Artemis II: la gran misión lunar envuelta en exageraciones que no resisten un análisis serio

La ciencia real es importante, pero muchos titulares están contando otra cosa

06 de Abril de 2026
Actualizado a las 15:21h
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Lanzamiento del Artemis II. Imágenes captadas por las cámaras remotas de la NASA
Lanzamiento del Artemis II. Imágenes captadas por las cámaras remotas de la NASA

No va a alunizar, no es la primera vez que seres humanos rodean la Luna y tampoco inaugura el viaje humano al espacio profundo, pero sí prueba una nueva arquitectura tecnológica y muestra hasta qué punto la propaganda, la geopolítica y el espectáculo están distorsionando su verdadero valor científico

Lanzamiento del Artemis II captadas por las cámaras remotas de la NASA
Lanzamiento del Artemis II captadas por las cámaras remotas de la NASA

Artemis II está siendo presentada en muchos lugares como si fuera una reedición de las grandes gestas lunares del siglo XX. El problema es que esa forma de contarla mezcla datos ciertos, atajos periodísticos y afirmaciones directamente imprecisas hasta construir una imagen deformada de lo que la misión es en realidad. Y la realidad, bien contada, no necesita inflarse: Artemis II no va a llevar astronautas a pisar la Luna, no es la primera misión humana que la rodea y no descubre de golpe un territorio jamás visitado por ojos humanos. Lo que sí hace es otra cosa, menos cinematográfica pero científicamente importante: comprobar con tripulación a bordo si el sistema SLS-Orion funciona de verdad como vehículo de exploración humana más allá de la órbita baja terrestre.

Artemis II trayectoria
Artemis II trayectoria

La propia NASA define Artemis II como un vuelo lunar tripulado de sobrevuelo y como la primera misión con astronautas del cohete SLS y la nave Orion. Su duración prevista ronda los diez días. El perfil de la misión no incluye alunizaje: despega, sale de la órbita terrestre, realiza una trayectoria de libre retorno alrededor de la Luna y regresa a la Tierra. Esa es la descripción técnica básica. Todo lo demás, si no se explica con precisión, pertenece más al terreno del relato que al de la ingeniería.

La primera exageración

Por eso conviene empezar por desmontar la primera exageración. Artemis II no es “la primera misión tripulada a la Luna”. Tampoco será la primera en rodearla ni la primera en volar por su cara oculta. Eso ocurrió hace más de medio siglo. Así que cuando algunos titulares hablan de “regreso de la humanidad a la Luna” están usando una fórmula periodística comprensible, pero cuando dejan caer que estamos ante algo nunca visto antes, se apartan de la historia real de la exploración espacial.

Artemis II mapa de la misión
Artemis II mapa de la misión

La segunda exageración

El segundo punto delicado es el famoso “récord”. Aquí sí hay una base factual, pero a menudo se comunica mal. NASA ha explicado que la misión puede alcanzar unas 252.757 millas de distancia respecto a la Tierra, unas 4.102 millas más que el récord humano anterior, fijado por Apollo 13. Es decir, lo correcto no es decir que “serán los primeros humanos que han viajado tan lejos” sin más, sino que podrían convertirse en los humanos que más lejos han estado de la Tierra. El matiz es decisivo. No significa que no hubiera antes vuelos lunares, sino que esta trayectoria concreta ampliaría la distancia máxima radial respecto a nuestro planeta.

La tercera exageración

También se ha repetido mucho otra idea engañosa: que Artemis II permitirá ver “por primera vez” la cara oculta de la Luna. Formulada así, esa afirmación es falsa. Los astronautas del programa Apolo ya vieron la cara oculta. Lo que sí puede sostenerse, y varios textos serios lo precisan mejor, es que esta misión permitirá contemplar regiones enteras o determinadas estructuras desde una perspectiva distinta, más alejada y panorámica, incluida la cuenca de Orientale o partes muy extensas del hemisferio oculto.

