Ana Belén Vázquez, de Filomena al gas pimienta sin bajarse del escaño

La diputada del PP por Ourense acumula ocho legislaturas, una larga colección de rifirrafes con Marlaska y una creciente afición al atrezo parlamentario que esta vez terminó con su salida del hemiciclo, dependencias acordonadas y doce personas atendidas

25 de Septiembre de 2026
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Ana Belén Vázquez en el Congreso

Hay diputados que llevan gráficos al Congreso, otros enseñan fotografías, recortes de periódico o documentos con cifras convenientemente subrayadas y luego está Ana Belén Vázquez, que después de ocho legislaturas parece empeñada en explorar territorios menos transitados del parlamentarismo español. En febrero apareció en el hemiciclo con una baliza V16 encendida y este miércoles decidió subir la apuesta con un espray de gas pimienta, un objeto que debía servir para ilustrar su discurso sobre la inseguridad en Ceuta y que terminó convirtiéndose, para desgracia del propio PP, en el protagonista absoluto de la jornada.

La diputada popular por Ourense levantó el bote desde su escaño durante una pregunta al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y lo presentó como una muestra del «material escolar básico» que, según sostuvo, llevan niños y mujeres en Ceuta para protegerse. Francina Armengol consideró que estaba exhibiendo un arma, le ordenó abandonar el hemiciclo y Vázquez, después de protestar y discutir la decisión de la presidenta, terminó saliendo entre los aplausos de los diputados de su grupo.

La historia podía haber terminado con esa escena, suficientemente llamativa por sí sola, pero el bote todavía tenía reservado un segundo acto. Vázquez aseguró posteriormente que estaba vacío y negó que existiese peligro alguno, hasta que un trabajador del PP que lo manipuló reconoció que lo había accionado cuando trataba de limpiarlo y descubrió de la forma menos conveniente posible que todavía quedaba producto en su interior. El resultado fue bastante menos metafórico que el discurso parlamentario: varias dependencias tuvieron que ser acordonadas y doce personas recibieron asistencia médica.

Lo sucedido podría despacharse como una anécdota particularmente desafortunada si no encajase tan bien en una trayectoria parlamentaria en la que Vázquez ha ido construyendo un estilo propio, especialmente en sus enfrentamientos con Marlaska, donde la distancia entre una pregunta y una bronca acostumbra a reducirse considerablemente.

Nueve minutos buscando a Filomena

Para comprobarlo no hace falta recurrir a la memoria selectiva de sus adversarios ni rebuscar entre tertulias televisivas. Basta con abrir el Diario de Sesiones del Congreso del 19 de febrero de 2021, cuando Marlaska compareció en la Comisión de Interior para informar sobre la actuación de su departamento durante la borrasca Filomena, que era, al menos sobre el papel, el asunto que debía ocupar la sesión.

Llegado su turno, Vázquez comenzó preguntando al ministro si sabía «lo que es cobardía» y desde ahí emprendió un recorrido en el que fueron apareciendo Pablo Echenique, Pablo Iglesias, Quim Torra, las protestas por Pablo Hasél, Podemos, los disturbios callejeros y hasta el «trumpismo», todo ello antes de que Filomena consiguiese abrirse paso en una intervención convocada precisamente para hablar de Filomena.

La presidenta de la comisión acabó interrumpiéndola para recordarle que llevaba buena parte de su tiempo sin acercarse siquiera al asunto que justificaba la comparecencia. «Desde el minuto uno, ahora mismo le quedan nueve minutos de tiempo, no ha hablado en ningún momento de Filomena», le advirtió. Vázquez continuó, recibió una segunda llamada a la cuestión y, cuando finalmente la borrasca consiguió aparecer, todavía quedó espacio para espetarle a Marlaska que no sabía si volvía «a estar usted en Chueca, como estos tres días pasados». Todo ello quedó recogido literalmente en el Diario de Sesiones.

Aquella intervención permite entender bastante bien un estilo que con el paso de los años se ha ido perfeccionando, partir del asunto sometido a debate, recorrer unos cuantos kilómetros políticos y regresar, cuando se regresa, con una frase suficientemente contundente para convertirse en titular.

Marlaska como antagonista estable

Ana Belén Vázquez no es precisamente una recién llegada que todavía esté aprendiendo los códigos de la Carrera de San Jerónimo. Nacida en Bande en 1975, licenciada en Derecho, funcionaria y exalcaldesa de su municipio, su trayectoria alcanza ocho legislaturas en el Congreso, donde se ha especializado en Interior hasta convertir sus enfrentamientos con Fernando Grande-Marlaska en uno de los elementos más reconocibles de su actividad parlamentaria.

El ministro ha ido acumulando de boca de la diputada ourensana una colección de calificativos que resulta difícil condensar. En junio de 2024 lo llamó «becario del independentismo y de los herederos de ETA» y «pseudoministro», expresiones que no proceden de la reconstrucción de un periódico especialmente hostil con el PP, sino de la propia página nacional del partido, que utilizó las palabras de Vázquez para titular su intervención.

Un año después, durante la comparecencia de Marlaska por los incendios del verano, llegó otra frase diseñada con evidente eficacia para sobrevivir al resto del discurso: «España estaba en llamas y ustedes, en chanclas». La fórmula volvió a encontrar acomodo inmediato en la comunicación oficial del PP y confirmó una habilidad que Vázquez ha ido cultivando con los años, la de condensar debates complejos en una imagen suficientemente rotunda para circular después por televisiones y redes sociales.

