La semana pasada, antes de su viaje a los Estados Unidos, Isabel Díaz Ayuso afirmó que "ojalá que no nos abriguemos, desde luego, en discursos cobardes y bienquedas mientras miramos para otro lado, porque hoy muchos hombres, mujeres y niños están siendo torturados en numerosos rincones del mundo y se les están negando los derechos más básicos, como le ocurre al pueblo de Irán también. Por ser cristianos, por ser mujeres, por ser homosexuales, por ser de una determinada raza, por tener alguna discapacidad". Estas palabras iban dirigidas al régimen de Irán. Sin embargo, Ayuso no ha hecho mención a la persecución y asesinato de cristianos por parte de Israel.
En el debate político europeo sobre Oriente Próximo, las posiciones suelen dividirse entre críticas a la estrategia militar israelí y una defensa cerrada del Estado hebreo como aliado estratégico de Occidente. En España, una de las voces más firmes de esta segunda posición es la de Isabel Díaz Ayuso. Sin embargo, el endurecimiento del conflicto en el sur del Líbano y los recientes ataques contra zonas de población cristiana han abierto un debate incómodo: hasta qué punto el discurso de Ayuso está ignorando o minimizando las agresiones que afectan también a comunidades cristianas en la región.
El episodio que ha sacudido a la pequeña comunidad cristiana del sur libanés gira en torno al asesinato del sacerdote maronita Pierre al-Rai durante un ataque de las fuerzas militares de Israel cerca de la localidad de Qlayaa. El incidente provocó una oleada de temor entre los habitantes cristianos de la zona y aceleró el éxodo de familias que durante años habían intentado mantenerse al margen del conflicto entre Israel y el movimiento chií Hezbollah.
Mientras el conflicto vuelve a escalar en la frontera meridional libanesa, el contraste entre la realidad sobre el terreno y el discurso político en Europa se vuelve cada vez más evidente.
Israel no distingue comunidades
En la ciudad portuaria de Tiro, uno de los enclaves históricos del cristianismo libanés, la presencia cristiana se ha ido reduciendo progresivamente. Los barrios donde aún residen familias cristianas se identifican por su iconografía religiosa: estatuas de la Virgen, imágenes de santos y pequeñas urnas devocionales en las fachadas. Pero esas señales de identidad conviven ahora con el ruido constante de la guerra.
Muchos residentes sostienen que el supuesto equilibrio que durante décadas permitió a las comunidades cristianas mantenerse al margen de los enfrentamientos se ha quebrado. Durante años existió la percepción de que Israel diferenciaba entre las milicias de Hezbollah y las poblaciones cristianas locales. Sin embargo, los últimos ataques han puesto en duda esa creencia.
La muerte de Pierre al-Rai se ha convertido en símbolo de esa ruptura. Testigos locales aseguran que el sacerdote acudió a asistir a heridos tras un primer impacto de proyectil cuando un nuevo ataque alcanzó el lugar donde se encontraban las ambulancias. El resultado fue devastador para la moral de las pequeñas comunidades cristianas de la región.
En localidades como Alma al-Shaab o Rmeich, poblaciones tradicionalmente cristianas situadas cerca de la frontera israelí, decenas de familias abandonaron sus hogares escoltadas por fuerzas internacionales de paz.
Los cristianos huyen de la crueldad de Israel
La comunidad cristiana del sur libanés ha vivido durante décadas atrapada entre fuerzas mucho mayores que ella: por un lado, el poder militar de Hezbollah; por otro, la presión constante del ejército israelí en la frontera. El nuevo ciclo de violencia ha intensificado esa sensación de vulnerabilidad.
En pueblos como Qlayaa o Rmeich, muchos residentes temen que el conflicto evolucione hacia una ocupación más amplia del sur del país o hacia una campaña militar indiscriminada contra cualquier área considerada zona de influencia de Hezbollah.
Para los cristianos locales, el problema es que la guerra no distingue entre afiliaciones religiosas ni entre combatientes y civiles. “A Israel le da igual si eres cristiano o musulmán”, lamentaba un residente de Tiro tras los últimos bombardeos. Ese sentimiento de abandono se ha intensificado con la huida de numerosas familias hacia el interior del país.
El discurso de Ayuso
Mientras estas escenas se desarrollan en el sur del Líbano, el debate político europeo sobre el conflicto continúa dominado por narrativas estratégicas más amplias.
En España, la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso se ha posicionado repetidamente como una de las defensoras más firmes de Israel dentro del panorama político nacional. Sus intervenciones públicas han enfatizado el derecho del Estado israelí a defenderse frente a organizaciones como Hezbollah o Hamas.
Sin embargo, ese marco discursivo ha evitado abordar un aspecto incómodo del conflicto: los daños colaterales que afectan también a minorías cristianas históricamente presentes en el Levante. El contraste es particularmente llamativo porque el discurso político europeo suele presentar la defensa de las comunidades cristianas de Oriente Próximo como una prioridad cultural y civilizatoria. Pero en el caso del sur del Líbano, la narrativa dominante se centra casi exclusivamente en la lucha contra las milicias chiíes y en la seguridad israelí.
El Vaticano rompe su silencio
La dimensión religiosa del episodio fue subrayada incluso por el Vaticano. El papa León XIV expresó públicamente su pesar por la muerte del sacerdote maronita y por las víctimas cristianas de los bombardeos de Israel. El gesto reflejó la preocupación creciente dentro de la Iglesia católica por el deterioro de la situación de las comunidades cristianas en Oriente Próximo, muchas de las cuales ya se encuentran en franco declive demográfico.
En el caso del Líbano, país históricamente plural donde los cristianos han tenido un peso político considerable, el debilitamiento de estas comunidades tiene implicaciones profundas para el equilibrio interno del Estado. Todo ello por no citar la persecución que sufren los cristianos en territorio israelí por parte de comunidades ultrasionistas y ultraortodoxas que, por cierto, están representadas en el gobierno de Netanyahu. De esto, Ayuso no habla.
Ayuso y el blanqueo estratégico
El episodio revela una contradicción en la política occidental hacia Oriente Próximo. Mientras los gobiernos y líderes europeos insisten en la defensa de las minorías religiosas perseguidas en la región, el relato político tiende a blanquear los episodios que contradicen la narrativa dominante de aliados y adversarios.
El asesinato de un sacerdote cristiano por el Ejército de Israel es precisamente uno de esos casos incómodos. Para figuras políticas como Ayuso, cuya estrategia discursiva se basa en presentar a Israel como bastión de Occidente frente al islamismo radical, reconocer estos episodios supondría introducir matices en un relato cuidadosamente construido.
Mientras tanto, en los pueblos cristianos del sur del Líbano, Ayuso es un ente que parece lejano. Allí la realidad es más simple y más brutal: una guerra que vuelve a vaciar pueblos enteros y que amenaza con borrar uno de los últimos enclaves cristianos históricos de la frontera libanesa.