La razón de fondo por la que Artemis II importa científicamente no está, por tanto, en una supuesta primicia absoluta sobre la Luna, sino en la validación de un sistema nuevo. Artemis I, en 2022, ya había probado Orion sin tripulación. Artemis II añade la variable decisiva: seres humanos a bordo operando una misión de espacio profundo durante varios días, fuera de la órbita baja y de nuevo más allá de la protección principal de la magnetosfera terrestre. Eso obliga a verificar soporte vital, comunicaciones, procedimientos de emergencia, carga de trabajo de la tripulación, maniobras, navegación, reentrada a gran velocidad y comportamiento del vehículo en condiciones reales. Ese es el núcleo técnico del vuelo.

Artemis II y la ciencia

Además, sí hay ciencia a bordo, aunque no en el sentido espectacular que a veces se vende. NASA lleva el experimento AVATAR, basado en organ chips, pequeños sistemas biológicos que permiten estudiar cómo afectan la microgravedad y la radiación del espacio profundo a tejidos humanos. La idea no es menor: comprender mejor los riesgos de salud en misiones más largas, incluidas las futuras estancias lunares y los viajes hacia Marte. Junto a eso, la agencia ha incorporado por primera vez science officers específicos para Artemis II, integrando observación geológica y trabajo científico en tiempo real desde el control de misión. No es una revolución comparable al despliegue de grandes instrumentos sobre la superficie lunar, pero tampoco es un simple paseo propagandístico.

La dimensión internacional también es real. Orion no es un producto exclusivamente estadounidense. El European Service Module de la ESA es una pieza central del sistema: suministra electricidad, agua, oxígeno, nitrógeno, control térmico y propulsión. ESA subraya que sin ese módulo europeo la nave no podría cumplir su misión. Esto es relevante porque desmonta otra caricatura frecuente: la idea de que todo el programa es una simple reedición nostálgica de Apolo maquillada con marketing. Hay herencias tecnológicas del pasado, sí, pero también hay integración industrial y operativa contemporánea entre varias agencias.

Heredera del transbordador espacial

Ahora bien, esa matización no obliga a aceptar la narrativa heroica sin crítica. Una parte importante del cohete SLS reutiliza o adapta tecnología heredada del transbordador espacial, especialmente los motores RS-25 y la tradición de los impulsores sólidos. Esto no es una conspiración ni una prueba de fraude: la propia Oficina del Inspector General de la NASA lo explica sin rodeos. El problema no es usar herencia Shuttle, sino presentar ese sistema como si encarnara una ruptura total con el pasado, cuando en realidad se apoya en hardware adaptado, muy costoso y de limitada reutilización frente a la nueva generación de lanzadores comerciales. Reuters ha recordado además que el SLS sigue bajo escrutinio por sus costes multimillonarios por lanzamiento y por pertenecer a un modelo industrial más clásico y menos reutilizable que el de otros competidores del sector.

Artemis II propulsión
Artemis II propulsión

Una operación de legitimación política,

Y ahí aparece una de las claves sociales de la grandilocuencia. Artemis II no solo es una misión espacial: es también una operación de legitimación política, industrial y cultural. NASA necesita demostrar que su arquitectura lunar funciona tras años de retrasos, sobrecostes y críticas. Estados Unidos quiere escenificar liderazgo en un contexto de competencia estratégica con China. Los contratistas tradicionales necesitan justificar el modelo SLS-Orion. Y los medios, atrapados en la economía del clic y de la emoción instantánea, prefieren hablar de “hazaña histórica” antes que de “validación operativa de sistemas de exploración humana cislunar”. El resultado es previsible: cuanto más compleja y técnica es una misión, más se simplifica hasta convertirla en un mito fácil de consumir.

También pesa el simbolismo humano. La misión tiene hitos sociales genuinos: Christina Koch sería la primera mujer en una misión lunar de este tipo, Victor Glover el primer astronauta negro en este marco cislunar y Jeremy Hansen el primer canadiense en volar hacia la Luna. Son datos ciertos y relevantes. Pero incluso esos logros, plenamente legítimos, a veces se insertan dentro de una narrativa que empuja al lector a creer que todo lo demás también es enteramente inédito. No lo es. Lo nuevo en Artemis II no es haber inventado de la nada el viaje lunar humano, sino reabrirlo con otra generación, otro contexto geopolítico y otra arquitectura tecnológica.

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