En abril de este año calificó al ministro de «mercenario político» y en mayo le aseguró que no tenía «ni dolor ni rabia», sino «cobardía e incompetencia», hasta llegar al pasado 9 de septiembre, cuando decidió prescindir de intermediarios para definir su papel y se presentó ante Marlaska señalándose a sí misma con un expresivo «Aquí, su azote». A esas alturas, después de años de enfrentamientos, la relación parlamentaria entre ambos necesitaba ya pocas presentaciones.

Del discurso al atrezo

La evolución más curiosa de este repertorio llegó cuando las palabras comenzaron a compartir protagonismo con los objetos. El pasado febrero Vázquez acudió a la sesión de control con una baliza V16 encendida, que exhibió desde su escaño mientras atacaba la gestión del Ministerio del Interior y auguraba que la polémica en torno a estos dispositivos terminaría convertida en «el nuevo caso Koldo del PSOE».

El miércoles llegó el espray y, con él, una puesta en escena bastante más difícil de controlar. «¿Saben lo que es esto?», preguntó antes de levantar el bote y utilizarlo como símbolo de la situación que, según su relato, viven las mujeres en Ceuta. Armengol la llamó al orden y ordenó su salida del hemiciclo, decisión que Vázquez no encajó precisamente con discreción, ya que posteriormente calificó a la presidenta del Congreso de «hooligan del Gobierno» y defendió que el objeto que había mostrado no era un arma.

Alberto Núñez Feijóo salió públicamente en defensa de su diputada y consideró un «disparate» la actuación de Armengol, pero dentro del propio grupo popular la valoración fue bastante menos entusiasta cuando el incidente empezó a crecer y terminó eclipsando el mensaje que el partido pretendía trasladar sobre Ceuta. Algunos diputados reconocieron que la escena había sido un error porque había conseguido exactamente lo contrario de lo que buscaba el PP, en lugar de hablarse de inmigración, seguridad o de la gestión de Marlaska, la conversación pública quedó atrapada en un bote de gas pimienta y en las consecuencias de haberlo llevado al Congreso.

La ironía final llegó cuando el espray, presentado inicialmente como simple recurso visual y descrito después como un recipiente vacío, acabó provocando una situación real dentro de las dependencias parlamentarias. Un trabajador del PP reconoció haberlo accionado accidentalmente después de recibirlo para limpiarlo, varias zonas tuvieron que ser acordonadas y doce personas necesitaron asistencia, de modo que el atrezo terminó adquiriendo bastante más protagonismo del que probablemente figuraba en el guion inicial.

El espectáculo terminó comiéndose el mensaje

Sería fácil reducir la trayectoria de Ana Belén Vázquez a una sucesión de exabruptos, pero hacerlo impediría ver un fenómeno político bastante más interesante que la personalidad de una diputada concreta. Sus intervenciones muestran hasta qué punto una parte del debate parlamentario ha ido incorporando la lógica del corte viral, en la que ya no basta con discutir una política pública, fiscalizar a un ministro o confrontar datos, sino que resulta cada vez más rentable producir una frase, una imagen o una escena capaz de sobrevivir por sí sola fuera del Congreso.

Una intervención de varios minutos sobre la gestión de los incendios puede desaparecer al terminar la sesión, pero «España estaba en llamas y ustedes, en chanclas» tiene recorrido propio; una discusión técnica sobre las balizas V16 difícilmente conquistará las redes sociales, pero una diputada sosteniendo una encendida desde su escaño ofrece inmediatamente una fotografía; y una interpelación sobre la situación de Ceuta exige contexto, cifras y explicaciones, en tanto que un bote de gas pimienta levantado en mitad del hemiciclo garantiza el vídeo antes incluso de que termine la intervención.

El problema aparece cuando la puesta en escena adquiere tal fuerza que termina devorando el argumento que pretendía reforzar, y eso fue precisamente lo que le ocurrió esta vez al PP. La sesión debía servir para aumentar la presión sobre Marlaska por la crisis de Ceuta, pero unas horas después buena parte de la conversación política ya no giraba alrededor de Ceuta, la inmigración o la gestión del Ministerio del Interior, sino de Ana Belén Vázquez, un bote que supuestamente estaba vacío, varias dependencias acordonadas y doce personas atendidas.

Después de años presentándose como uno de los principales azotes parlamentarios de Marlaska, Vázquez consiguió así algo que probablemente no estaba entre sus objetivos, quitarle por completo el protagonismo al ministro al que pretendía poner contra las cuerdas.

Quizá por eso aquel lejano episodio de Filomena resulta ahora tan apropiado para recorrer su trayectoria. En 2021 hicieron falta varias llamadas al orden para conseguir que una comparecencia convocada por una borrasca volviese a hablar de la borrasca; cinco años después, una pregunta sobre Ceuta acabó obligando a hablar durante horas de un espray de pimienta.

Ocho legislaturas separan ambas escenas y, entre una y otra, Ana Belén Vázquez ha demostrado que para abandonar el asunto del día ni siquiera hace falta bajarse del escaño.

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