecha de Ayuso, ha exportado a España la retórica del "Estado profundo".

Esta doctrina genera una fricción constante con la calle Génova, pero los sondeos indican que es precisamente este tono beligerante el que mantiene las cuotas de poder digital del partido. Feijóo observa con preocupación cómo su activo principal es percibido como "tibieza" por una base social que prefiere el martillo político contra Sánchez de Ayuso para negar cualquier acusación que provenga de medios no afines.

Secuestro de la narrativa nacional

Este giro ha provocado una captura de la narrativa del partido. Ayuso ya no es simplemente una presidenta autonómica; es la lideresa de una corriente que obliga a la dirección nacional a reaccionar constantemente a remolque. Esto coloca a Feijóo en una debilidad estructural: si se desmarca de los ataques de Madrid contra la prensa, pierde el apoyo de la base más radicalizada; si los adopta, pierde su capacidad de seducir al votante de centro.

A nivel internacional, esta deriva complica la posición de Feijóo en el Partido Popular Europeo. En Bruselas, la agresividad de la Puerta del Sol contra los organismos de control genera una desconfianza que el líder nacional debe mitigar en cada viaje. El PP se ha convertido en un partido bicefálico que habla idiomas distintos: uno habla el lenguaje del parlamentarismo clásico y el otro el de la guerra cultural.

La hegemonía del relato madrileño

La duda está en qué quedará del PP nacional si el modelo de Madrid termina por conquistar el resto de las estructuras territoriales. La victoria de Ayuso en la batalla interna no es orgánica, sino cultural. Ha logrado convencer a la militancia de que la verdad es secundaria frente al relato de supervivencia política.

Si Feijóo y Moreno Bonilla no logran proponer una alternativa que despierte la misma pasión que la agitación ayusista, el PP corre el riesgo de fragmentarse entre aquellos que creen en las instituciones y aquellos que creen que estas son solo un botín de guerra. El espejo de Mar-a-Lago proyecta una sombra alargada, sugiriendo que, en la España de hoy, la gestión silenciosa ya no basta para ganar la guerra por el alma del conservadurismo.

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