La UE recomienda a España que invierta más en Sanidad para prevenir y afrontar nuevas epidemias

21 de Mayo de 2020
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La pandemia ha puesto a los españoles ante la cruda realidad de que no tenían la mejor sanidad pública del mundo, como les habían hecho creer sus políticos durante años. Las privatizaciones a destajo en las comunidades autónomas gobernadas por el PP, los recortes en recursos humanos y materiales, la precarización laboral del personal médico y de enfermería y la escasa inversión en investigación y desarrollo en el sector sanitario terminaron por darle la puntilla definitiva a un sistema público de Sanidad que si fue punta de lanza mundial algún día debió ser en un remoto momento del pasado.

La ficción de que todo lo españoles lo mejor, esa arrogancia chovinista que no se correspondía con los datosoficiales, se ha roto en mil añicos en cuanto ha llegado una epidemia degrandes proporciones como el covid-19.Hoy puede decirse que nuestra supuesta FlotaInvencible de hospitales y ambulatorios fue completamente barrida en lasprimeras semanas de batalla contra el bichode Wuhan. Sin duda, el agente patógeno ha puesto al descubierto loscosturones de nuestro sistema sanitario. No solo no estábamos preparados parahacer frente a una amenaza vírica de tales dimensiones, sino que ni siquierahemos podido responder con eficacia al desafío fabricando mascarillas,equipación y material adecuado para proteger a nuestro personal clínico y a losmiles de pacientes que iban llegando en condiciones críticas a los hospitales ycentros de salud. Nos ha faltado infraestructura en casi todos los terrenos. 

Ayer, la Comisión Europea volvía a sacar los colores a España al recomendarleque mejore la “capacidad y solidez” de su sistema sanitario después de que lapandemia de covid-19 haya revelado “problemasestructurales” derivados en parte de la falta de inversiones y de “defectos” enla contratación y condiciones laborales de los trabajadores hospitalarios. Laconclusión del informe de la UE resultademoledora, ya que viene a corroborar todo lo que las asociaciones y sindicatosde médicos, enfermeros y pacientes habían estado denunciando en los últimosdiez años. Cuando las Mareas Blancassalían a manifestarse en 2012 contra los recortes de Mariano Rajoy, cuando miles de profesionales y usuarios gritabandesesperadamente aquello de la “Sanidad pública no se toca”, no estabanhaciendo política partidista ni presión callejera para ganar más dinero.Estaban simplemente denunciando una situación; estaban lanzando un aviso a lasociedad española para que fuera consciente de que más tarde o más temprano lasituación terminaría reventando como así ha sido. El covid-19 no es más que eldetonante.

El informe anual sobrerecomendaciones económicas para España que la Unión Europea publicó ayermiércoles está fuertemente marcado por la emergencia sanitaria actual. Enrealidad es un gran tirón de orejas, uno más que viene a sumarse a los que devez en cuando suele darnos Bruselas a cuenta de nuestra deficiente Administración de Justicia. Ahora le hatocado el turno a la Sanidad, otro pilar básico del Estado de Bienestar, de tal forma que queda claro que nuestro país,enfrascado en trifulcas políticas que no llevan a ninguna parte (más que aldesastre), está haciendo muchas cosas mal.

“La pandemia ha revelado problemasexistentes estructurales, algunos de los cuales derivan de algunas deficienciasen inversiones en infraestructuras físicas y defectos en la contratación y lascondiciones laborales del personal sanitario”, constata el informe europeo.Bruselas reconoce en su documento que el sistema sanitario español ha tenido “buenosresultados” en la lucha contra la epidemia a pesar del “bajo nivel de inversiones”en comparación con el resto de socios comunitarios. Un pequeño triunfo que debeanotárselo, sin duda, la abnegada plantilla de sanitarios que se han dejado lapiel, con evidente riesgo de sus vidas, para curar a la mayor cantidad posiblede enfermos.

La crisis sanitaria del coronavirus ha supuesto una “presión sin precedentes” que “ha revelado nuestra vulnerabilidad” ante amenazas de gran envergadura, según el documento de Bruselas. Pero no solo sale mal parada la Administración central, también las administraciones autonómicas, ya que los expertos comunitarios denuncian las “disparidades regionales” en relación con el gasto y los recursos humanos y materiales destinados en cada territorio, así como el hecho de que la coordinación entre los diferentes niveles de Gobierno “no es siempre efectiva”. Es decir, nuestro modelo territorial genera desigualdades y no es la misma Sanidad la que disfruta un navarro que la que tiene un murciano o un castellano manchego. Padecemos el mal de la excesiva burocracia, demasiada estructura administrativa y una insoportable duplicidad de organismos políticos sanitarios que a la hora de la verdad no pueden hacer frente a una epidemia y ni siquiera saben coordinarse. O lo que es lo mismo: la Sanidad pública española es una gran Torre de Babel donde los unos no se entienden con los otros y en cuyos diferentes pisos unos viven mejor que otros. Nos guste o no, en nuestro país hay pacientes de primera y de segunda categoría en función de donde residan y de su nivel económico (ya que la Sanidad privada sigue siendo privilegio de unos pocos).

En consecuencia, según el informede la UE, las “acciones inmediatas” por parte de las autoridades españolasdeben centrarse en “fortalecer las capacidades” para mejorar lasinfraestructuras, las condiciones laborales y la disponibilidad de productos “críticos”con el objetivo de “salvar vidas”. En particular, los servicios europeos ponenel foco en las personas con discapacidady los ancianos que viven en residencias, dos grupos “especialmenteexpuestos” durante la pandemia y cuyo “acceso a cuidados médicos y sociales,incluidos los servicios de cuidados intensivos, necesitan ser garantizados”.

“Después, los esfuerzos deberíanconcentrarse en mejorar la resiliencia del sistema sanitario para que puedarecuperar su rendimiento óptimo lo antes posible y afrontar mejor nuevos golpes”,continúa el texto. El documento cierra el capítulo sobre Sanidad advirtiendo deque será “importante” asegurar que la “probable reducción de los recursos porla crisis económica no afecte a la cobertura sanitaria de la población” y terminederivando en “desigualdades en el acceso al sistema de salud”. En el futuro la Sanidadespañola tendría que “responder mejor al reto demográfico” y en esto “juega unpapel central el desarrollo de la AtenciónPrimaria y la Sanidad electrónica”.En ese punto conviene destacar que en Madrid,sin ir más lejos, el Gobierno de DíazAyuso todavía no ha reforzado su red asistencial primaria de ambulatorios yurgencias, primera línea de combate de cara a un nuevo rebrote que loscientíficos dan por casi seguro en los meses de otoño.

Con todo esto Bruselas nos estádiciendo que tenemos que invertir más en Sanidad pública, redoblar los presupuestossi es necesario, porque el covid-19 no será la última pandemia que suframos.Debemos aprender de los errores. La inmoral imagen de personas agonizando enlos pasillos de los hospitales por falta de manos y asistencia no puede volvera repetirse bajo ningún concepto.

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