El 2026 se abre con oscuras amenazas para la paz mundial

Putin despliega sus misiles hipersónicos a pocos días para finalizar el 2025, toda una advertencia a Occidente, mientras Trump da serias muestras de incapacidad para resolver conflictos internacionales

31 de Diciembre de 2025
Actualizado el 08 de enero de 2026
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Putin y Trump inauguran histórica cumbre en Alaska bajo la sombra de Ucrania. Imagen de archivo
Trump y Putin en una imagen de archivo.

El anuncio del Ministerio de Defensa ruso sobre la entrada en servicio del sistema de misiles balísticos Oréshnik en Bielorrusia marca uno de los movimientos militares más significativos de Moscú desde la retirada del Tratado de No Proliferación en 2019. Las primeras imágenes difundidas muestran vehículos móviles transportando los misiles a través de zonas boscosas durante maniobras, confirmando que el sistema ya está operativo en territorio bielorruso. Este movimiento de tropas anticipa el escenario convulso internacional que se puede vivir a lo largo de 2026. Putin ha amenazado la paz global. Dice estar dispuesto a todo para defender sus ansias expansionistas, que van más allá de la invasión de Ucrania. Entre sus planes anexionistas están Moldavia, las repúblicas bálticas, Polonia, Hungría, Chequia… Todo con tal de devolver el antiguo esplendor de la URSS a la vieja Rusia.

El presidente ruso se está aprovechando de la debilidad de Estados Unidos, liderado por un narcisista iluminado con complejo de inferioridad como Trump que alardea de ser el mesías de la paz en el mundo cuando es exactamente al revés. Cuando sienta a Zelenski en la Casa Blanca o se reúne con Putin, él vive la ficción delirante de que está pacificando Ucrania, pero no es así. La guerra va a peor y el dirigente del Kremlin, mucho más astuto que él, solo está ganando tiempo. Putin no tiene la más mínima intención de firmar un acuerdo con Kiev. Y mientras tanto, Rusia sigue con sus planes para lanzar una nueva ofensiva en suelo europeo, quizá en 2026. Todos los informes de inteligencia de los países occidentales y de la OTAN apuntan en el mismo sentido: el ejército ruso bajo mando del actual presidente es una amenaza real para la estabilidad global.

Así las cosas, el presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, confirmó que los primeros sistemas de misiles llegaron el 17 de diciembre y que podrían estacionarse hasta 10 unidades en el país. Este despliegue forma parte de la creciente integración militar entre Moscú y Minsk, que ya habían ensayado su uso durante las maniobras estratégicas Západ‑2025.

La ubicación exacta no ha sido revelada oficialmente, pero analistas han identificado un antiguo aeródromo cercano a la frontera rusa como posible emplazamiento inicial, coherente con la estrategia rusa de dispersión y movilidad para dificultar la detección. Aunque Rusia lo presenta como un sistema “hipersónico” y “no interceptable”, los expertos occidentales consideran que el Oréshnik es en realidad una variante del RS‑26 Rubezh, un misil balístico intermedio derivado del RS‑24 Yars al que se le ha eliminado una etapa de refuerzo.

Rusia afirma que el misil viaja a más de 10 veces la velocidad del sonido, lo que lo haría extremadamente difícil de interceptar. Sin embargo, analistas occidentales creen que se trata de tecnología antigua reempaquetada, presentada como “superarma” para fines propagandísticos. Con un alcance de hasta 5.000 kilómetros, el Oréshnik puede golpear objetivos en Alemania, Francia, Italia, España o Reino Unido.

Donald Trump recibió a Volodímir Zelenski en Florida, afirmando que Moscú y Kiev están “más cerca que nunca” de un acuerdo. Pero las diferencias siguen siendo profundas: Donbás, Zaporiyia y el estatus territorial siguen bloqueando cualquier avance. El despliegue del Oréshnik puede interpretarse como una herramienta de presión de Moscú para influir en las negociaciones antes de fin de año, pero el jefe del Estado Mayor, Valery Gerasimov, aseguró que una brigada ya estaba equipada en 2025.

El año 2026 se perfila como uno de los más inestables de la última década. Los análisis internacionales coinciden en que entramos en una etapa de “policrisis”, donde múltiples riesgos se combinan y se refuerzan entre sí. Habrá tensiones geopolíticas y rivalidad entre grandes potencias. La guerra en Ucrania continúa sin un acuerdo claro. Rusia intensificará su presión militar y nuclear, y redefinará su estrategia de seguridad. El despliegue de nuevos sistemas de misiles y la cooperación militar con Bielorrusia elevan el riesgo de escalada. La política exterior estadounidense se volverá más transaccional y menos predecible. El “trumpismo” impulsará una mayor coerción económica y tecnológica, afectando alianzas y cadenas de suministro globales. Las tensiones en Taiwán y el mar de China Meridional perjudicarán aún más el ya frágil equilibrio de fuerzas entre bloques. Y aunque la UE intentará reforzar su autonomía estratégica en un entorno de creciente presión militar, energética y tecnológica, las expectativas son preocupantes.

La ciberseguridad es la principal amenaza para 2026 según el informe Risk in Focus. Los ataques son cada vez más sofisticados gracias a la inteligencia artificial. Aumentan los ciberataques a infraestructuras críticas (energía, transporte, sanidad). La desinformación se consolida como arma geopolítica. Los riesgos climáticos ya no son eventos aislados, sino parte de un sistema interconectado de emergencias globales. Inundaciones, incendios y sequías extremas. Y luego están las migraciones climáticas. El impacto en la seguridad alimentaria y energética. Un mundo cada vez más inquietante.

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