La política rara vez se decide por un solo acontecimiento. Más a menudo, los liderazgos se desgastan de forma gradual, por acumulación de expectativas incumplidas, tensiones internas mal resueltas y cambios en el clima político. Alberto Núñez Feijóo, actual presidente del Partido Popular, llega a 2026 en una posición formalmente sólida pero estratégicamente frágil. Y dentro del propio PP crece la convicción, todavía en voz baja, de que el próximo año puede marcar el final de su liderazgo nacional y la apertura de una nueva etapa encabezada por Isabel Díaz Ayuso.
No se trata de una conspiración ni de un golpe orgánico inminente. Es, más bien, el resultado de una disonancia persistente entre el perfil del líder y las necesidades electorales del partido, en un contexto político cada vez más polarizado y volátil.
Feijóo: liderazgo de transición en un partido que exige confrontación
Feijóo fue elegido como solución de emergencia tras la crisis que acabó con Pablo Casado. Su misión era clara: pacificar el partido, restaurar la autoridad orgánica y reconstruir la credibilidad institucional del PP. En esa tarea ha sido eficaz. Ha ordenado estructuras, reducido el ruido interno y devuelto al partido una imagen de solvencia administrativa.
El problema es que ese perfil de gestor moderado, eficaz en la oposición institucional, encaja mal con un ciclo político dominado por la confrontación emocional, la hiperpolarización y la competencia directa con la extrema derecha. Feijóo ha logrado estabilidad interna, pero no ha conseguido generar un liderazgo ilusionante ni hegemónico en el electorado conservador.
Ganar sin gobernar
El mayor lastre de Feijóo no es interno, sino electoral. Desde las elecciones generales de 2023, el PP ha mostrado una incapacidad estructural para convertir victorias parciales en acceso al poder nacional. El partido gana elecciones, pero no gobierna. Y en política, especialmente en partidos de vocación mayoritaria, la percepción de liderazgo perdedor es letal.
A medida que se acerque 2026, la pregunta dejará de ser si Feijóo es un buen líder de la oposición y pasará a ser si es el candidato adecuado para ganar La Moncloa. Si las encuestas siguen apuntando a bloqueos parlamentarios o a una dependencia excesiva de Vox, el debate interno se volverá inevitable.
Ayuso: poder territorial convertido en proyecto nacional
Frente a Feijóo, Isabel Díaz Ayuso representa exactamente lo contrario. Su liderazgo no se apoya en la moderación, sino en la confrontación ideológica, la claridad discursiva y una capacidad probada para movilizar voto propio y ajeno. Madrid se ha convertido en su laboratorio político y en su principal aval.
En las tripas del PP, en conversaciones privadas y extraoficiales no se cortan y afirman que Ayuso no solo gana elecciones, marca agenda, condiciona el debate nacional y ejerce una influencia simbólica sobre amplios sectores del electorado conservador. Para muchos cuadros del PP, especialmente en territorios donde Vox compite con fuerza, Ayuso, para una parte cada vez más importante del PP, ofrece una fórmula más eficaz para frenar la fuga de votos por la derecha.
El partido ya solo mira a las encuestas
El PP es un partido disciplinado, pero no ciego. Si 2026 confirma que Feijóo no despega en intención de voto, la lógica interna empujará hacia un relevo. No por deslealtad, sino por supervivencia. Los partidos de poder no suelen esperar a perder otra elección general para cambiar de liderazgo.
Ayuso, además, no necesita precipitarse. Su estrategia ha sido la de la espera activa: acumular poder territorial, evitar confrontaciones directas y dejar que el desgaste haga su trabajo. Si el relevo llega, llegará envuelto en una narrativa de “inevitabilidad”, no de ruptura.
El contexto político favorece el giro
El clima político que se perfila para 2026 favorece perfiles como el de Ayuso. Fatiga institucional, desafección ciudadana, polarización ideológica y una izquierda en permanente tensión interna configuran un escenario donde el liderazgo trumpista resulta más rentable que el tecnocrático.
Feijóo, con su estilo prudente y su retórica de consenso, no se encuentra cómodo en el terreno de la confrontación constante y corre el riesgo de aparecer como un líder del ciclo anterior, más adecuado para tiempos de estabilidad que para una política dominada por el conflicto permanente.
El dilema final del PP
La cuestión de fondo no es personal, sino estratégica porque hay que desentrañar si el PP quiere ganar desde el centro o conquistar el poder desde la derecha más reaccionaria y populista. Feijóo encarna la primera opción. Ayuso, la segunda.
Si 2026 confirma que el centro no basta para desalojar al PSOE del poder, el partido tendrá que elegir. Y en esa elección, Isabel Díaz Ayuso parte con una ventaja clara: conecta mejor con el momento de polarización, con el electorado movilizado hacia la extrema derecha y el antisanchismo ultraconservador y con una militancia que empieza a perder la paciencia.
El final del ciclo de Feijóo no sería abrupto ni traumático. Sería, como ocurre tantas veces en política, el resultado lógico de un desajuste entre liderazgo y contexto. Y 2026 puede ser el año en que el Partido Popular decida que ha llegado el momento de cambiar no solo de candidato, sino de estrategia.