Durante casi seis décadas, las criptas de Cuelgamuros han permanecido fuera de la mirada pública. Se conocía su existencia, se conocían las cifras y se sabía que detrás de los muros de las capillas estaban depositados los restos de decenas de miles de personas trasladadas desde distintos puntos de España. Faltaban las imágenes. RTVE ha conseguido entrar allí con una cámara por primera vez y mostrar uno de los espacios más perturbadores de nuestra historia reciente.
El resultado es Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible, el documental con guion de Belén Alonso y realización de Manuel Diéguez que se estrenará el próximo 22 de septiembre en el 74º Festival de San Sebastián y llegará posteriormente a RTVE. La televisión pública asegura ser el primer medio que ha obtenido autorización para filmar unas estancias cerradas desde hace casi sesenta años.
Lo que aparece ante la cámara explica también por qué Cuelgamuros sigue siendo algo bastante más complejo que un monumento heredado de la dictadura. En sus criptas permanecen más de 33.800 víctimas de la Guerra Civil, alrededor de 12.000 sin identificar, trasladadas desde 1959 en más de 11.000 cajas procedentes de fosas y cementerios repartidos por toda España. El Festival de San Sebastián lo define como la mayor fosa común de Europa.
Los restos tampoco se encuentran, como podría imaginar quien haya visitado la basílica, sencillamente enterrados bajo su suelo. Fueron depositados detrás de los muros de las capillas. El tiempo, la humedad y las condiciones del recinto hicieron el resto.
Lo que había detrás de las paredes
El documental ha sido rodado principalmente en la capilla del Santo Sepulcro, donde se concentra el mayor número de víctimas, más de 18.000, y donde se ha instalado el laboratorio en el que trabajan los especialistas. Las condiciones permiten entender la dificultad de la tarea. Son espacios reducidos, sin luz natural, con niveles de humedad que pueden alcanzar el 90% y en los que algunos restos han terminado fuera de las cajas que los contenían.
La degradación es tal que el equipo de RTVE relata la existencia de criptas donde las cajas han dejado paso directamente a acumulaciones de restos óseos. Para poder filmar sin alterar el trabajo científico fue necesario instalar en algunos momentos pequeñas cámaras en los techos.
La crudeza de esas imágenes tiene una explicación histórica que conviene no diluir. Muchos de quienes acabaron allí fueron trasladados a partir de 1959 desde fosas comunes y cementerios de diferentes lugares del país. El propio Festival de San Sebastián recuerda que víctimas de la Guerra Civil fueron llevadas al entonces Valle de los Caídos por decisión del régimen franquista y, en numerosos casos, contra la voluntad de sus familias.
Durante décadas se habló de reconciliación alrededor de un recinto levantado por una dictadura que decidió también dónde debían reposar miles de muertos. La reconciliación, según parece, podía esperar. Las cajas tenían bastante menos capacidad de decisión.
214 nombres entre miles de restos
Desde 2023, un equipo forense trabaja en Cuelgamuros para localizar e identificar a 214 víctimas reclamadas por sus familiares. La dificultad científica llegó a hacer pensar que algunas recuperaciones resultarían prácticamente imposibles, pero la localización de las primeras cajas permitió avanzar en unos trabajos extraordinariamente complejos.
Ese proceso constituye el centro del documental. No se trata únicamente de entrar donde hasta ahora no había entrado una televisión, sino de observar cómo arqueólogos, médicos forenses y otros especialistas intentan reconstruir identidades sepultadas durante décadas entre miles de restos.
Y ahí reside probablemente la verdadera dimensión de estas imágenes. La memoria democrática puede convertirse con facilidad en una discusión política abstracta, llena de consignas sobre el pasado, pero detrás de cada identificación existe una familia que lleva décadas esperando recuperar a una persona concreta.
RTVE ha explicado además que la producción recogerá posiciones diferentes entre los propios familiares. Algunos cuestionan los trabajos y acusan al Gobierno de utilizarlos políticamente. Otros reclaman precisamente lo contrario, más medios, mayor rapidez e información sobre unas pruebas de ADN cuyos resultados llevan años esperando.
Esa pluralidad resulta particularmente valiosa porque evita convertir el documental en una reconstrucción complaciente. Cuelgamuros continúa siendo un lugar atravesado por memorias familiares diferentes, pero existe un hecho material que ninguna discusión política puede borrar. Los restos siguen allí.
Una cámara donde antes solo había fotografías
Hasta este rodaje, las imágenes conocidas del interior de las criptas eran fundamentalmente fotografías en blanco y negro tomadas en 1959, coincidiendo con la llegada de las primeras cajas. Ni siquiera el NO-DO, el instrumento propagandístico audiovisual de la dictadura, mostró aquellos traslados.
Que una cámara pueda recorrer ahora esos espacios tiene por eso un significado que desborda el interés documental. Durante décadas España pudo observar la cruz monumental, la basílica excavada en la roca y la arquitectura concebida para representar el poder del régimen. Lo que permanecía fuera de plano eran los muertos colocados detrás de sus paredes.
El estreno en San Sebastián formará parte de la programación especial Jóvenes, cine, memoria y democracia, organizada por el Festival junto al Comisionado para la Celebración de los 50 años de España en Libertad. El programa incluirá también la recuperación de Rocío, el documental de Fernando Ruiz Vergara sobre la represión franquista que fue censurado durante la Transición.
La coincidencia resulta especialmente pertinente en un país donde la memoria de la dictadura continúa entrando periódicamente en la disputa política. Cuelgamuros ofrece algo bastante más difícil de discutir que cualquier consigna. Ofrece pruebas materiales, cajas deterioradas, restos humanos y profesionales intentando poner nombres donde durante demasiado tiempo solo hubo números.
La historia española ha hablado muchísimo del Valle de los Caídos. A partir de septiembre podrá verse también aquello que permanecía detrás de sus muros. Y quizá esa sea la aportación más poderosa del documental de RTVE. No reconstruir el pasado, sino encender una cámara allí donde durante décadas permaneció apagada.
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.